Y la primera “Patrona de España” ¿fue de facto … “La Virgen de Montserrat (hasta 1739)?”


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Virgen de Montserrat, revestida, como siempre fue venerada (no como ahora se ha mantenido, contra la tradición y como una especie de auteridad jansenista)

 

Con cierto atrevimiento, nos atrevemos a proponer esta cuestión; no con intención de un falso “chauvinismo” sino para que en el resto de España se entienda la importancia de la Devoción hispánica a la Virgen de Montserrat. El Patronazgo de a Virgen María no existió hasta el siglo XVIII. Pero centurias antes, los Reyes españoles la presentaron en Roma como la que más devoción le tenían.

Pedro López de Ayala (1332-1407), pro Trastámara en sus Cantares a la Virgen, se puede leer:”Sennora con humildat -e deuoto coraçón- prometo a Montserrat -yr facer mi oraçión-”. La Devoción de los Trastámara en particular y de los reyes y emperadores de España en General por la Virgen de Montserrat fue muy grande. Por aquella época en España no había un “patronazgo mariano nacional”. De hecho la devoción regia era la establecía la primacía de las advocaciones marianas. Sólo hasta Carlos III no se nombró a la Virgen María como patrona de España en su advocación de la Inmaculada Concepción.

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Fernando de Antequera
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Estandartes con las armas de Aragón, de León y de Castilla en las exequias a la muerte de Carlos I. Jérôme Cock, Funerales de Carlos I, Amberes, Cristóbal Plantino, 1559.

Mucho tiempo antes, Fernando de Antequera, encontrándose apunto de morir decidió volver a Zaragoza, pero antes se hizo subir a Montserrat en camilla y una vez confesado y comulgado pasó allí la noche, muriendo en Igualada al día siguiente. Sus sucesores (Alfonso el magnánimo, Juan sin fe, los Reyes Católicos) también profesaron a “la Moreneta”. El emperador Carlos I de España y su hijo Felipe, murieron con una imagen (vela) de la Virgen de Monserrat entre las manos. Carlos I pagó la reforma del Monasterio y Felipe II la terminó incluyendo la costosa obra civil de la explanada (1562-1587).

Los Borja (señores de Xàtiva aunque de origen oscense) y Fernando el Católico dedicaron la capilla de “nostra signora in monte” arriba de la escalinata formando parte de la Plaza de España -tomó ese nombre por ser un regalo de Fernando- a la Virgen de Montserrat. Rodrigo de Borja (Alejandro VI) erigió una plaza dedicada a España, con una capilla dedicada a la Virgen de Montserrat. Aparte, los Borja iniciaron la construcción de la Basílica de Santa Maria di Monserrato, en Roma, en la vía Monserrato. En Roma se interpretaba que la patrona de España era, por tanto, de facto, la “Moreneta”.

De hecho no fue hasta el 27 de Mayo de 1642 que se nombró a la virgen del Pilar patrona de Zaragoza. En 1675 Clemente X ordenó que el 12 de octubre se hiciera una procesión general. Roma concedió “el rezo” a la Virgen del Pilar en 1723. Pero hubo que esperar hasta 1739 para que Clemente XII declarara oficialmente el 12 de octubre “fiesta propia del santuario” (Felipe V murió demente en 1746). La basílica actual se inauguró el 5 de enero de 1916.

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Medalla de la Orden de Carlos III, con la Inmaculada

Así como los Trastámara y los Austrias durante cuatro siglos habían tenido una gran devoción a la “Moreneta”, (a ella está dedicada también la capilla del palacio imperial de Viena), Felipe V, que por razones antiaustracistas, no paró hasta conseguir que Roma le diera reconocimiento canónico a la fiesta de la Virgen del Pilar, que a la sazón tenía tan solo un pequeño templo en Zaragoza. Carlos III, más sensato, quiso corregir esa maniobra de Felipe V y propuso como Patrona de España a la Inmaculada Concepción.  Carlos III, muy afecto a esta advocación mariana, creó una orden en su nombre (la Orden de Carlos III) y la declaró patrona de sus estados. Rescataba así una antiquísima tradición. En el XI Concilio de Toledo el rey visigodo Wamba ya era titulado «Defensor de la Purísima Concepción de María», abriendo una línea de fieles devotos entre los reyes hispanos. Monarcas como Fernando III el Santo, Jaime I el Conquistador, el emperador Carlos I o su hijo Felipe II fueron fieles devotos de la Inmaculada y portaron su estandarte en sus campañas militares.

 

 

 

 

 

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