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El salafismo es un movimiento integrista sunnita que reivindica el retorno a los orígenes del islam más violento como base para extender el radicalismo de Arabia Saudí y Qatar entre los musulmanes. ¡Qué casualidad! ¡Qatar es més que un club!

En España existen 98 mezquitas salafistas y, de ellas, 50 están en Cataluña. No en vano, el principal foco islamista radical se encuentra en Barcelona: un 29,8% residían aquí y un 27,3% fueron arrestados en esta provincia.

En España, las mezquitas siguen siendo un lugar fundamental de radicalización. Según los últimos datos del Instituto Elcano, aquellos que se radicalizaron fuera de Internet (un 28,9%) superan en diez puntos a los que lo hicieron online (18,4%), aunque lo habitual es un sistema mixto (52,7%). Dentro de los lugares de radicalización fuera de la Red sobresalen los domicilios privados (73,3%) y los lugares de culto (53,3%).

En su ánimo no ha influido que Cataluña sea la primera comunidad con una Ley Autonómica de Centros de Culto, ni que se destinen varios centenares de euros en subvenciones a 164 de las 268 entidades asentadas en dicho territorio. Ni tampoco los ingentes esfuerzos por incorporar a los musulmanes a la coyuntura política: Houzi, el imam de la mezquita Ibn Hazm de Lérida ya dejó claro que la intención era aprovecharse (en este caso se refería a los independentistas), «pues ellos se apoyan en nosotros para conseguir votos pero lo que no saben es que, cuando nos dejen votar, todos votaremos a partidos islámicos».