La verdadera historia del etarra De Juana Chaos: maqueto y descendiente de falangistas y militares


José Ignacio Iñaki de Juana Chaos

El sanguinario terrorista se crió jugando al fútbol con hijos de guardias civiles en Legazpia. Fue distinguido por el Ayuntamiento de Madrid por apagar un incendio. José Ignacio Iñaki de Juana Chaos (Legazpia, 1955), uno de los terroristas más sanguinarios de ETA, es hijo de falangista y de hija de militar gallego; además de sobrino de falangista. Jugó y creció con hijos de guardias civiles; e incluso fue condecorado por el Ayuntamiento de Madrid por su participación en la extinción de un incendio cuando hacía la mili, antes de que a principio de los ochenta iniciara su repugnante carrera terrorista.

De Juana estudió Enfermería e hizo la mili, en Alcalá de Henares.Por culpa de una huelga de bomberos en Madrid su unidad militar tuvo que extinguir un incendio. Aquello le valió una mención del ayuntamiento (1977). De vuelta al País Vasco, se enroló en la incipiente Ertzaintza (segunda promoción). Fue uno de sus agentes más fugaces. Pocos meses después, en 1983, huyó a Francia tras ser descubierto en un robo de armas de un cuartel de la Policía vasca. De Francia saltó a Argelia, donde fue adiestrado por el brasileño Carlos Marinuela.

José Ignacio Iñaki de Juana Chaos, uno de los terroristas más sanguinarios de ETA, es hijo de falangista y de hija de militar gallego; además de sobrino de falangista.

En 1986 se hizo cargo del comando Madrid, participando hasta su detención, en 1987, en 25 asesinatos. Una de sus peores matanzas fue el ataque a un convoy de agentes en prácticas de la Guardia Civil (julio de 1986) en Madrid. Murieron 12 agentes y 45 personas resultaron heridas. Antes había asesinado al coronel Vicente Romero y a su chófer, el soldado Juan García Jiménez. También al vicealmirante Fausto Escrigas. Y al norteamericano Eugene Kent Brown, que paseaba cerca de un coche-bomba que De Juana hizo explotar al paso de un furgón de la Guardia Civil.

Con otro coche-bomba mató a cinco agentes de la Guardia Civil. Un mes después, ametralló al comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas, al teniente coronel Carlos Vesteiro y al soldado Francisco Casillas. Veinticinco muertes. Cuanto odio para un maketo, sin pizca de “rh vasco”. Un hijo de castellano, Daniel de Juana Rubio, incluso con reconocido pasado franquista, que se dedicó a salvar vidas. Su madre, Esperanza Chaos, era hija de militar. Daniel de Juana Rubio era médico, nació en Miranda de Ebro (Burgos). Una declaración jurada suya –firmada en Oyarzun el 30 de junio de 1940– relata sus servicios prestados a los nacionales en la Guerra Civil. Su vinculación a Falange data del 1 de enero de 1935. Se convirtió en oficial médico en el Ejército de Franco, en los frentes de Somosierra (como voluntario de las falanges de Álava) y luego en Extremadura, así como en los campos de concentración de Haro.

Por sus destacadas actuaciones fue condecorado con el Emblema de Honor Individual de la División 74 y con la Medalla Militar Colectiva de Somosierra. Y distinguido en 1938 por las operaciones en el Frente de Extremadura. Daniel de Juana Rubio fue condecorado con una Medalla de campaña, dos cruces rojas y una cruz de guerra. De todo ello da fe un carné de Falange Española y de las Jons expedido el 16 de octubre de 1943 donde aparece sonriente a sus 35 años.

Años después de la Guerra, Daniel de Juana Rubio contrajo matrimonio con Esperanza Chaos, que había nacido en los años veinte en Tetuán, capital del protectorado español de Marruecos, y que era hija de un militar destinado allí. El matrimonio se trasladó a Legazpia (Guipúzcoa) donde De Juana padre se empleó como médico del empresario Patricio Echeverría Elorza (conde de Echeverría de Legazpia en el franquismo), propietario de una gran acería guipuzcoana.

La casona donde nacieron y vivieron los dos hijos del matrimonio, Altamira y José Ignacio, estaba junto a la casa cuartel de la Guardia Civil en el pueblo. De niño Iñaki de Juana jugaba al fútbol con los hijos de los guardias civiles. Un cuerpo con el que años después se ensañaría con la mayor crueldad. Aún peor, su hermana Altamira fue la esposa (actualmente divorciada) de Jesús María Herrera, hijo del comandante del Ejército José María Herrera, asesinado por ETA en 1977, antes de su alistamiento en la organización terrorista.

Si el padre era falangista desde 1935, su tío Luis de Juana lo era dos años antes, fue jefe local y administrador de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en Miranda de Ebro. 

Atentado en la Plaza República Dominicana (1986)


DOS MUJERES CONTRA EL ODIO

Todas las tardes, dos mujeres mayores se sientan frente a frente en el salón de un piso del barrio de Amara de San Sebastián. Son vecinas y consuegras. Una de ellas le va dando con una cucharilla y mucha paciencia un yogur de café a la otra, enferma de Alzheimer. La primera es viuda de un comandante asesinado por ETA en 1977. La segunda es la madre del terrorista Iñaki de Juana Chaos. Madrid otorgó en 1977 a De Juana un diploma por su «valiente lucha» contra un incendio. El padre del terrorista hizo la guerra con las tropas de Franco y ganó Cuatro medallas. La escena se repite cada día durante el último año y medio hasta que, el 27 de enero, Esperanza Chaos Lloret muere. Tenía 83 años.

Esperanza Chaos, a la que en familia llamaban Nina, nunca justificó los crímenes de su hijo ni formó parte del colectivo de apoyo a los presos de ETA. Tampoco llegó a saber jamás qué o quiénes influyeron en él para que, a principios de los 80, abandonara su trabajo en la Ertzaintza y se fugara a Francia. Cuentan personas que la quisieron mucho que Esperanza se cayó redonda al suelo el 16 de enero de 1987 cuando le contaron que a su hijo lo acababan de detener en Madrid. La fotografía que al día siguiente vio publicada en los periódicos no se parecía en nada a las que de él guardaba en el álbum familiar. En ellas aparece de corbata  en el bautizo de su sobrina o jurando marcial la bandera española tras el periodo de instrucción en Alcalá de Henares.

El caso es que Esperanza Chaos jamás volvió a ver a su hijo en libertad. Ya por entonces viuda, inició una difícil carrera por mantener viva su relación con su hijo al tiempo que rechazaba una  y otra vez las invitaciones para integrarse en el colectivo de apoyo a los presos de ETA. La madre del terrorista más famoso recorrió más de 300.000 kilómetros en coche -le aterrorizaba el avión- para ver a su hijo preso. Su llegada a las distintas cárceles, según recuerdan funcionarios de prisiones, nunca pasó desapercibida. «Venía como a una boda, con anillos y collares, elegante y alegre, siempre educada y cordial con nosotros, nada que ver con el carácter frío ni la mirada agresiva del hijo ni mucho menos con la actitud desafiante de la mayoría de los familiares de presos de ETA». En una ocasión, un guardia civil, aun sabiendo a quién iba a visitar, se atrevió a pegar la hebra con ella. – De Tetuán, ¿eh? O usted es hija de funcionario o de militar. – De militar, agente. – Pues permítame que la acompañe.

Las dos ancianas están sentadas frente a frente. Una se quedó viuda el 2 de enero de 1977, a las ocho y media de la mañana. Tres pistoleros de ETA se apostaron frente a su marido, el comandante del Ejército José María Herrera, y lo acribillaron con disparos de metralleta en la misma puerta de su casa. Pasado el tiempo, el hijo del militar se casó con una muchacha llamada Altamira de Juana. La anciana enferma es precisamente la madre de Altamira y de Iñaki de Juana Chaos. Lo que une a estas dos mujeres, más  allá de la familia o incluso de la fatalidad de una vida marcada por ETA, es el interés común, tácito, de que el odio no prolongue el trabajo de las pistolas.

El País Vasco está lleno de historias así. Madres de hijos que matan y mujeres de hombres que mueren tejiendo una red invisible de afecto imposible de fotografiar, indetectable para el radar de los telediarios. Al día siguiente del fallecimiento de la madre del terrorista, las asociaciones vinculadas a los presos de ETA publicaron en Gara hasta 10 esquelas en su memoria. Una de ellas aparecía firmada por «Helena», la enigmática mujer de Bayona. En todas se refieren a Esperanza Chaos como «la madre de un preso político vasco». Tal vez ignorando, o tal vez no, que la única familia política de Esperanza Chaos era, lo que son las cosas, la viuda de un militar asesinado por ETA.

Fuente del Texto: elpais.com



Categorías:Memoria histórica

3 respuestas

  1. Todo lo que se ha Publicado aquí sobre el independentismo Vasco, sirve para el catalán. Lo que empezó como unas ciertas reivindicaciones, descontentos y folias hacia Madrid, ha terminado siendo una verdadera inmoralidad. A veces, no me reconozco como catalana.

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  2. Estas personas están enfermas.

    Solo necesitan una buena excusa para matar.

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  3. Ni tiene sentido el separatismo vasco, por ser fruto, primero, de una inmensa mentira fruto de unos hermanos locos; segundo, por ser un negocio donde pringa desde la Iglesia, hasta el narco, pasando por un grupo empresarial que una vez fue algo (poco), y hoy es nada. De ETA y del PNV sólo queda, aparte de sangre, dolor y miedo: mediocridad, islamismo invadiendo las Vascongadas, y un índice de natalidad arrastrado hasta para límites españoles.

    ¿En qué momento de Juana Chaos se torció, cuál fue el detonante? Su capacidad de odiar por encima de toda razón. A cualquier familia buena le puede pasar.

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