LOS MATAVIEJAS


“La muerte de un hombre es una tragedia. La muerte de millones es una estadística”  Iósif Stalin

“Si en España sólo votase la gente menor de 45 años,  Iglesias ya sería presidente del Gobierno”

Carolina Bescansa, podemita también con casplón

La colectivización de la muerte en estos meses de estado de alerta era el siguiente objetivo de una cultura creada para al exterminio de todos los valores de la existencia humana regentes en el devenir de buena parte de Europa desde hacía dos mil años. Liquidamos naciones porque son el último dique de contención frente a la globalización y su gobierno mundial sin rostro. Finiquitamos tradiciones porqué al vincularnos a la tierra de nuestros padres impiden la llegada del nuevo hombre ligth mundialista. Hasta la presente, las sociedades del descarte pudieron subvertir, no sin obstáculos, valores y creencias que protegían la vida de los no nacidos, decidiendo quién tenía derecho a la vida, como exigencia individual inalienable de sujetos libes. En estos días aciagos, el baremo esgrimido ya tan solo se argumenta bajo una eficiencia sanitaria de emergencia. Se trataba de no saturar los hospitales con pacientes octogenarios, improductivos todos ellos para la economía colectiva. En Islandia, y como botón de muestra, sólo se registran desde hace décadas entre uno y dos nacimientos por año con niños que padecen el síndrome de Down. Al mismo tiempo que se ocultan los ataúdes de los prescindibles, las terminales mediáticas del poder se afanan en mostrar los logros de una casta política que no tiene ni pajorela idea de lo que nos viene encima, mientras pasean su ignorancia con orgullo en horario de máxima audiencia. No nos engañemos: el orden natural ya había sido subvertido antes del estallido del Chinavirus; ahora se ha vuelto obscenamente visible.

El Marqués de Galapagar, Pablo Iglesias, afirmaba compungido semanas atrás que nadie podía estar preparado para una tragedia de tal magnitud. Más allá del petardeo de terraza y el pancarteo, los cutre-comunistas han demostrado que no dan la talla, como tampoco el gobierno del PSOE-RE. Si no sabemos contar muertos, ¡cómo para dar de comer a los vivos! Lo suyo es recitar como loros a Gramsci, Adorno o Chomsky y enchufar a las parientas en los Ministerios de Igualdad. Menuda paradoja esta, porque ahora sabemos que los españoles no somos iguales ante la vida y la muerte.

Si como nación no hemos sido capaces de fabricar mascarillas, equipos de protección individual, respiradores o tests, preparémonos cuando estallen las centrales de Ascó o Almaraz. No se salva ni el apuntador. O cuando Marruecos decida invadir Ceuta o Melilla, madaremos a la Legión con los Mausers de la Guerra del Margallo. Porque no se trataba de enviar un astronauta a la Luna, tan solo tener diseñados planes de contingencia para estos casos. Pero no, lo suyo era tramitar con urgencia la Ley de Libertad Sexual. Y para colmo de los despropósitos de un gobierno paralizado por los acontecimientos, el choteo de la compra de material defectuoso, la descoordinación institucional, las salidas de tono del inhabilitado Hornorable Torra o la aplicación rigurosa de una Ley Mordaza que encarcela a millones de españoles en sus propios domicilios mientras delatamos a nuestros vecinos como en tiempos de la Revolución Cultural. Porque con Franco no se podía votar, pero joder, nunca faltaron buenas cañas y chatos de vino en cantina, bodega o fonda. Que ni solas ni borrachas podemos llegar a casa con estos mendrugos comunistas 2.0.

Para mayor esperpento, Pedro y Pablo, que ayer se autopercibían como libertadores de la Humanidad, azote de la derechita cobarde y liberal, pasarán a la historia como los mataviejas, arrebatando tan escalofriante honor a José Antonio Rodríguez Vega.

 

SANDRA VENTURA



Categorías:Opinión

2 respuestas

  1. “Si en España sólo votase la gente menor de 45 años, Iglesias ya sería presidente del Gobierno”
    Carolina Bescansa, podemita también con casoplon

    Y si en España sólo votaran los mayores de 45, Pablo Iglesias estaría en la cárcel o recogiendo cartones por las calles.

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  2. La muerte de una sola persona, tenga la edad que tenga, no es una cifra, es una enorme tragedia. Así, la muerte de miles de personas es una gran tragedia ayumentada miles de veces, no es una fría estadística.

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