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Frente a las tergiversaciones actuales que hablan de una Cataluña antimilitar y anticolonialista la historia presenta mil desmentidos. Uno de los casos más claros de apoyo masivo catalán a la defensa de la Fe y al orgullo patriótico, militar e imperial español fue el de la Guerra de Marruecos de 1859-1860.

La adhesión fue entusiasta en todas las clases sociales catalanas como fue el caso del clero, la burguesía, los intelectuales y el pueblo llano. Como nos recuerdan Alfonso Iglesias y Xosé Manoel Nuñez Seixas en su notable estudio sobre la memoria de las guerras de Marruecos en España, literatos catalanes como Víctor Balaguer, Manuel Angelón o Antonio Altadill se mostraron muy beligerantes con un discurso patriótico y anti marroquí en publicaciones como “Guerra al moro”, “El cañón rayado” o el periódico “Metralla de la Guerra de África”.

La Diputación de Barcelona financió un hospital militar en San Roque, Cádiz. Los donativos, tanto por parte de la burguesía como del mismo pueblo fueron muy numerosos en Cataluña. La guerra quedó inmortalizada en el subconsciente colectivo no sólo catalán sino español gracias a grandes pintores catalanes como Mariano Fortuny o Francisco Sant Cabot.

Los Voluntarios Catalanes, la unidad de casi 500 hombres, que tuvo una notable participación en las batallas decisivas, fueron exaltados como auténticos héroes. El obispo de Barcelona les regaló una medalla de la Virgen de Montserrat a todos los soldados catalanes. El General D. Juan Prim, natural de Reus, uno de los grandes héroes de la campaña recibió numerosos homenajes, incluyendo uno multitudinario en Reus, cuyo ayuntamiento le regaló un bastón de mando que fue el que usó desde entonces.

El recibimiento que el 3 de marzo de 1860 Barcelona brindó a los Voluntarios Catalanes que volvían de la Guerra fue memorable. Una multitud de quizá 100.000 personas les aclamó en una fiesta que duró varios días con arcos de triunfo, flores y banderas en los balcones. El tren que cubría la línea Barcelona Mataró se engalanó con decenas de banderas españolas. En numerosas poblaciones catalanas se aclamó a los soldados.

Una vez más quedó demostrada la Hispanidad de Cataluña.

Rafael María Molina Sánchez. Historiador