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¿Coincidencia?

 

Artículo publicado en el periódico separatista y racista Nosaltres Sols

el 21 de noviembre de 1931.

 

Las causas de nuestro aniquilamiento nacional
Mezcla de sangres

Es esta cuestión que ocupa un lugar nada despreciable en el catálogo psicofisiológico que bosquejamos. Sin querer ofender ni molestar en lo más mínimo a los hombres, hemos de darles principal importancia.

Dejando aparte honrosas y rarísimas excepciones, veremos que el individuo de sangre catalana-castellana (en el más amplio sentido), es híbrido, infecundo, como no puede menos de serlo. Ni es catalán ni español. No aborrecerá a Cataluña, pero tampoco la amará. Ni amará a nuestra bandera, ni dejará de amarla.

Y eso en los dos casos: el de un matrimonio de un catalán con una española, y el de una catalana con un español.

En el primer caso, el hijo, si bien tiene en la sangre algo más de catalán que de español, no será fácilmente catalanista, pues él aprenderá invariablemente la lengua castellana. El niño no huérfano de madre aprende en primer lugar y muchas veces únicamente, la lengua de su madre.

En el segundo caso, si bien el niño sabrá catalán, el imperialismo y el antiliberalismo innato y congénito de su padre perjudicará notablemente su catalanidad. Y como la mujer (culturalmente hablando) está hoy muy inferiormente al hombre, mientras su padre les hablará de España, de los hijos del Cid, de la unidad nacional, etcétera, etc., su madre no podrá contrarrestar estas ideas, toda vez que ella, en el 998 pon 1.000 de los casos, ignorará hasta lo que quiere decir la palabra Cataluña.

Resumiendo: el niño de sangre catalana-castellana, jamás será nacionalista, ni tampoco catalanista. Tendrá dos patrias, que equivale a no tener ninguna.

Soluciones

Primero. Ningún catalán ni ninguna catalana dignos de tal nombre, admitirán unión matrimonial con individuo español o hijo de españoles.

Segundo. En el sentido de catalán consideramos no sólo el de catalán propiamente dicho (catalán estricto, valenciano, baleárico, pituisio, islas Pituisas; argelino y catalán del Rosellón), sino que también el hijo de tierras occitánicas (Cataluña grande, provenzal, de Foix, Lenguadoque, auvernés, bearnés, lemosín, etc., etc.)

Tercero. En el sentido de castellano entenderemos: castellano nuevo, castellano viejo, leonés, extremeño, andaluz, asturiano, murciano y aragonés (se exceptúan las tierras fronterizas a menos de 100 kilómetros) y los nacidos de castellanos en Marruecos, Canarias, Río de Oro, Sahara español, Guinea y otras posesiones españolas o en cualquier país del mundo.

Cuarto. Consideraremos anticatalanas tales uniones, salvo los casos de ser atenuadas por uno o más enlaces anteriores, y como a tales las combatiremos.

Quinto. Declararemos mal catalán al que después de haberle hecho tales reflexiones, efectúe el matrimonio.

Sexto. No olvidaremos que sin una sangre limpia, virgen de cruces sanguíneos, es imposible hacer nada de provecho.

Séptimo. Y no olvidaremos que si Cupido, ciego como es, quisiera herirnos en este sentido, que si el amor es grande, cosa inmensa, y la pérdida una terrible desgracia, Cataluña ha de ser nuestro «amor supremo» y que «ella» está por encima de todo.

Firma. José Genovés Moles.

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