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Somatemps ha nacido y actuado en unos momentos especialmente críticos para la historia de Cataluña y de toda España. Su principal objetivo ha sido la creación de un discurso contra-hegemónico frente al nacionalismo y al secesionismo, pero también ante el hecho de que el discurso que se le oponía, el llamado “constitucionalismo”, era tremendamente pobre e incapaz de ilusionar a nadie.

Desde Somatemps reivindicamos la “catalanidad hispánica”. Esto significa que si profundizamos en las raíces de Cataluña, en su historia, en sus tradiciones, en sus hombres y mujeres, encontraremos Hispanidad. Pero para ellos hay que tener una idea de España y de la Hispanidad engarzada en su historia, y no en planteamientos abstractos o metafísicos. Para nosotros España (y la Hispanidad que es su proyección universal) no es un agregado de individuos “libres e iguales”. España es el resultado de un proceso histórico, que se inicia en unos núcleos de resistencia frente al invasor sarraceno, núcleos que darán lugar a diversos reinos, señoríos y territorios históricos, que se unificaran en la idea imperial de los Reyes Católicos, y que posteriormente se derramará por el Mediterráneo, el Norte de África y, sobretodo, por Hispanoamérica.

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Después de la decadencia de este Imperio, España amanece como Nación en la Guerra de la Independencia, donde el pueblo, abandonado por sus reyes, se enfrenta al ejercito de Napoleón, al que ve no solamente como un invasor territorial, sino como portador de las ideas revolucionarias y jacobinas, contrarias a las creencias de la mayoría de los españoles.

La característica de la Hispanidad ha sido siempre la conjunción de la Unidad y de la Diversidad. El liberalismo centralista y homogeneizador ha sido siempre contrario a las tradiciones políticas hispanas, y contra él pelearon los carlistas a lo largo de más de un siglo. Por eso desde Somatemps reivindicamos la catalanidad (en convergencia con navarristas, valencianistas y otros movimientos parecidos) como camino para llegar a la Hispanidad. Reivindicamos la historia de Cataluña (la auténtica) y la lengua catalana. Esto ha dado lugar a malos entendidos y a críticas, a veces agrias, de algunos sectores “amigos”. Si reivindicamos el catalanismo y usamos la lengua catalana en muchos de nuestros actos no es por “quedar bien”, no es por hacer concesiones al separatismo ni por corrección política, sino porque creemos de verdad en la España una y diversa.

Algunos reducen el problema del separatismo a una cuestión solamente de lengua, como si el conflicto que se ha generado en Cataluña fuera entre catalanohablantes y castellanohablantes, o entre “catalanes viejos” y “catalanes nuevos”. Pero esto es una simplificación de la realidad: catalanes de “soca arrel”, como el que esto firma, militan en el hispanismo, mientras que hay muchos separatistas de castellanísimos apellidos.

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Los que miran con prevención y desconfianza el catalanismo hispánico de Somatemps y su utilización de la lengua catalana son, en el fondo, jacobinos partidarios de una España uniforme, para los cuales la existencia en nuestra Patria de otras lenguas, además del español, es un problema. Para Somatemps no es un problema, sino una riqueza irrenunciable.

El problema empieza cuando algunos quieren usar estas diferencias, esta diversidad, para generar odio y enfrentamiento. El problema empieza cuando algunos “confunden” diversidad con superioridad. El problema empieza cuando algunos quieren utilizar la diversidad como pretexto para exigir privilegios. Entonces es cuando aparece el nacionalismo fraccionario, y este nacionalismo, aunque sea “moderado”, es inaceptable.

Este nacionalismo, supuestamente moderado, ha estado representado en Cataluña por el pujolismo. Ha sido el instrumento político de la oligarquía catalana, cuyo mensaje político al Estado español podía resumirse de la siguiente manera: “Nosotros no queremos irnos de España (pues hacemos buenos negocios con ella) pero como somos “diferentes” (o sea superiores) tenéis que darnos un trato especial: queremos privilegios fiscales, que no os metáis en nada en el gobierno de Cataluña, pero que nos dejéis meter cuchara en el gobierno de España. Además somos la mejor garantía frente al nacionalismo radical y al separatismo”.

Los años en que este nacionalismo “moderado” gobernó Cataluña se fueron incubando el odio a España, la falsificación de la historia, y la colonización de la sociedad civil con una política de subvenciones y de creación de “estómagos agradecidos”. Se creó toda una estructura administrativa basada en el clientelismo y el amiguismo. Esto sin contar la corrupción y el saqueo de las arcas públicas, el cobro de comisiones y la financiación ilegal de ciertos partidos.

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El nacionalismo “moderado” amamanto durante años al separatismo para servirse de él, para utilizarlo como espantajo frente al Estado, para presentarse como el “mal menor”. Gobiernos de PP y del PSOE se dejaron engañar y miraron hacia otro lado, por comodidad, por pereza, por falta de patriotismo y porque necesitaban los votos nacionalistas en el Congreso.

En un momento dado se dan una serie de situaciones que alteran profundamente este panorama. La crisis económica, los recortes sociales (en los que los gobiernos nacionalistas son precursores avanzados), el descontento de amplios sectores de la población generan movimientos que amenazan el control del nacionalismo sobre la sociedad catalana. La oligarquía se siente amenazada (recordemos el intento de asalto al Parlament por manifestantes pro 15-M y al presidente Más huyendo en un helicóptero) y recurre al nacionalismo radical, al separatismo, para no perder el control de la calles. Es el momento estrella de la ANC y de ERC, que han reciclado a antiguos terroristas del Terra Lliure y de EPOCA. Es el momento del “Espanya ens roba” para desviar el descontento social.

Pero el monstruo alimentado durante años de la mano del nacionalismo “moderado” se siente fuerte y quiere comer solo. En el momento en que la CUP (este hibrido entre anarquismo, izquierda divagante y separatismo) veta a Mas como presidente de la Generalitat e impone a su candidato se visualiza que el nacionalismo “moderado” ya ha perdido la batalla.

A partir de aquí empieza el demencial “proces” que nos ha traído hasta aquí.

Frente a este desafío, el Estado español ha respondido con una estrategia legalista, de cerco judicial a los cabecillas separatistas, que no nos parece mal, pero que es a todas luces insuficiente. Por otra parte, los grandes partidos llamados “constitucionalistas” se han aliado en Cataluña para la formación de plataformas cívicas, con la intención de combatir al separatismo en la calle y en los medios de comunicación. Pero su mensaje es blando, incoherente, timorato y acomplejado.

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Los mensajes que lanza este sector van dirigidos únicamente contra la radicalización separatista del nacionalismo, mientras que hacen guiños a un supuesto nacionalismo “moderado”, dando la sensación de que su objetivo político es la vuelta a la situación anterior, es decir al pujolismo, sin querer ver que fue esta situación anterior lo que generó la situación actual. Para este sector existe únicamente el “problema catalán”, que se reduce a la radicalización separatista del nacionalismo. No quieren ver que el problema real es el problema de España.

Cuando se concibe a España únicamente como un agregado de individuos “libres e iguales”, unidos por algo tan banal y débil como un “pacto constitucional”; cuando se habla de España como si esta hubiera aparecido por generación espontánea con la Constitución de 1978; cuando se hace tabula rasa de un pasado milenario, de una historia de grandeza, de decadencia y de intentos de regeneración; cuando parece que no hay otro proyecto político para España que acatar con fidelidad perruna las decisiones económicas del FMI y de la UE y servir como un palmero fiel a la estrategia geopolítica del Imperio Americano, se está evidenciando un grave problema de España, y se está allanando el camino al separatismo, que quiere, lisa y llanamente, la destrucción de España.

Solamente si somos capaces de recuperar el sentido exacto y delicado de la idea de España y de la Hispanidad estaremos en condiciones de derrotar al separatismo de una vez por todas. Estamos a tiempo (en catalán Som a temps).

José Alsina Calvés