LIBRO: “CIUDADANOS – CRÓNICA DE LA REVOLUCION FRANCESA”


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Simon Schama (Londres, 1945) Caballero de la Orden del Imperio Británico, es un historiador de origen judío, experto en historia moderna. Profesor en la Universidad de Columbia, ha sido divulgador histórico en la televisión pública de Inglaterra, para la que ha realizado varias series, así como crítico de arte y cultura en «The New Yorker»

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Para hacernos una idea de la profunda cesura en la historia de las mentalidades que supuso la Revolución Francesa basten dos ejemplos: es el único momento en la historia de Occidente –ni siquiera la revolución marxista se atrevió– en el que se cambió la forma de pensar en el tiempo, introduciendo una nueva datación, y se quiso crear una nueva religión del Estado –los nazis solo harían algún tímido intento–, el culto de la razón y del ser supremo, y no por casualidad durante el Terror. La Revolución Francesa es universalmente reconocida como punto de inflexión histórica. Fascina la manera en que sus protagonistas fueron conscientes de ser y hacer historia: un ejemplo clave es el recurso al pasado, al mundo clásico.

Cónsules y nomenclatura

La Francia revolucionaria, como las 13 colonias americanas, se miró en el espejo de Grecia y Roma. Si estas quisieron ser confederaciones griegas, aquella prefirió emular la República Romana con su parafernalia, su nomenclatura, sus cónsules, etc. La continua referencia a las experiencias políticas participativas clásicas es piedra angular para la reflexión de amplio calado en pos de la idea del Estado y de la sociedad moderna. Y, además, la Revolución Francesa fue modelo para revolucionarios posteriores: es famosa la cita del primer ministro chino Zhou Enlai cuando, preguntado por la relevancia de 1789, contestó, sin duda sintiéndose parte aun del proceso histórico: «Es demasiado pronto para saberlo». La historia se plegaba en una flexión asombrosa que unía así contemporaneidad, pasado y futuro de todo proceso revolucionario y transformador de la sociedad, en una confluencia que tiene como vértice los vertiginosos años que median entre 1789 y 1815.

En 1989, coincidiendo con el 200 aniversario de la Revolución Francesa, se celebraron una serie de fastos académicos y políticos, irónicamente en otro año clave de la historia. En ese marco se publicó una serie de estudios que pretendía procurar una visión renovada de este tema. Tras diversas tendencias historiográficas, tanto marxistas como de microhistoria, el profesor de Columbia (entonces en Harvard) Simon Schama publicó un monumental estudio sobre la Revolución titulado, simple pero acertadamente, «Citizens» («Ciudadanos»). Traducido al castellano al poco de su aparición, el libro se recupera ahora de forma muy oportuna en la editorial Debate, a los treinta años de su escritura. Con ello se pone de manifiesto la vigencia de esta obra ya clásica e indispensable para conocer con detalle las circunstancias, precedentes, desarrollo y consecuencias inmediatas del gran proceso revolucionario que cambió la faz de la historia política y cultural de nuestro mundo. En su ponderada reseña en «The New Yorker», el imprescindible intelectual George Steiner, también judío como el propio Schama, elogió las soberbias descripciones de los momentos épicos y el panorama crítico que ofrecía por su «gusto refinado, capacidad de discernimiento y humanidad de sus juicios».

La obra muestra cómo se engendró una comunidad de “ciudadanos libres e iguales”, restaurando ideales de la antigüedad clásica y consagrando los derechos individuales, pero, paradójicamente, se produjo un Estado más fuerte, que tuvo tendencias totalizantes y totalitarias, también en lo policial, preludiando mucho de lo que ocurriría posteriormente hasta nuestras sociedades de masas. Sobrecoge aún leer las páginas sobre la Bastilla, el Terror o la Marsellesa, así como la descripción de las masacres colectivas, que, como apuntó Steiner, hablan de una «imperfección» en toda revolución: la paradoja de la violación de derechos en el proceso de liberación. Incluso panegiristas de izquierdas de las «Revoluciones» (Turner) como Gero von Randow han de admitirla.

Años vertiginosos

Schama se detiene en los antecedentes: en cómo la crisis económica, el endeudamiento por la aventura americana y el modo de vida de la corte y la administración, pero también el trasfondo de las nuevas ideas y del ideal cultural clásico, influyeron sobremanera en lo que ocurrió. Para Schama el «ancien régime» ya albergaba en sí el germen de la ideología y la violencia revolucionarias. En contraste, a partir de 1792, la crónica se vuelve veloz y casi vertiginosa. Pero fueron años así. Hay que recordar que durante un breve tiempo –casi 20 años– la Francia de la época pasó de la experiencia republicana al Imperio: en lo que su modelo, la antigua Roma, había tardado generaciones.

En suma, a tres décadas de su aparición, hay que decir que «Ciudadanos» se lee con verdadero placer intelectual y asombro ante la capacidad sintética y expositiva de Schama. Si a su pericia como historiador de la sociedad, la política y la economía se suman su inteligente valoración del contexto cultural y científico –de los vuelos de Montgolfier al pintor David– con una adecuada selección y comentarios de imágenes memorables, el viaje histórico que se presenta ante el lector será simplemente inolvidable.

Un comentario

  1. Otra milonga, lo de la Revolución Francesa. Dice que fue un modelo para revoluciones posteriores.
    Ya.
    O sea, hacen “su” revolución, guillotinan a los reyes, y a miles de nobles y adinerados , sólo porque miraban mal.
    Pero…. Héteme aquí, que poco tiempo después los mismos que recorrían las calles llamando a la revolución, permiten, nombran y aplauden a un emperador que se corona a sí mismo delante del Papa.
    Y que, por cierto, llevó a Francia a la ruina.
    Vive la France…!

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