El nuevo amor de Arnaldo Otegui por la Constitución de 1978


El líder de Bildu, Arnaldo Otegui (con «u» porque es su auténtico apellido) ha sorprendido a muchos el pasado abril al reivindicar la Constitución de 1978, en una entrevista de prensa con su medio afín GARA. Según Otegui «la Constitución contenía las claves para solucionar la cuestión nacional vasca ya que recoge determinados ámbitos que no recoge para otros territorios: su naturaleza foral, los derechos históricos, habla de nacionalidades y regiones, la Disposición de Nafarroa…»

Para Otegui el problema no fue la Constitución sino el golpe del 23 F de 1981, encabezado por el T coronel Tejero, golpe «que algunos dicen que fracasó» y que tuvo como consecuencia inmediata poco después, la aprobación de la LOAPA, (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autónomico). Según Otegui fue a partir de entonces cuando se institucionalizó la «división territorial de Euskal Herria» y cuando «quedaron limitadas todas las ambiciones y se impuso el café para todos, un mecanismo que abandonó el principio de nacionalidad, igualando la administración de los tres territorios con la del resto del Estado y que establece que todas las comunidades autónomas son iguales»

Para Otegui el objetivo ahora debe ser «eliminar esas hipotecas y recuperar el encaje que sitúe al país por encima de las limitaciones de aquel pacto recentralizador». Enlazaba Otegui en la entrevista esta cuestión con la exigencia de Bildu de un «estatus nuevo»  que establezca un nuevo nivel de poder para el gobierno vasco que no esté limitado por el Gobierno español ni por el TC.

Es significativo que estas declaraciones hayan sido silenciadas por los grandes medios de comunicación en España. O sea que al final no iban tan desencaminados ni mucho menos los que, desde los ámbitos de la «extrema derecha» en España, denunciaron desde el mismo principio y siguen haciéndolo, que la Constitución de 1978, lejos de ser ninguna solución, es por el contrario, el gran problema de la España contemporánea. 

Ha sido la «Carta Magna» la que, pervirtiendo principios que, rectamente entendidos, eran positivos, como el foralismo o el respeto a las lenguas regionales, ha propiciado con sus mismas disposiciones la desmembración territorial, la desaparición de la igualdad entre los españoles, la persecución a la cultura común y a la religión católica. Es la Constitución la que ha abierto la puertas al proceso que que va camino de convertir la nación en una amorfa confederación de estados unificados únicamente en el globalismo «woke».

Giro estratégico, pues, en el mundo etarra, que después de haber asesinado a incontables personas durante décadas de guerra terrorista a muerte contra la Constitución (a la que Otegui aún calificaba de «cárcel de los pueblos» en 2018), ha descubierto al fin, (gracias a Zapatero y Pedro Sánchez) que la Constitución lejos de ser su enemiga, puede ser su gran aliada, en su objetivo de acabar con la nación española.



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