La Corona española y el control del comercio de la hoja de coca


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Durante todo el periodo de los virreinatos y sobre todo durante los siglos XVI y XVII el comercio de la lucrativa hoja de Coca fue uno de los principales negocios para los encomenderos españoles en América, para los caciques indios que suministraban los trabajadores indios a las “encomiendas” españolas y las minas de plata del territorio del Alto Perú, lo que hoy es Bolivia. (No hay que olvidar que los indios según las leyes españolas no eran esclavos sino en teoría trabajadores libres). Y también era un lucrativo negocio para la Corona que cobraba considerables impuestos sobre su venta.

La hoja de Coca era una planta de origen amazónico pero que era ampliamente conocida en la zona de los Andes desde tiempos de los Incas. Después de la Conquista española fue replantada masivamente en los valles de los Andes, sobretodo en la zona de Cuzco y lo que hoy es Bolivia. A los indígenas les encantaba el mascar continuamente hoja de coca ya desde tiempos de los Incas.

En 1567 el oidor español Matienzo afirmaba en una carta al Consejo de Indias, en Madrid, que el consumo y plantación de hoja de coca se había multiplicado por 3 en el virreinato de Perú y que  ”tratar de quitar la hoja de coca es querer que no haya Perú, que se despueble la tierra, que se vuelvan los indios a su infidelidad, es volverlos a la tiranía de los Incas, es hacer que no haya plata ni que ellos la saquen…”.

Es decir, estaba claro que los indios querían la hoja de coca y se afirmaba que sin ella no estarían dispuestos a trabajar en las lucrativas minas de plata de Potosí. Además los funcionarios españoles insistían en que la coca era un gran negocio para los encomenderos españoles y para los caciques indios. Si se prohibía el cultivo y consumo de coca eran previsibles grandes alteraciones y posibles revueltas de los indígenas.

 Así pues, la Corona autorizó la continuación del cultivo y consumo de hoja de coca. Desde la década de 1540 los encomenderos españoles, (muchos de ellos antiguos conquistadores) controlaban su plantación, habiendo formado lucrativas empresas y llevaban a cabo el comercio de la coca en colaboración con los “indios principales” o caciques, los cuales suministraban grandes cantidades de indios para los “trajines” o traslados de grandes caravanas con hoja de coca por amplias zonas del virreinato de Perú a cambio de una parte de los beneficios de la venta de coca que pactaban con las empresas de los encomenderos españoles.

Además todo este comercio con la coca dio pie a la formación de nuevos negocios de venta de vino (bebida traída de España que era al principio desconocida por los indios pero a la que éstos se aficionaron rápidamente) y todo tipo de mercancías para los trabajadores indígenas. Se calculaba que a finales del siglo XVI la producción de las principales zonas de cultivo cocalero como las de los valles de Sonqo, Suri y Oyune, ( y había muchas más zonas cocaleras), en Bolivia era de más de 1000 cestos anuales cada una por valor de miles de pesos, lo cual era una cantidad muy importante.

Todo este tema aparece bien explicado en el excelente libro “Visita de los valles de Sonqo”, publicado por la Sociedad Estatal del Quinto Centenario, en 1991. El libro, compilado por el historiador norteamericano John Murra recopila la documentación de la histórica “ visita” de los funcionarios españoles Diego Dávila de Cangas y Bartolomé de Otazu, al valle de Sonqo, al norte de La Paz, entre 1568 y 1570, en atención a la reclamación judicial de los señores indios de etnia Aymara que se sentían maltratados por los encomenderos españoles de la zona, a los que acusaban de no pagar adecuadamente sus servicios en relación con el comercio de la hoja de coca. El largo y exhaustivo recorrido aldea por aldea que recopila el documento de los dos funcionarios españoles que el libro recoge fue leído finalmente ante Felipe II en 1570 y Felipe II decidió que los señores indígenas tenían razón y ordenó que fuera atendida su reclamación económica.

Esta historia puede parecer algo árida, administrativa y aburrida pero es una magnífica demostración de que el Imperio Español concedía a los indígenas, por lo menos a los caciques la posibilidad legal de recurrir respecto a importantes materias (y lo hicieron muchas veces) contra ciudadanos españoles de Europa, y la Corona, si era necesario, les daba la razón. Es decir, todo lo contrario al racismo estricto de los posteriores imperios británico, holandés o francés.

La investigación, que recoge el citado libro, es además un testimonio histórico de gran interés, acerca de una multitud de datos sobre el funcionamiento colonial y económico de una importante área del Imperio español de América y sobre la composición etnográfica de esta zona.

RAFAEL MARÍA MOLINA

 

 

5 comentarios

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  2. Es importante aclarar, porque la mayoría de los lectores probablemente no lo sabe, que la coca no es una droga; La droga es la cocaína, que es la hoja de coca sometida a un proceso especial, y es por supuesto ilegal. Pero tiene uso medicinal, ayuda a combatir el mal de altura y a mucha gente le gusta mascar las hojas. No es ilegal. Se vende abiertamente en las tiendas y supermercados en los países andinos, y yo he probado la infusión de coca.

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  3. Por eso mismo, los ricos criollos, asociados en logias masonicas, en nombre de la “libertad”, dan el golpe de Estado, expulsan a los funcionarios reales y roban a las comunidades indígenas, a las universidades y a la Iglesia sus tierras:

    De ahora en adelante son ellos los que van a hacer la ley; y la van a hacer en su beneficio:

    Resultado: tiranía y pobreza de la mayoría de la población (la que no controla el gobierno, que son ricos hacendados y propietarios de minas)

    A esto es a lo que la masonería llama “progreso”

    (de unos pocos a costa de la mayoría).

    Mucha libertad, igualdad y fraternidad veo yo aquí.

    Demasiada.

    No sé por dónde se habrá quedado el “librepensamiento” .
    Missing in combat parece ser.

    (mejor que no pensemos, que los ilustrados nos quieren gilipoyas y serviles)

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