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Fue un éxito. La mera convocatoria de la manifestación, que recorrió Pamplona el sábado 3 de junio en defensa de la bandera de Navarra, fue el muy trabajado corolario del necesario paso al frente de todos aquellos que nos negamos a postrarnos ante unos gobernantes tiránicos que pretenden, desde el poder y la calle, implantar, más o menos aceleradamente, su agenda de la “construcción nacional” que pasa, imperativamente, por Navarra y, especialmente, por sus propios símbolos.
Nuestra enhorabuena a los tres convocantes, Maribel, Ricardo y Patxi, por su iniciativa, su buen hacer, su planificación, su capacidad de acogida y organización, su paciencia ante impertinentes, escapistas y snobs… siempre desde la amabilidad y un espíritu de conciliación. Gracias, muchas gracias. Sois el ejemplo a seguir. Y a quienes se han puesto de medio lado, pues han quedado retratados. Que no vengan después a darnos lecciones de nada.
Tantas jornadas de conversaciones, reuniones, acopio de ideas, consultas a expertos, planificación silenciosa y discreta, captación de voluntades, allanamiento de obstáculos de todo tipo, colocación de carteles y pegatinas a miles… todo ello, finalmente, dio su fruto. Lo que demuestra que un sector del pueblo navarro, al menos el que no ha sido abducido por la secta panvasquista y sus múltiples tentáculos, tiene ganas de mostrar, con orgullo, su rostro, su identidad y defender activamente sus libertades en un proyecto democrático de futuro.
Desde el cuatripartito y sus extensiones mediáticas financiadas desde Guipúzcoa, se han portado indignamente: amenazas y convocatorias de contramanifestaciones, señalamientos inmisericordes de personas muy concretas al más puro estilo chekista, eliminación sistemática de las calles navarras de la propaganda de la manifestación. Hostigamiento a familiares que cometieron el terrible “crimen” de colocar una bandera de Navarra en su balcón…
Había ganas, hubo disciplina, no hubo altercados. Como en toda convocatoria, dejamos la guerra de cifras para los expertos y aprendices de brujo: no nos interesa. Se vio un pueblo unido en torno a su bandera, en su voluntad de supervivencia, en sus ansias de articulación y movilización a tal fin. Con esperanza.
Y no: la manifestación no terminó a las 20 horas del 3 de junio. Pues, como dicen los clásicos de la tercera parte del XX, “la lucha continúa”.
Los organizadores, quienes han sufrido en sus carnes el hostigamiento con las peores artes de los separatistas (las dos páginas dedicadas a Ricardo en Gara, años atrás, hubieran supuesto el “exilio” de su tierra, cuando no algo peor), han cargado con una pesada cruz. El mejor homenaje que podemos hacerles es asumir una parte de sus responsabilidades libre y alegremente afrontadas en el futuro, avanzando en las líneas por ellos marcadas: la lucha cultural que caracteriza a Doble 12 y al propio Patxi Mendiburu, el apoyo cotidiano a las víctimas del terrorismo y su participación como ciudadanía de base en la vida y gestión de un Berriozar hostil manejado por los totalitarios y antiguos terroristas. Pero hacen falta más Maribeles, Ricardos y Patxis; quienes asuman en primera persona, según su temperamento y capacidad, la defensa de nuestra identidad desde una parcela específica: los medios juveniles, el entorno profesional, los colegios profesionales, las APAs, el montañismo, la formación ideológica, la cultura, la vulgarización de nuestra formidable Historia frente falsificaciones ideologizadas, la promoción del idioma español, que poco a poco ya viene siendo hostigado en no pocas áreas de Navarra, el apoyo estable a los colectivos de padres y madres afectados por las reformas educativas y a profesionales ninguneados y “reclasificados” a posteriori en función de su conocimiento del vascuence lo que ello conlleva de arbitrariedad y enchufismo por afinidad ideológica, la lucha contra la corrupción de los mandarines del cuatripartito… “La mies es mucha”, pero de todos nosotros depende que los obreros sean más.
Desde el cuatripartito seguirán con su ofensiva: más que nunca. Acelerarán su agenda, se crecerán en su agresividad característica, multiplicarán las fracturas, señalarán a los disidentes… Veremos ikurriñas, muchas ikurriñas. Y seguirán bombardeándonos con múltiples iniciativas de todo tipo: están entrenados para ello y mucho más. Pero, ante lo inevitable, lo que no podemos hacer es resignarnos. O pensar que con haber salido el 3 ya fue suficiente. Buscaremos más ocasiones en las que ondear nuestras banderas: las que siempre han unido a los navarros hasta la irrupción de la secta sabianiana, los iniciados por Federico Krutwig, los lectores –en interpretación literal- de Txillardegi…
Todo cambio político es precedido por un cambio cultural y mental. Así lo han comprendido, también, los convocantes de la manifestación y otros muchos que han participado en su organización; trabajando (incluso únicamente pegando una pequeña pegatina que luego es inmediatamente arrancada) se percibe mucho más que tomando café. Otros siguen considerando que, desde la acción institucional de los partidos políticos, más los errores del cuatripartito, sería bastante. Entendemos que ambas facetas no son incompatibles, es más, son complementarias. Pero exige una buena relación entre los partidos, mediante organismos sectoriales y buenos interlocutores y agentes sociales, con la sociedad misma y sus entidades y líderes.
Tampoco ello quiere decir que se dé un cheque en blanco a los líderes políticos: han cometido graves errores y, por ello, deben asumir sus responsabilidades políticas; además de aprender a ser humildes y escuchar a la ciudadanía, quienes no son meros súbditos a los que pedir el voto ocasionalmente.
Quedan dos años por delante.
Los partidos navarristas deberán valorar qué tipo de oposición desarrollar en las instituciones, cómo organizarse para pasar a ser de partidos de gobierno a partidos de oposición y calle, que no se limiten a pegar algún cartel de vez en cuando. Implica regenerase de verdad, trabajar en pueblos y barrios, conocer a sus gentes, sus comerciantes y necesidades, tratar con las comunidades allí insertadas (desde las nuevas confesiones religiosas a los colectivos de nuevos navarros cuyos apellidos mantienen con orgullo su procedencia eslava o andina), activar sus aburguesadas juventudes, interactuar con más decisión con el mundo sindical.
El creciente tejido asociativo navarro deberá trabajar sin descanso: conforme el carisma de cada uno; pero sin dirigismos elitistas, con trasparencia y programas claros y comprensibles. Hay que cubrir muchos huecos en los que no hay actividad organizada, pero ya existe una demanda social a la que responder y canalizar.
En suma: se ha empezado a andar, rompiendo los esquemas triunfalistas y las previsiones del cuatripartito; lo que indica que se va por buen camino. Pero también se ha demostrado que pesadas inercias pueden romperse al servicio del bien común, con inteligencia y tesón.
El cuatripartito mantiene su agenda acelerada de “construcción nacional vasca”, y sin disimulo, lo que implica otra correlativa –un poquito más ralentizada y maquillada- de “desactivación de lo navarro”. Habrá de desenmascararles, denunciarles, plantarles y ponerles cara… Continuarán sirviéndose de una aceleración legislativa, una mayor presión callejera, malas artes mediáticas… ¿algunas dosis muy calculadas de violencia explícita?
La lucha continúa: bienvenidos sean todos los que aporten trabajo, medios, tiempo, ilusión, ideas a esta empresa que además de necesaria debe ser ilusionante.
Sila Félix