Claudio Sánchez Albornoz, ¿el padre del nacionalismo español moderno?


Rafael María Molina 

Pues no, no estamos hablando de ningún líder o intelectual «nacionalcatólico» o «fascista». Puede parecer realmente sorprendente afirmar eso de alguien que fue en su día ministro con Manuel Azaña entre 1923 y 1933 y posteriormente presidente de la República española en el exilio entre 1962 y 1971, un exilio en el que permaneció casi 40 años.

Claudio Sánchez Albornoz fue uno de los más distinguidos historiadores medievalistas españoles del siglo XX. A pesar de sus ideas republicanas y liberales siempre manifestó un fuerte patriotismo español, oponiéndose a planteamientos revolucionarios y marxistas.

Siendo catedrático durante décadas en la universidad de Buenos Aires, escribió importantes libros sobre historia de España. Su obra magna y más influyente fue el ensayo titulado «España, un enigma histórico», publicada en 1956.

En este obra, extraordinariamente documentada, de dos volúmenes y casi 1600 páginas en total, pero amena y fácil de leer, Sánchez Albornoz lleva a cabo un recorrido por la historia de España en busca de las claves de la identidad histórica del país, desde los tiempos ibéricos, romanos y visigodos hasta el siglo XVII, haciendo especial hincapié en la Reconquista, como el periodo que definió la esencia de España como nación y patria.

La tesis central de la obra es que la identidad histórica de España es plenamente católica y que el islam y el judaísmo, pese a formar parte de la historia de España «no son España». La identidad de España está marcada por la huella de un catolicismo intenso. Desde su capacidad de erudición Sánchez Albornoz va desgranando con numerosos ejemplos el porqué la literatura y la cultura islámica o la judía son muy distintas de la hispánica o porque los fundamentos del derecho y de la vida social fueron igualmente muy diferentes. Sánchez Albornoz incide igualmente en su obra en la importancia del sentimiento de España como nación y patria común en los reinos medievales hispánicos, haciendo énfasis con ejemplos incontestables, en la españolidad de catalanes y vascos.

Recuerda Sánchez Albornoz como la estrecha vinculación de los españoles con la religión católica y la mentalidad bélica, muy marcada, de los españoles medievales dio por resultado el «espíritu de cruzada» que más tarde llevaría a los españoles a conquistar y difundir la Fe en la recién descubierta América y a luchar por la religión católica contra el protestantismo en Europa durante más de un siglo, el siglo de la hegemonía española, hasta tal punto que las fronteras entre catolicismo y protestantismo en Europa en nuestros días están marcadas por las victorias o derrotas españolas en su día. «En esta saturación de esencias bélicas está una de las claves de la historia española. Las nuevas guerras divinales exaltaron el cristianismo militante de los españoles que les llevó a sentirse soldados del Altísimo en todo el orbe» dirá el autor.

Por supuesto no sólo se fija en la guerra sino en todas las aportaciones científicas, teológicas y culturales de los españoles a la cultura y civilización europea en aquellos siglos, aportaciones en general poco recordadas por una Europa casi siempre hostil a España. 

Sánchez Albornoz  escribió esta obra en parte para refutar un famoso libro del escritor brasileño Américo Castro, quien en los años 40 había argumentado que la identidad española no era cristiana realmente sino fruto de una mezcla entre cristianismo, islam y judaísmo, en la que España se parecía más a los países musulmanes que a Europa. Sánchez Albornoz refutó en España, un enigma histórico estos planteamientos con una multitud de datos, pero fácil es darse cuenta de que las tesis de Américo Castro perviven hoy en día consciente o inconscientemente, en la visión globalista que niega y trata de arrancar las raíces cristianas de Europa y especialmente de España.

Sin embargo, el libro España, un enigma histórico, de Claudio Sánchez Albornoz, («una obra extraordinaria», como la calificó el famoso hispanista norteamericano Stanley  G Payne) traducido a varios idiomas, se convirtió en un monumento cultural insoslayable acerca del apasionante tema de la identidad histórica de España. Resulta especialmente interesante porque en ella Claudio Sánchez Albornoz, entre otras cosas, acabó con la «arabofilia» que había sida tradicional en la historiografía española, no sólo en la izquierda, sino también en la derecha, desde el siglo XIX. 

Frente a las visiones idealizadas de Al Andalus, los califatos, los reinos musulmanes y «la convivencia entre las tres culturas», Sánchez Albornoz hizo énfasis en el enfrentamiento constante entre ellas y en la idea de que España es cristiana y el Islam fue lo opuesto a la cultura española y representó al enemigo para los españoles durante muchas generaciones y siglos. En este sentido se trata de una obra que cobra especial significado en nuestros días, plenamente actual en nuestros días, incluso puede decirse que se adelantó a su tiempo y hoy puede ser considerada como un sólido punto de referencia intelectual.

Sánchez Albornoz escribió  posteriormente otra importante obra, publicada en los años 70, Orígenes de la nación española. El reino de Asturias. Es una obra en la que en tres volúmenes exhaustivos, frente a los intentos de ciertos «progresistas» de denostar o negar, tratando como un mito, a la Reconquista, sobretodo en sus orígenes, a D Pelayo o a la Batalla de Covadonga, Sánchez Albornoz reafirma la plena historicidad de aquellos hechos, remarcando la continuidad del reino asturiano con la monarquía hispano visigoda y su proyecto de «restauración de España».

Sánchez Albornoz regresó a España en 1976 y pese a que recibió numerosos homenajes académicos, el sentido profundo de su obra, fue ignorado por las nuevas élites políticas. Más aún cuando se mostró crítico frente a las autonomías que se estaban implantando y advirtió sobre los riesgos de los separatismos vasco y catalán. Tanto es así, que se implicó valientemente en la lucha intelectual en defensa de Navarra y de su condición hispánica, frente a las mentiras anexionistas del terrorismo y el nacionalismo vasco y a este tema dedicó uno de sus últimos libros. Murió en 1984. No es extraño, que pese a su trayectoria, impecablemente contraria al Régimen de Franco, su obra haya sido denostada más de una vez desde la izquierda académica oficial en nuestros días. Razón de más para que quienes aman la historia de España, la tengamos en cuenta.



Categorías:CULTURA, HISPANIDAD

Deja un comentario

DESPERTA

Red sociocultural