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La posición del PSC se podría definir como de “tierra de nadie”. Gracias a tantos años de doblez y traiciones, sus dirigentes creían que les convertirían en la llave de la gobernabilidad en Cataluña. O peor, creían poder recuperar la hegemonía perdida.

Pero ahora, los independentistas que con los que tantas veces se han codeado, ahora no pagan traidores y empiezan los acosos. Por eso no es de extrañar que la nueva sede del PSC de Barcelona, situada en la calle Consejo de Ciento, haya recibido un ataque con botes de pintura de los más radicales.

Una pequeña lección para aprender: hay perros que muerden la mano de los que les dan de comer.