16 abril de 1982.  La matanza que Parot no pudo perpetrar en Barcelona


SOMATEMPS

El 16 de abril de 1982 un brutal atentado etarra tuvo lugar en Barcelona. En estos días 44 años después, en septiembre de 2026, ha salido de prisión, gracias a las autoridades penitenciarias del PSOE y el PNV, el mayor asesino etarra, el francés Henri Parot, condenado por 33 asesinatos entre 1978 y 1989 (aunque la Policía sospecha que pudieron ser dos o tres más). Parot dirigió un «comando» o célula terrorista formada íntegramente por franceses, por lo que resultó especialmente difícil de detectar por las Fuerzas de Seguridad españolas durante años. 

Casi exclusivamente actuaban fuera del País Vasco, especialmente en Madrid, para que sus atentados tuvieran mayor impacto. La Policía antes de su detención en 1990, atribuía sus atentados al llamado entonces por los etarras «comando España», posteriormente llamado por ellos, «comando Madrid», las células etarras que atentaban en la capital española de modo estable, con la consiguiente confusión, pues la célula de Parot actuaba de forma independiente, bajo las órdenes directas de la cúpula etarra. 

Se trataba de una célula compuesta por hasta siete terroristas de origen francés. Sus miembros variaron y entre ellos estuvo Jean Parot, hermano de Henri Parot, quien más tarde se distanció de su hermano y de la banda terrorista. El otro miembro fijo del «comando» terrorista era Jacques Esnal, quien ya se encuentra respondiendo de la mejor manera por sus crímenes pues murió hace escasos meses en libertad en Francia (homenajeado por Sortu, el partido matriz de la coalicion proetarra Bildu). Otro terrorista llamado Frederic Haramboure, participó también en la mayoría de estos atentados.

Esta célula terrorista fue responsable de terribles atentados en aquellos años, como la matanza de la Casa Cuartel de Zaragoza en 1987. Entre 1979 y 1981 ya había llevado a cabo diversos asesinatos de militares en Madrid. La declaración policial de Parot, tras ser detenido en 1990, se recoge con detalle en el libro autobiográfico del general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, ‘Mi vida contra ETA», (Planeta 2006). 

En ella se lee que a finales de 1981 Parot propuso a la cúpula etarra actuar en otras ciudades ya que Madrid estaba muy vigilada policialmente. El etarra Juan Lorenzo Lasa Michelena «Txikierdi», entonces jefe del «aparato militar» de la banda terrorista, aceptó y les indicó un nuevo objetivo: un autobús militar que se tenía localizado en Barcelona, cuyos recorridos eran regulares. Parot y sus compañeros terroristas recibieron, poco después, un breve cursillo en el sur de Francia sobre el manejo del lanzagranadas RPG 7, de fabricación soviética, arma que hasta entonces no conocían, cursillo que les impartió el dirigente etarra Isidro Garalde «Mamarru», y se trasladaron a Barcelona. Tras localizar el objetivo llevaron a cabo el atentado a primera hora del 16 de abril de 1982, disparando un proyectil con el lanzagranadas RPG 7,  desde un puente sobre la Gran Vía de Carlos III, contra el microbús militar en el que viajaban 20 militares, incluyendo suboficiales y soldados, con destino al Cuartel de Bruc. 

Pero afortunadamente el proyectil no alcanzó al microbús, debido a que los terroristas, como reconoció Parot en su declaración ante la Guardia Civil, olvidaron retirar una de las capuchas de seguridad de la granada roqueta, lo que estropeó la precisión del disparo y evitó una terrible matanza de soldados, la mayoría de ellos de reemplazo. Pero la granada penetró en una vivienda familiar de la calle Conchita Supervía, en el barrio de Les Corts, donde estaban desayunando dos niñas de 10 y 12 respectivamente. Milagrosamente la granada no hizo explosión, pero la vivienda quedó semi destrozada, salvando por los pelos la vida las personas de esta familia.

Fue uno de los pocos atentados de la célula de Parot que no causó muertos, pues la letalidad de estos terroristas por desgracia fue muy alta. Este atentado fue el primero de ETA con armamento semipesado fuera del País Vasco y Navarra y se enmarcaba dentro del ultimátum que la banda etarra había dado en esas fechas exigiendo que la Guardia Civil se retirase del País Vasco en el plazo de un mes o tendrían lugar según los terroristas, violentos atentados contra los cuarteles, con morteros y armas pesadas. 

Los etarras acusaban a la Guardia Civil de torturar a «los jóvenes vascos» en sus cuarteles y de introducir la heroína en el País Vasco. Barcelona sería un lugar vedado para Parot y sus compinches, pues en septiembre de 1986 también fallarían en un atentado contra un vehículo de la Guardia Civil. Consta en su declaración ante la Guardia Civil que su grupo también había colocado bombas en vías de tren cerca de Barcelona, como parte de su campaña para dificultar el tráfico ferroviario en la costa mediterránea española. 

Parot sería detenido finalmente en abril de 1990, tras un tiroteo y un enfrentamiento con agentes de la Guardia Civil que pudieron reducirle finalmente, al verse sorprendido por un control antiterrorista aleatorio a la entrada de Sevilla, cuando conducía un coche cargado de explosivos listo para ser colocado junto a la Jefatura Superior de la Policía Nacional, de la ciudad andaluza, en lo que podría haber sido un atentado muy trágico. Sin embargo Esnal pudo escapar de Sevilla y de España y huir a Francia pero allí fue detenido tras la declaración del ex etarra Philippe Sáez, ex miembro del «comando», que había participado en los primeros atentados, pero quién tras una conversión religiosa, decidió entonces colaborar con la policía francesa y delatar a todos sus ex compañeros de célula terrorista, que fueron también detenidos.

Ahora Parot sale a la libertad impune gracias a un Gobierno que una vez más mira hacia otro lado y parece  menospreciar conscientemente a las víctimas del terrorismo separatista.



Categorías:MEMORIA HISTÓRICA, MITES NACIONALISTES / MITOLÓGICAS

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