FIDELIDAD DE LOS VASCOS A LOS REYES CATÓLICOS (2)


ESCUDO DE ARMAS DE GAMBOA EN RENTERÍA
ESCUDO DE ARMAS DE GAMBOA EN RENTERÍA

 

FIDELIDAD DE LOS VASCOS A LOS REYES CATÓLICOS (1)

FIDELIDAD DE LOS VASCOS A LOS REYES CATÓLICOS (2)

Los Reyes Católicos también tuvieron que hacer frente a las aspiraciones del rey francés Luis XI, que apoyaba a los portugueses de Juana la Beltraneja, y que de modo directo afectaban a las Provincias Vascongadas. La invasión de Guipúzcoa fue una amenaza latente cuando ese mismo año de 1476 reunió tropas en la frontera vascofrancesa para apoderarse de esta provincia.
Para contrarrestar estas intenciones, Ladrón de Guevara armó mediante levas marineras y artillería las naves de la Armada de Vizcaya que se habían construido a tal propósito, mientras que la reina reunió tropas en Bilbao en previsión de un ataque de las fuerzas francesas acumuladas en Bayona. Se encargaron cañones y toda clase de armas a los ferrones de Vizcaya, lo que se pagó con letras de cambio de Sicilia. Fue un ejemplo de admirable colaboración entre las Coronas de Castilla y Aragón.
Cuando el Ejército francés atravesó la frontera para efectuar el sitio de Fuenterrabía, pronto se demostró su fidelidad de los guipuzcoanos hacia los Reyes Católicos haciendo muy dificultosa su toma, hasta el punto que las tropas francesas la rodearon y castigaron sucesivamente Rentería, Oyarzun y San Sebastián. Después, regresando sobre sus pasos, volvieron a acosar a Fuenterrabía cuya defensa organizó Esteban Gago.
Pedro Vaca, el hombre de confianza de Juan II de Aragón y mentor de Fernando el Católico, movilizó tropas para acudir en socorro de esta plaza fuerte de Guipúzcoa. El ejército de Luis XI fue rechazado poco después.
Ante la vigorosa resistencia de Guipúzcoa contra los franceses, empezó a ser conocida esta provincia como “muralla defensiva de Castilla”, nada más y nada menos. Después, al ver la enorme importancia estratégica que tenía Fuenterrabía, fue agraciada por los Reyes Católicos en 1479 con una serie de privilegios mercantiles y fiscales en detrimento de Irún, menos importante en esta defensa, encargándose al vasco Diego López de Ayala la custodia de la plaza. Igualmente, se fortificó San Sebastián con murallas, algunas de las cuales todavía perduran en la actualidad.

Desde entonces, los Reyes Católicos manifestaron su gratitud a la provincia de Guipúzcoa en numerosas ocasiones, señalándola con predilección sobre otras tierras españolas, y sobresaliendo dentro de ellas la villa de San Sebastián, a la cual se nombró en 1489 como “la villa más noble y mejor de dicha provincia”.

Desde entonces, los Reyes Católicos manifestaron su gratitud a la provincia de Guipúzcoa en numerosas ocasiones, señalándola con predilección sobre otras tierras españolas, y sobresaliendo dentro de ellas la villa de San Sebastián, a la cual se nombró en 1489 como “la villa más noble y mejor de dicha provincia”.
También es conocido que se armaron una serie de buques en Vizcaya y Guipúzcoa, los cuales, partieron hasta Galicia, sometieron a estos reyes una serie de poblaciones rebeldes, pasadas a los portugueses, como pudo ser, por ejemplo, Pontevedra.
A medida que se consolidaban los Reyes Católicos en el trono, se fue haciendo más presente su acción en las Provincias Vascongadas, y los vascos se fueron integrados en las empresas militares y navales que sus monarcas proyectaron de forma universal. Fue muy importante la participación de los vascos en los Ejércitos españoles de la época, en los múltiples campos de batalla en la península y en el extranjero.
Se distinguieron en la Guerra de Granada, donde grandes señores vizcaínos habían trasladado la sede de sus linajes a las poblaciones andaluzas base de las operaciones, Úbeda, Baeza, Antequera, etc. García López de Arriarán y Juan de Lazcano fueron los capitanes de mar encargados de la custodia de las costas gaditanas y del paso del Estrecho.
A partir de 1480, los territorios vascos de Vizcaya y Guipúzcoa contribuyeron de forma destacad a la política internacional de los Reyes Católicos en Italia. Este año los musulmanes turcos conquistaron la ciudad napolitana costera de Otranto. Los Reyes Católicos reaccionaron organizando una armada entre sus súbditos de la cornisa cantábrica, donde las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya aportaron cerca de cincuenta naves. La expedición de socorro de Otranto partió desde Laredo y del Abra de Bilbao hacia Nápoles, bordeando Galicia y Andalucía, regiones que entregaron asimismo más naves para la empresa. Fruto de esta colaboración, la villa de Otranto fue recuperada para los cristianos por los Reyes Católicos.
En las Guerras de Italia, las tropas del Gran Capitán estaban llenas de nombres vascos: Juan de Iza fue colgado por saqueador; Juan de Lazcano fue el primero en la conquista de Tarento, como los fueron en el asalto a Monte Casino, en la batalla del Garellano, los capitanes Ochoa y Jordán de Arteaga, así como Martín Ruiz de Olaso en Seminara.
Un episodio característico del orgullo vasco fue el de Menoldo Guerri. Esta especie de condotiero en las Guerras de Italia se había encerrado en Ostia al frente de su hueste, en lucha contra el papa Alejandro VI. Éste solicitó la ayuda del Gran Capitán, verdadero árbitro de la política italiana, que intimaba a la rendición de los sitiados. La contestación del Guerri explica el valor y la predisposición de los vascos por la lucha, quien dijo:

“… que se acuerde que todos somos españoles y que no la ha con franceses sino con español, y no con castellanos sino vizcaíno.”

Quince navíos vizcaínos, con otras de la Armada Real, llevaron a Flandes a la infanta Juana para casarse con Felipe de Borgoña, al que tres cocas, vizcaínas también, llevaron de sus tierras del norte hasta Fuenterrabía.
Se distinguieron en las acciones navales del reinado, al mando de una flota guipuzcoana, el conde de salinas y Juan de Gamboa, sin olvidar que vascos fueron algunos piratas como Pedro de Bilbao y Juan de Ochoa, al primero de los cuales tuvieron que emplazar Reyes Católicos por haber robado una nao bretona. Por otra parte, la flota contra los corsarios del Cantábrico estaba dirigida por el maestro bilbaíno Juan de Arbolancha y el general lequeitiarra Íñigo de Artieta.
Un suceso curioso fue el de César Borgia, al huir de los Reyes Católicos, que le retenían preso en Medina del Campo, se llegó hasta puertos vizcaínos para pasar a Francia camino de Navarra y tuvo que hacerlo a escondidas porque los vascos se enfrentaron a él por considerarle enemigo de sus reyes, es decir, de Fernando e Isabel.
Sin duda, los vascos tenían ya una fama muy extendida de ser unos marineros de primera categoría, destacándose siempre en las batallas marinas que la Monarquía hispánica se veía obligada a entablar. La flota vizcaína estaba presente en todas las acciones navales del reinado de Isabel y Fernando, desde el océano Atlántico a las islas griegas, como a partir de 1492 lo estuvieron en la gran aventura de las Indias Occidentales.

A partir de 1480, los territorios vascos de Vizcaya y Guipúzcoa contribuyeron de forma destacad a la política internacional de los Reyes Católicos en Italia. Este año los musulmanes turcos conquistaron la ciudad napolitana costera de Otranto. Los Reyes Católicos reaccionaron organizando una armada entre sus súbditos de la cornisa cantábrica, donde las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya aportaron cerca de cincuenta naves.

El terrible Cantábrico en tiempos de los primeros Trastamara se convirtió en un lago para los pueblos de la costa española, los vascos en vanguardia, para la pesca hasta Terranova y para el comercio hasta Flandes y las ciudades hanseáticas. Se estableció un verdadero monopolio marítimo vizcaíno en todo el golfo, enfrentando victoriosamente a los ingleses en alianza con Francia, con lo que el País Vasco se une en el mar a la tradicional política internacional de Castilla. Todos los mareantes son declarados bajo protección real a petición de Martín Ochoa de Iribe, marino de Deva, en 1490.
Se llevaron a cabo importantes obras en los puertos de Pasajes, Gueteria y Bermeo. También en Bilbao, cuyo Consulado se fundó en 1511. Los nuevos astilleros de Basurto, Abando, Asñúa, San Mamés y otros en Guipúzcoa trabajaban a pleno rendimiento.
Fuenterrabía fue centro de importantes encuentros diplomáticos durante el reinado, como las negociaciones en las que participaron el conde de Osorno y el obispo de Palencia para arreglar problemas fronterizos. Y es que los vascos no sólo procuraron un magnífico servicio a los Reyes Católicos en su propio territorio, sino que también defendieron sus propios intereses en los más variados escenarios de lucha.
Además, los Reyes Católicos se rodearon de notables guipuzcoanos en su administración central, como sucedió en el Consejo Real, consejo consultivo del monarca de primer orden, donde destacó, entre otros, el doctor Francisco de Zuazola.
El renteriano Bartolomé de Zuloaga fue embajador y tesorero real, gran aportación hizo a la reina Isabel, a quien representó en la Junta de Guipúzcoa de 1475, para conseguir su adhesión frente a las intenciones de Juana la Beltraneja.
No fueron ajenos los vascos a la actividad diplomática de los Reyes Católicos. Ya en tiempos de Enrique IV, Juan Martínez de Berástegui era embajador de Inglaterra, país con el que los vascos, sobre todo los guipuzcoanos, mantenían antiguas e intensas relaciones, incluso con acuerdos comerciales que solían establecer de puerto a puerto. Juan Sainz de Andoain, que era gobernador de Guipúzcoa, cobraba una gratificación anual del puerto de Bristol.
Por esta razón, los Reyes Católicos confirmaron esos acuerdos con un auténtico tratado internacional que fue firmado en 1482, y nombraron embajador en Londres a Jofre de Sasiola, especialista guipuzcoano en asuntos mercantiles y, después, a otro vasco, Juan de Gamboa. Aquel tratado permitía a los guipuzcoanos declararse neutrales si Inglaterra y Castilla entraban en guerra. Es decir, la personalidad territorial de Guipúzcoa era muy tenida en cuenta por los Reyes Católicos, respetando sus propias instituciones de gobiernos y leyes forales, pero siempre integradas en la monarquía.
Otros embajadores vascongados de los Reyes Católicos fueron Pedro de Ayala en Escocia y Diego López de Haro en Roma, éste fue uno de los más brillantes diplomáticos de la época que tuvo gran influencia en la política italiana.
Fuenterrabía fue centro de importantes encuentros diplomáticos durante el reinado, como las negociaciones en las que participaron el conde de Osorno y el obispo de Palencia para arreglar problemas fronterizos.
El terrible Cantábrico en tiempos de los primeros Trastamara se convirtió en un lago para los pueblos de la costa española, los vascos en vanguardia, para la pesca hasta Terranova y para el comercio hasta Flandes y las ciudades hanseáticas. Se estableció un verdadero monopolio marítimo vizcaíno en todo el golfo, enfrentando victoriosamente a los ingleses en alianza con Francia, con lo que el País Vasco se une en el mar a la tradicional política internacional de Castilla. Todos los mareantes son declarados bajo protección real a petición de Martín Ochoa de Iribe, marino de Deva, en 1490.
En 1501, los Reyes Católicos otorgaron la carta real a las Encartaciones de Vizcaya, extendiéndose esta misma ley al Reino de Galicia, al Principado de Asturias y a villas y tierras de Álava y Guipúzcoa, poniendo fin la Guerra de los Banderizos.
Se llevaron a cabo importantes obras en los puertos de Pasajes, Gueteria y Bermeo. También en Bilbao, cuyo Consulado se creó en 1511. Los nuevos astilleros de Basurto, Abando, Asñúa, San Mamés y otros en Guipúzcoa trabajaban a pleno rendimiento.
Fuente: Blog Vascongados

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s