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Estructura de la sociedad política en Gustavo Bueno

 

El filósofo, recientemente fallecido, Gustavo Bueno, ha hecho importantes aportaciones a la teoría del Estado y al análisis de la sociedad política. Es muy interesante su crítica al “patriotismo constitucional”, concepto acuñado por el filósofo Habermas, destacado miembro de la escuela de Frankfurt.

La teoría del Estado

La teoría del Estado de Bueno se fundamenta en una vuelta al revés de la concepción marxista, en la que opone su materialismo filosófico al materialismo dialectico. Para Marx la base de la sociedad humana estaría constituida por los medios y fuerzas de producción (agraria, artesanal, industrial) y por las relaciones de producción (lucha de clases entre los propietarios de los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo). La base tendría un componente esencialmente económico, y sobre la misma se desarrollarían los componentes superestructurales (religión, moral, ciencia, arte, derecho) que descansan sobre la base y dependen de ella.

Marvin Harris y otros desarrollan el materialismo cultural y reorganizan la distinción de Marx en tres niveles: infraestructuras, que comprenden los medios y fuerzas de producción; estructuras, que son las relaciones de producción, y superestructuras, que corresponderían a las elaboraciones ideológicas producto de las relaciones de producción: arte, derecho, ciencia, cultura en definitiva.

Para el marxismo el Estado no es más que un instrumento de la clase dominante para controlar a las clases dominadas, la patria es un mito para llevar a la guerra a la clase obrera de un país contra la clase obrera de otro en beneficio de los capitalistas, y la religión es el opio del pueblo, que predica docilidad al poder y suscita esperanzas de “otra vida”.

Bueno, desde el materialismo filosófico, propugna una “vuelta al revés” de las relaciones base/superestructura[1]. En contra de la posición marxista, afirma Bueno que el Estado no es el resultado de la lucha de clases, sino que la lucha de clases empieza con el Estado, y solamente es posible en el seno del Estado.

Toda sociedad política se inicia con la apropiación de un territorio, y antes de la apropiación de este territorio no existe el “derecho a la propiedad”, porque todo derecho aparece con el Estado, y el llamado “derecho natural” no es más que un concepto metafísico.

Este territorio ocupado y sus riquezas naturales es la base imprescindible de toda sociedad política, y constituye lo que Bueno llama la capa basal. El nombre tradicional de este territorio, como tierra de los padres es el de Patria[2], por tanto el patriotismo se refiere siempre a este territorio basal, y en vano algunos han pretendido sustituirlo por un “patriotismo conjuntivo” o “patriotismo constitucional” (como Habermas), como si la Patria resultará de la Constitución, y no la Constitución de la Patria. De hecho puede existir Patria sin Constitución, pero para que haya Constitución debe haber Estado, y no puede haber estado sin la capa basal que es la Patria.

En función de esta capa basal se irán organizando las restantes capas del Estado: la capa cortical, que se refiere a las relaciones con las otras sociedades políticas (o con los “barbaros” o tribus en situación pre-política) que dará lugar primero al ejército y después a la diplomacia, y la capa conjuntiva, como conjunto de instituciones políticas y administrativas para regular a la capa basal en función de los fines, planes y programas de la sociedad política[3].

Bueno no niega la lucha de clases, pero la sitúa en el marco del Estado y de las relaciones entre Estados. El reparto de la capa basal y sus riquezas (tierras, riquezas minerales, etc.) será desigual, y muchas familias o individuos se verán desposeídos de la propiedad. Las clases sociales, en función de la propiedad privada de los medios de producción, surgirán de esta situación.

Pero este conflicto “realmente existente” no anula la relación de los desposeídos con la Patria como capa basal, y en el conflicto con otras sociedades políticas, los “desposeídos” de una nación se enfrentarán a muerte con los “desposeídos” de otra nación en guerra. Esto es lo que sucedió en la Primera Guerra Mundial, cuando a pesar de la existencia de una Internacional Socialista, la mayoría de los Partidos Socialistas apoyaron a sus respectivos estados, y los obreros franceses, alemanes o ingleses demostraron ser “patriotas” antes que “obreros”. La desafección de los socialistas alemanes se produjo cuando la guerra se estaba perdiendo, pero no ocurrió así con los socialistas franceses, ingleses e italianos. Una parte de los socialistas italianos evolucionaron hacia el fascismo al considerar que se patria, Italia, como potencia vencedora, no había recibido la parte que le correspondía en territorios y riquezas.

Así el Estado constituido en el territorio ocupado (la capa basal o Patria) tiene características comunes, tanto si adopta la forma de oligarquía, de tiranía o de democracia. Las distintas formas que puede adoptar esta capa conjuntiva no son separables de los territorios en que subsiste, es decir, de la Patria.

Por otra parte, la capa cortical, que define las relaciones con otras sociedades políticas, tiene también una estrecha relación con la capa basal, es decir, con el territorio, tal como nos muestra la geopolítica. Cuando los cambios que se producen en la capa conjuntiva (en las instituciones políticas) producen cambios radicales en la capa cortical (es decir en la política internacional y en la geopolítica) hay que sospechar que la soberanía del Estado está siendo sometida a otra sociedad política.

Una de las conclusiones importantes de Bueno es que la “democracia” en abstracto carece de todo sentido, pues equivaldría a una capa conjuntiva flotando en el vacío sin referencia a una comunidad política concreta. La democracia conjuntiva hay que referirla a su capa basal y a su capa cortical[4].

La crítica de Bueno a lo que llama “fundamentalismo democrático” es que esta es una ideología formalista que pretende distanciarse de la capa basal. El auge de esta ideología formalista puede estar alimentado tanto por el “olvido” o abstracción de la capa basal, es decir de la Patria, como por una voluntad de segregación respecto a esta Patria[5]. Así los partidos separatistas en España insisten tanto o más en su vocación democrática cuanto más se esfuerzan en quitar importancia a la unidad basal o territorial de España. Pero sus oponentes “constitucionalistas” caen en el mismo error en cuanto invocan a la constitución como fuente de toda legitimidad, olvidando que la sociedad política hispana, asentada sobre un territorio (su capa basal) es anterior y condición previa para la existencia de esta constitución.

José Alsina Calvés

NOTAS:

[1] Bueno, G. (2003) El mito de la Izquierda. Las izquierdas y la derecha. Barcelona, Ediciones B. p. 300

[2] Charles Maurras definió la Nación como “tierra de los muertos”, y Enric Prat de la Riba, teórico del nacionalismo catalán con raíces tradicionalistas, definió la Patria Catalana como “la terra on están enterrats els nostres pares i on estarán enterrats els nostres fills” (la tierra donde están enterrados nuestros padres y donde estarán enterrados nuestros hijos)

[3] Bueno, G. (2010) El fundamentalismo democrático. La democracia española a examen. Madrid, Editorial Planeta, pp. 149-151

[4] El fundamentalismo democrático, p. 150.

[5] Idem, p. 151.