Emilio Ablanedo analiza en profundidad su libro Confederación


Emilio Ablanedo Reyes pertenece al Cuerpo Superior de Letrados de la Administración de la Seguridad Social. Ha sido profesor asociado de la Universidad de Barcelona durante doce años y subdelegado del Gobierno en Barcelona y Tarragona entre 2012 y 2018. Gran aficionado a la Historia, especializado en la Guerra Civil en los Estados Unidos, ha escrito diversos artículos e impartido conferencias divulgativas en esta materia.

En esta entrevista analiza en profundidad su libro Confederación. Los Estados Confederados de América y la Guerra Civil -1861-1865-. Un trabajo sin duda pionero, pues no había nada escrito al respecto en español, igual que su próximo trabajo, una biografía del general Lee, el más famoso de los sureños, que ya tiene bastante avanzada.

Un libro muy interesante, fruto de muchos años de lectura y estudio. Se puede decir que con esta obra cumple uno de sus sueños de la infancia. ¿Por qué se aficionó de niño a estos temas? ¿Quizá tuvieron algo que ver películas como “Lo que el viento se llevó”?

Sin lugar a dudas. Ya desde mi más tierna infancia me impresionó profundamente la imagen de los confederados que John Ford supo transmitir en “Horse Soldiers”,  una magnífica película de 1959, estrenada en España como “Misión de audaces”, que analizo en mi libro junto con otras veintinueve películas,  además de varios libros y series televisivas. Ford supo transmitir como pocos la elegancia aristocrática y caballerosa del orgulloso Sur, dispuesto a cumplir con su deber de forma estoica, como ocurre en la escena en que los jovencísimos cadetes de una escuela militar se enfrentan a la caballería yankee, marchando ordenadamente a los acordes de la canción The Bonnie Blue Flag. Sin embargo, en otra escena, los desarrapados soldados confederados saltan de un tren y cargan salvajemente y de manera suicida contra los norteños lanzando el alegre grito rebelde con su bandera de batalla al frente. El efecto de estas escenas y de esta música en un niño de cinco o seis años es imborrable. “Lo que el viento se llevó”, dirigida por Victor Fleming y estrenada en 1939, es la gran película por excelencia sobre el viejo Sur. No me impresionó tanto cuando era tan pequeño porque las escenas bélicas fueron deliberadamente suprimidas para no alargar aún más el metraje y la temática es difícilmente comprensible a esas edades.

Por supuesto, a los diez años ya estaba absolutamente cautivado con ese paraíso perdido de mansiones neoclásicas, robles con “musgo español” colgando de sus ramas, elegantes damas,  educados y honorables caballeros, esclavos felices y arcadias ruralizantes. Creo que esta película transmite como pocas una “nostalgia de lo no vivido” que te atrapa. A pesar de no contener escenas bélicas, el plano de los heridos confederados en Atlanta bajo la desgastada bandera de combate rebelde es portentoso. También la escena en que los protagonistas huyen de Atlanta mientras el Sur se derrumba. Este final apocalíptico, este cataclismo wagneriano en que se hunde la Confederación es espectacular. Y mi curiosidad se vio espoleada porque en España era casi imposible obtener información sobre la Confederación, porque ni había ni hay publicaciones en español sobre esta materia que sean accesibles para el gran público. Con la expansión de internet y algún viaje a los EEUU tuve la oportunidad de adentrarme cada vez más en este apasionante periodo histórico, de suscribirme a revistas especializadas y adquirir libros.

Tras un viaje con mi familia entre Boston y Miami, en el que tuve la ocasión de visitar los principales lugares donde transcurrieron gran parte de estos hechos históricos, me decidí a cubrir el gran vacío que existe en la bibliografía en español escribiendo el libro que siempre me hubiera gustado leer, en el que trato todo lo que tiene que ver con el viejo Sur y la Confederación desde una perspectiva social, política, económica, jurídica, cultural y, por supuesto, militar. Una obra que está interesando mucho tanto a aquellas personas que no están familiarizadas con esta temática como a quienes la conocen con cierta profundidad pero encuentran en ella datos y anécdotas que ignoraban.

¿Por qué le atrae tanto el romanticismo del viejo Sur estadounidense?

Gracias a la Sociedad Sureña de Estudios Históricos fueron los perdedores de la Guerra Civil 1861-1865 los que impusieron el relato de lo que había pasado. A comienzos del siglo XX esta visión idílica del Sur, así como el conocido como “Mito de la Causa Perdida”, se acabó extendiendo por  todos los Estados Unidos y, finalmente, tras películas como “Lo que el viento se llevó”, por todo el mundo. El viejo Sur se ha idealizado como un paraíso perdido, como una sociedad rural, estable, conservadora y armónica en la que imperaban valores de caballerosidad, honor, lealtad, gentileza y espiritualidad, frontalmente contrapuesta a un Norte capitalista, materialista, agresivo y depredador.

En los años treinta del siglo XX un grupo de escritores sureños conocidos como “Los fugitivos de Nasville”, a través de un manifiesto titulado “I´ll take my stand”, promovieron y fomentaron una visión del conflicto Norte-Sur como un enfrentamiento que no estaba motivado por la esclavitud sino por el choque entre una sociedad agraria dotada de sólidos valores tradicionales y una sociedad industrializada y desarraigada. Esta es la idea fundamental que se trasluce en “Lo que el viento se llevó” que se rodó en esos años y que ha condicionado nuestro imaginario colectivo. Esta nostalgia también ha sido fomentada por las asociaciones de excombatientes y sus hijos, que durante sesenta años después de la guerra vertebraron las pequeñas comunidades sureñas y crearon toda una liturgia nacionalista de culto a los caídos y a sus hazañas. En una fecha tan reciente como 2004 hubo un entierro multitudinario en Charleston de soldados confederados cuyos cuerpos se encontraron en el primer submarino de la historia que hundió un barco enemigo. Ese mismo año falleció la que se cree que era la última viuda de un veterano confederado, idolatrada como un fragmento vivo de una etapa histórica que se difumina en las nieblas del pasado.

Y es que la secesión, la Confederación y la Guerra Civil ha condicionado a la sociedad estadounidense hasta la actualidad. Faulkner lo describió de manera magistral cuando escribió sobre el momento climácico de la guerra, la mítica “carga de Pickett” en Gettysburg, en que los sudistas se jugaron el todo por el todo, recordando que “para todo niño sureño de 14 años, no una vez, sino siempre que lo desee, hay un instante en que aún no son las dos de esta tarde de julio de 1863…” Y hoy en día la presencia de símbolos y monumentos confederados en lugares públicos es objeto de un acalorado debate de primera línea política en los Estados Unidos.

Hay algún libro en español sobre la guerra civil estadounidense, pero absolutamente nada sobre la Confederación…¿Era por tanto un reto romper el hielo al respecto?

Sí, considero que es imprescindible que el público pueda acceder a información en español  sobre esta materia. Sobre todo si queremos entender muchas cosas que vemos en las películas y los libros ambientados en este periodo histórico que nos llegan de los EEUU, así como las actuales polémicas sobre el racismo y la simbología confederada. La idea de escribir un libro en español sobre esta temática llevaba muchos años rondándome, pero mis intensísimas ocupaciones profesionales me impedían hacerlo, particularmente los años transcurridos entre 2012 y 2018 en los que fui Subdelegado del Gobierno en Barcelona y Tarragona. Esta nueva etapa de mi vida en Madrid me ha permitido compaginar mejor mi trabajo con mis aficiones y no lo he dudado. En inglés hay toneladas de publicaciones al respecto pero muy concretas y especializadas en cuestiones específicas. No obstante, cuesta encontrar una obra global de síntesis con el formato que yo acabo de hacer. En estos momentos sigo rompiendo el hielo por segunda vez con una biografía del general Lee, el más famoso de los sureños, que ya tengo bastante avanzada.

No solo analiza la Guerra Civil 1861-1865 sino que es más ambicioso analizando todo lo que tiene que ver con la Confederación, desde una perspectiva social, económica, cultural… todo el proceso separatista…la literatura, la medicina, el papel de la mujer… Sin duda la mejor manera para conocer a fondo todo lo relativo a la Confederación.

Lo que pretendo con mi libro es ahorrar al lector muchas, muchas lecturas en inglés sobre temas accesorios o áridos, ofreciéndole una síntesis de aquellos aspectos fundamentales que le van a permitir entender y valorar cómo se formó el viejo Sur, lo diferente que era la esclavitud en lugares como Virginia con respecto al valle del Misisipi, por qué se produjo la secesión, cómo los separatistas galvanizaron a la opinión pública, cómo consiguieron crear estructuras de estado, por qué estalló la guerra, si la pudo ganar el Sur o esto era una quimera, cuáles fueron las causas de la derrota confederada… También abordo cuestiones como la mujer en la Confederación, la organización institucional, un análisis jurídico de la secesión, la medicina, la música, la literatura, la economía, la religiosidad… Por supuesto, abordo la guerra y la organización militar de los confederados: ¿cómo combatían? ¿cómo eran realmente sus armas y uniformes? ¿cómo sonaba realmente el famoso grito rebelde? ¿cómo eran las banderas nacionales y de combate?¿qué ocurría con los prisioneros y desertores?¿estuvo el servicio secreto confederado tras el asesinato de Lincoln?… Todo ello ilustrado con 97 fotos y 16 mapas para una mejor comprensión de todas las operaciones. También explico resumidamente qué ocurrió después de la guerra y el legado actual de la rebelión sureña mencionando a los principales personajes de la época, cómo ha sido recogida la Confederación por la literatura, el cine, las series televisivas…. También indico lugares de interés que merece la pena visitar en un viaje a los EEUU y la labor que hacen los recreadores históricos,  entre otras cuestiones.

También lo enlaza con la actualidad y la polémica reciente sobre los símbolos y monumentos confederados… ¿Por qué había banderas confederadas en el asalto al Capitolio?

Aprovecho la pregunta para indicar que la bandera que normalmente identificamos con la Confederación nunca tuvo carácter oficial. Una cosa eran las banderas nacionales, de las que se aprobaron tres en la corta vida de esta frustrada entidad política, y otra las banderas de combate rojas, con el aspa y las estrellas, de las que había una gran diversidad. La que más se ha extendido es la rectangular, propia de los ejércitos sureños que actuaron en el teatro de operaciones del Oeste. La élite de las fuerzas confederadas, el Ejército del Norte de Virginia, las utilizaba cuadradas.

Este símbolo tan poderoso ha tenido significaciones distintas a lo largo de la historia. Inicialmente se consideraba el simple reflejo de un momento histórico, de la heroica lucha de los sureños y de la pervivencia de su orgullo y de su legado a pesar de la derrota. Sin embargo, todo comenzó a cambiar cuando empezó la lucha por los derechos civiles a partir de los años 50 del siglo XX, porque grupos de supremacistas blancos comenzaron a utilizarlo como un símbolo contrario al movimiento negro y, en muchos sectores, comenzó a visualizarse desde entonces como un elemento racista. La percepción hoy en día sigue siendo controvertida: en una encuesta realizada en 2015 entre los estadounidenses, el 57% lo considera como un símbolo del orgullo sureño, sin connotaciones negativas. Sin embargo, en los estados del Sur, la percepción entre negros y blancos varía sustancialmente: el 75% de los blancos lo considera un símbolo positivo, un simple recuerdo del orgullo sureño y de la guerra, mientras que el 75% de los negros lo valora como un elemento racista. No siempre ha sido así: en los años 60 y 70 grupos de izquierdistas sureños que estudiaban en el Norte lo utilizaban como símbolo de orgullo regional. También distintos grupos musicales, particularmente de rock&billy, lo han usado y lo usan con profusión, lejos de cualquier intención racista (recuerdo un concierto del grupo “Los Rebeldes” en Avilés con cientos de banderas de combate confederadas entre el joven público, así como el emblema del cantante Loquillo, inspirado en dicha bandera). Incluso hay algunos colectivos de personas afroamericanas que la utilizan para afirmar su herencia confederada, porque tuvieron ancestros que sirvieron en las filas rebeldes.

En todo caso, hoy en día tiene cada vez más connotaciones negativas. No se exhibe ni se vende en las fachadas ni en las tiendas de los principales museos sobre la Guerra Civil en los EEUU y es sustituida allí por la primera bandera nacional confederada que no tiene ese impacto, ni visual ni simbólico. De hecho, es difícilmente identificada como tal por la mayoría de la población.

Sin embargo, desde hace años, esta bandera también ha asumido el carácter de representar el nativismo, la “defensa de la tierra”, de las tradiciones rurales estadounidenses, del mundo del campo más apegado a los valores tradicionales… y así, se advierte su exhibición en algunas pequeñas localidades fuera del Sur, particularmente en el noroeste de los EEUU. Como vemos, pervive la identificación de la Confederación con el agrarismo y la tradición y, por eso, no me ha resultado extraño que estuvieran presentes en el asalto al Capitolio.

Sin duda alguna, es uno de los símbolos históricos que más mensajes diferentes consigue transmitir.

Curiosamente el Partido Demócrata defendía la esclavitud y el supremacismo blanco, mientras que el Partido Republicano nace precisamente para evitar que se expanda la esclavitud…¿Por qué ignoran y silencian este hecho los grandes medios?

Hoy en día el Partido Demócrata, la fuerza política más antigua en el mundo, se identifica con la defensa de las minorías y de los derechos civiles. Sin embargo, a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX era la formación política que representaba los intereses de los esclavistas y de los supremacistas blancos en el Sur. Sin embargo, el Partido Republicano se creó en 1854 para frenar la expansión de la esclavitud a las nuevas tierras que se estaban abriendo en el Oeste y era esta formación política la que defendía los derechos civiles y políticos de los negros en el Sur en la postguerra, frente a los blancos racistas que encontraban amparo en el Partido Demócrata. Sin embargo este posicionamiento político comenzó a cambiar radicalmente tras el comienzo de las luchas por los derechos civiles a mediados del siglo XX, cuando los demócratas asumieron la defensa de las minorías.

Si no conocemos la historia difícilmente podemos percibir las principales claves del presente. Hemos de mirar hacia atrás para saber en qué dirección nos estamos moviendo. Si la historia no fuera un arma política colosal, no habría tanto empeño por escribirla en un sentido u otro. Indudablemente, el debate político actual también se extiende a la visión que se tiene del pasado para intentar condicionarla. En muchas ocasiones, no solo en los EEUU, por supuesto, se prefiere transmitir una idea maniquea y pueril de acontecimientos históricos muy complejos que requieren de grandes análisis y matizaciones, normalmente con la intencionalidad política de deslegitimar al adversario.

¿Le sorprende que incluso se comiencen a derribar estatuas de Abraham Lincoln en los EEUU?

Cada vez se extiende más la tendencia a valorar el pasado conforme a los esquemas mentales y morales del presente, que cada vez son más rígidos e intransigentes en muchos sentidos. Cualquier día – y no quiero dar ideas- nos lanzaremos a derribar las estatuas de monarcas absolutistas que tenemos en las calles de Madrid porque no se acomodan a los valores democráticos del momento. O a censurar a Platón, Aristóteles, a Séneca, a Cicerón… por defender las bondades de la esclavitud. Y así sucesivamente. En este contexto, hemos de decir que Abraham Lincoln fue un líder político colosal que consiguió mantener la unidad de su país haciendo frente a una situación muy, muy dramática y compleja y que también acabó con la esclavitud. Incluso, al final de su vida, abogaba por el reconocimiento del derecho al voto a los afroamericanos. Indudablemente merece figurar entre los grandes héroes, no solo de los EEUU sino de la humanidad, y así ha sido reconocido… hasta ahora. Y es que, si valoramos a Lincoln conforme a estos puritanos esquemas morales que algunos pretenden aplicar a los personajes históricos, y atendemos a sus discursos públicos de 1858, en los que manifestaba estar dispuesto a transigir con la existencia de la esclavitud allá donde esta práctica ya existiera, se oponía a los derechos políticos de los negros y era partidario de que estos retornaran a Africa… pues la conclusión es que también era un personaje censurable por racista. Este planteamiento me parece tan ridículo como infantil.

La Confederación intentó que España la reconociera. ¿Qué relaciones mantuvo España con los sureños?

No nos olvidemos que en aquellos momentos España y los Estados Confederados de América eran vecinos puesto que Cuba, Puerto Rico e incluso Santo Domingo formaban parte de nuestro país y las relaciones eran muy estrechas. Cuba se convirtió en una de las bases más importantes de llegada y salida de los blockade runners, los veloces barcos sudistas que eludían el bloqueo naval unionista a las costas confederadas. En la ciudad de Nueva Orleans hubo tensiones importantes entre el cónsul español y las fuerzas yankees que la habían ocupado. La Confederación intentó en diversas ocasiones, en 1862 y 1863, que España la reconociera en la comunidad internacional de estados. En mi libro me refiero al encuentro entre el enviado confederado y nuestro ministro de Asuntos Exteriores y explico la postura de España a lo largo de los años. También al embajador español en Washington, una persona muy culta y de gran perspicacia política. Asimismo expongo la existencia de españoles confederados,  que una de las últimas batallas de la Guerra Civil estuvo a punto de lucharse en Galicia, o que el general más culto de la Confederación era un apasionado de España y de los españoles y publicó un libro, todavía no traducido al español, en que nos pone por  las nubes…

Por cierto, el general unionista que ganó la batalla de Gettysburg, la más importante luchada nunca en el continente americano, era de Cádiz. Y el almirante federal más famoso, todo un héroe para la Unión, era hijo de menorquín.

Suele ocurrir en la historia en general que el bando de los “malos” es el más atractivo, el que tiene símbolos y uniformes con mejor estética, los soldados más valientes y los mejores generales. Lo mismo parece ocurrir en el caso de la Guerra de Secesión en la que el Sur es oficialmente el bando “malo”. ¿Por qué sucede este fenómeno?

Permítame que matice lo de “malo” y “bueno”. La Confederación se basaba en la defensa de la esclavitud y el supremacismo blanco y, como católico, claro está, no puedo afirmar que su causa fuera la justa.  No obstante, la mayoría de la población sureña eran pequeños granjeros empobrecidos. En el conjunto de los estados esclavistas solo el 26% de la población era propietaria de esclavos y en los estados que se unieron a la Confederación solo el 31% poseía esclavos. Y de estos, la mayoría, era titular de uno o de dos. Los grandes plantadores propietarios de decenas de esclavos eran una minoría. Hubo muchos confederados que lucharon de buena fe, no en defensa de la esclavitud, sino porque se consideraban invadidos por una potencia foránea. También es cierto que muchos de los que no poseían esclavos tenían auténtico pavor a las consecuencias que podría tener la emancipación de los negros en sus comunidades… Sus motivaciones para la lucha son complejas.

Al mismo tiempo, en el Norte el racismo no estaba tan extendido como en el Sur. La mayoría de los norteños rechazaba la esclavitud porque consideraba que impedía un desarrollo económico equilibrado para su país y pretendían coartar la expansión de esta práctica hacia el Oeste. Paulatinamente, novelas como “La cabaña del tío Tom” también les hicieron recapacitar sobre los aspectos humanitarios de la cuestión. Pero el que rechazaran la esclavitud ni mucho menos quiere decir que todos los norteños estuvieran de acuerdo con la igualdad racial o el reconocimiento de los derechos civiles y políticos a los esclavos liberados.  Hablo en términos generales, puesto que los abolicionistas a ultranza, considerados como radicales incluso en el Norte en aquella época, sí que admitían esto.

Dicho esto, el atractivo especial que suscitan los confederados, al margen de la valoración moral que nos merezca su causa, creo que se debe a que supieron mantener su orgullo en la derrota total, también a que algunas de sus unidades militares, como el Ejército del Norte de Virginia, comandado por el general Lee, merece figurar en los anales de la historia militar por sus grandes logros. Entre las filas rebeldes hubo personajes míticos y muy atractivos como el afamado “Muro de Piedra” Jackson, uno de los mejores tácticos de la historia, un hombre muy religioso, que asemejaba un profeta bíblico y de quien se decía que “vive conforme al Nuevo Testamento aunque combate conforme al Antiguo”. Canciones como Dixie, Southern Soldier… también resultan muy evocadoras y atrayentes… así como las banderas y uniformes. En cuanto a estos últimos, resulta curioso el interés que suscitan tanto los elegantes oficiales con sus uniformes grises con lazos austriacos como los desarrapados soldados con sus desastrados uniformes butternut mezclados con ropas civiles. Otro símbolo poderosísimo al que dedico un apartado especial es el grito rebelde, el rebel yell… En fin, creo que todo esto, sumado a la épica que subyace, tiene un magnetismo muy especial.

Cómo consiguieron en Estados Unidos que después de la guerra civil el Sur volviera a reengancharse al patriotismo norteamericano, ¿en lugar de quedarse anclados en un nacionalismo resentido y estrecho?

Responder a esta pregunta merece otro libro. Por destacar algunas ideas básicas muy esenciales, creo que es oportuno destacar que la guerra solo presentó características de auténtico conflicto civil entre vecinos en algunas zonas fronterizas como Misuri, Kansas o Kentucky, donde estaba más extendida la lucha guerrillera y las pendencias políticas se superponían en muchas ocasiones a las rencillas personales. No hubo grandes persecuciones ni matanzas de civiles con carácter generalizado, por lo que no se despertaron tantos odios como en otros conflictos de este tipo. Después de la guerra solo fueron ejecutadas dos personas por los federales (al margen de los implicados en el asesinato del Presidente Lincoln y los ataques contra el Vicepresidente y el Secretario de Estado) y la mayoría de los exiliados sureños retornaron al poco tiempo. Tras finalizar la etapa de la Reconstrucción en 1877, los blancos mantuvieron la supremacía en el Sur sin apenas interferencias del Norte. Hemos visto como la mayoría no tenían esclavos antes de la guerra y su preocupación fundamental era mantener este supremacismo blanco, por lo que, una vez conseguido, dejaron de percibir al Norte como una amenaza. Además tuvieron la oportunidad de exhibir sus símbolos confederados, de escribir la historia y de organizar actos masivos de homenaje a los caídos y a los veteranos que constituían auténticas liturgias laicas que fomentaban el orgullo sureño. Figuras muy importantes, como el general Lee, abogaron por la reconciliación nada más terminar el conflicto y tuvieron un papel muy importante en el Sur hasta acabar convertidos en héroes para toda la nación. Conflictos como la guerra contra España y la I Guerra Mundial también ayudaron a unir a todos los estadounidenses en una empresa exterior común y a fomentar el patriotismo y la unidad. Por supuesto, el éxito económico, político y militar de la empresa colectiva que suponen los EEUU supone un gran acicate para sumarse a la misma de manera entusiasta.

Le recomiendo otra película de John Ford, la que era su favorita, que refleja muy bien esta reconciliación sin olvidar las raíces y la mística confederada: “The sun shines bright”, estrenada en España como  “El sol siempre brilla en Kentucky”, impagable por su calidad cinematográfica y los valores que trasmite.

¿Cree que el Sur representaba una idea política quizá más cercana al mundo hispánico tradicional, basada en conceptos como el honor o la caballerosidad frente al mercantilismo casi multicultural del Norte?

Antes de la Guerra Civil los sureños estaban obsesionados con Cuba. Pretendían crear un imperio esclavista en el Caribe y ansiaban la anexión de la isla. Durante el conflicto pretendieron transmitir a las autoridades españolas que renunciaban a cualquier pretensión expansionista buscando el reconocimiento de España. Uno de los aspectos en que basaban sus pretensiones de reconocimiento era la similitud entre la organización social cubana de la época y el Sur. También apelaban precisamente a esto que usted refiere, intentando suscitar el apoyo de aquellos sectores más conservadores, no solo en España sino también en el resto de Europa. Desde este punto de vista se esforzaron en transmitir esta idea, y siguieron haciéndolo todavía más después de la Guerra Civil. Indudablemente el Sur era una sociedad agraria y tradicional, mucho menos dinámica que el Norte y en este sentido entroncaba más con la España del momento, que también era predominantemente agraria y cuyo desarrollo industrial estaba retrasado con respecto a los países del norte de Europa. Si bien las diferencias culturales y religiosas eran muy notables entre los españoles y los sureños de la época, no es menos cierto que el honor, la caballerosidad, la espiritualidad y la valentía hispana fueron ensalzados por nuestro amigo, el general confederado Johnston Pettigrew, que abogaba por una alianza entre ambos países por considerar que compartían esos elevados valores.

Por Javier Navascués



Categorías:BIBLIOTECA Y CITAS, Entrevistas

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