FIDELIDAD DE LOS VASCOS A LOS REYES CATÓLICOS (1)


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Batalla de Toro
Uno de los sucesos que marcaron la historia de los vascos tuvo lugar en 1469 en Valladolid, donde el rey Juan II de Aragón formalizó el matrimonio de los futuros Reyes Católicos, es decir, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Desde entonces, se empezaba a finalizar la recuperación de aquella “España pérdida” del desastroso 711.
Un año antes, en 1468, el rey de Castilla Enrique IV el Impotente había reconocido en los pactos de Toros de Guisando (Ávila) a su hermanastra Isabel de Trastamara como legítima heredera al trono de Castilla. Sin embargo, la voluntad de Enrique cambió en 1470 desentendiéndose de este pacto al formalizar el matrimonio de su hija Juana la Beltraneja con el duque de Guyena, hermano del rey de Francia Luis XI, incluyendo en dicho tratado la entrega de los territorios vascos al Reino de Francia.
No fue esta la única traición a los vascos por este rey. El año anterior, Enrique IV prometió la entrega de una serie de territorios vascos a uno de sus principales apoyos el conde de Haro y condestable de Castilla, Pedro Fernández de Velasco. Cuando, en 1470, los vascos conocieron que estas componendas suponían una segregación de los territorios de Vizcaya y Guipúzcoa, organizaron una comisión de procuradores para protestar ante el rey. Enrique IV tuvo que reconocer que no era legal esta separación y expidió una carta real en Segovia donde afirmaba que a pesar de formar parte de la monarquía, los territorios vascos “para siempre jamás” quedarían unidos a Castilla.

Guipúzcoa y Vizcaya también protestaron de forma enérgica ante la formalización de aquel matrimonio castellano-francés, declarando su fidelidad a Isabel la Católica. En 1474, Bilbao y todo el Señorío de Vizcaya abrazaron la causa de los príncipes Isabel y Fernando, frente a las pretensiones del marqués de Villena.

Guipúzcoa y Vizcaya también protestaron de forma enérgica ante la formalización de aquel matrimonio castellano-francés, declarando su fidelidad a Isabel la Católica. En 1474, Bilbao y todo el Señorío de Vizcaya abrazaron la causa de los príncipes Isabel y Fernando, frente a las pretensiones del marqués de Villena. Isabel fue reconocida como “señora de Vizcaya“, incluso como “reina de Bilbao“, por una Comisión que se le presentó en Aranda del Duero, donde juró los fueros y prometió ir a hacerlo en Guernica. Asimismo, Isabel prometió que nunca concedería ninguna de las tierras vascas a ningún noble en señorío, quedando éstas siempre adscritas a la tierra de Castilla, es decir, como tierras de realengo.
De esta manera, ningún noble vascongado se atrevería a arrastrar a Isabel I a las guerrillas de banderizos feudales, como así pretendían algunos nobles castellanos enemigos tan poderosos como Pedro Fernández de Velasco, Juan de Pacheco y Pedro Manrique. Por eso tuvo que enfrentase a los ambiciosos planes que preparaba en tierras vizcaínas el conde de Haro Pedro Fernández de Velasco. Otro importante señor cuyas actividades tuvieron que vigilar y limitar los reyes fue Pedro Manrique, que a pesar de ser castellano era conde de Treviño, tesorero de Vizcaya y de las Encartaciones. Más tarde, duque de Nájera, noble levantisco en una etapa y después uno de los mejores jefes militares al servicio de los monarcas.

Los Reyes Católicos encontraron en las Provincias Vascas una adhesión y una lealtad firme durante todo su reinado, a lo que ellos correspondieron con una preferencia y una compenetración que produjo beneficios muy positivos. Y es que para conservar sus fueros y libertades en integridad, los guipuzcoanos y vizcaínos sabían perfectamente que la manera más eficaz era la unión a la Corona real de Castilla.

Los Reyes Católicos encontraron en las Provincias Vascas una adhesión y una lealtad firme durante todo su reinado, a lo que ellos correspondieron con una preferencia y una compenetración que produjo beneficios muy positivos. Y es que para conservar sus fueros y libertades en integridad, los guipuzcoanos y vizcaínos sabían perfectamente que la manera más eficaz era la unión a la Corona real de Castilla. Muchas casa nobiliarias de origen vascón ya estaban situados en el reino castellano. Procedentes de tierras vascas eran los Estúñiga, que enseñoreaban grandes comarcas entre Arévalo y Plasencia, los Mendoza, Ayala, Guevara, Haro, Lazcano, Salazar, Arteaga, etc., al igual que muchas casas nobiliarias de origen navarro.
Esta protección real hacia los fueros vascongados se reforzó cuando al morir Enrique IV en 1474, Isabel la Católica fue proclamada en Segovia reina de Castilla. Por otra parte, Juana la Beltraneja por ser la hija de Enrique IV reclamó sus derechos al trono castellano y casó con el rey Alfonso V de Portugal, originando la Guerra de Sucesión castellana, en la que se enfrentaron los reyes de Portugal y Francia contra los reyes legítimos de Castilla.
Durante esta guerra sucesoria, la fidelidad de los vascos a los Reyes Católicos fue más que sobresaliente. Muchos fueron los ejemplos:
En 1475, las naves de estos reyes se enfrentaron contra los portugueses, aliados con los genoveses, en el estrecho de Gibraltar, por el control y vigilancia del mismo. En este combate naval sobresalieron tres grandes naos vascongadas: la Salazar, la Gaviota y la Zumaya; estas embarcaciones estaban al mando del guipuzcoano Juan Martínez de Mendaro, que murió en el combate.
A principios de este mismo año 1475, además, los procuradores de Guipúzcoa reunidos en junta ratificaron su adhesión y lealtad a los Reyes Católicos. Y, llegando casi a finales del mismo, fue tanto el agradecimiento que tuvieron estos reyes a Vizcaya, por el apoyo en esta Guerra de Sucesión, que concedieron al Señorío de Vizcaya el título de “muy noble y muy leal”, y le dieron el expresivo calificativo a esta tierra vasca de “rica joya de lealtad”, valoraron la misma repetidamente en el documento que lo acompaña, y exigieron que tal título se le diera siempre que a Vizcaya se la citara por cualquier acontecimiento o suceso.
Al año siguiente, en 1476, un contingente de unos 2.000 guipuzcoanos, al mando de Juan de Gamboa, defendía la causa de los Reyes Católicos en Burgos, ciudad tomada circunstancialmente por sus enemigos. El linaje de los Gamboa había dejado de ser ya una bandería en tierras vascas para formar parte de los apoyos de Isabel la Católica en su coronación y unión de las Españas.

Uno de los puntos culminantes de esta guerra sucesoria fue la batalla de Toro, librada en 1476 en Zamora, que ganaron con sus ejércitos los Reyes Católicos. En ella se destacó la brillante infantería vizcaína, famosa ya por su valor y experiencia, que tomó al asalto las aceñas de Herreros.

Uno de los puntos culminantes de esta guerra sucesoria fue la batalla de Toro, librada en 1476 en Zamora, que ganaron con sus ejércitos los Reyes Católicos. En ella se destacó la brillante infantería vizcaína, famosa ya por su valor y experiencia, que tomó al asalto las aceñas de Herreros. En aquella zona de fricción hispano-portuguesa se distinguió el alcaide de Castronuño, Pedro de Avendaño, de estirpe vizcaína. También tuvieron los guipuzcoanos un papel muy destacado en esta victoria, en la cual los portugueses se replegaron a sus tierras desde Zamora. De hecho, el protagonismo vasco en ella está adornado con una simpática anécdota por la cual un grupo de derrotistas pretendió secuestrar a Fernando el Católico y evitar así la lucha contra los portugueses. Enterados de este rumor los soldados vascos, marcharon con diligencia al campamento del Rey Católico, que estaba reunido con unos nobles y jefes militares castellanos, y al grito de “¡Daca Rey!” (¡Venid Rey con nosotros!) se lo llevaron con ellos para que continuara la campaña contra los lusitanos. El malentendido se deshizo, Fernando quedó libre y muy sorprendido de la sólida lealtad de los vascongados.
El rey Fernando instaló su Corte trashumante en Vitoria marchando a Bilbao el 18 de julio de 1476, otorgando a Bilbao las mismas ordenanzas otorgadas poco antes a Vitoria. Allí permaneció un mes, encargó que se armasen 30 naves, al mando de Ladrón de Guevara, y el 30 de julio, en Guernica bajo el tradicional árbol, juró los fueros. Poco después, en la villa de Segura, recibió el juramento de fidelidad de Guipúzcoa. La reina Isabel I confirmó como leyes del reino los acuerdo de la Junta General de diputados guipuzcoanos, celebrada en Usarraga, en 1480. Luego, desde su cuartel general en Vitoria se trasladó a Bilbao y Guernica, donde juró también los Fueros.
Fuente: Blog Vascongados

3 comments

  1. Se os ha olvidado poner que el Alcaide de Castronuño, Pedro de Avendaño, luchó en el bando de la reina Juana y el rey Alfonso V, siendo uno de los mayores rivales de los reyes Fernándo e Isabel.
    Pedro de Avendaño protagonizó uno de los episodios bélicos más terribles de la guerra de sucesión, al resistir durante 11 meses el sitio que los ejércitos de los reyes católicos impusieron sobre Castronuño.

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