JAVIER BARRAYCOA
Corrían los años 80 del siglo XX. Las sucesivas y aplastantes victorias electorales del PSOE tenían a la derecha española atenazada. Sólo la Cataluña de Pujol resistía en medio de la marea roja. Y el ABC no tuvo otra ocurrente idea que nombrar a Jordi Pujol como “español del año”. Algunos, ya por aquél entonces llamados profetas de calamidades, denunciamos la estulticia del periódico madrileño y considerábamos al aclamado “molt honorable” como el hombre más peligroso para España. El tiempo nos acabó dando la razón. Fue el propio ABC en el editorial del 20 de mayo de 1984, titulado “La campaña contra Pujol”, defendía a Pujol como incorruptible y denunciaba como falsa la acusación por el caso Banca Catalana.

También sabemos que el “admirado”, por la derecha, Aznar, abrió las puertas del “procés” con los pactos del Majestic. Desde el gobierno Aznar fluían millones para el Palau de la Música y un tal Millet los recibía con entusiasmo. Tendría que llegar Zapatero y prometer un nuevo estatuto que nadie pedía, para que ese “procés” empezara a coger velocidad. El caso es que todos los blanqueamientos al nacionalismo catalán se han pergeñado en Madrid. Y no sólo los blanqueamientos, sino también los ocultamientos. Se han ocultado las sociedades, como The Itaca Investment Trust, gestionada por Olaguer Pujol y relacionada con testaferros de D. Juan Carlos de Borbón. O, por poner otro ejemplo, Jordi Pujol Ferrusola transfirió casi nueve millones de pesetas en 2000 a una cuenta suiza de Zourab Tchkotoua, príncipe y empresario georgiano amigo de Juan Carlos I de Borbón vinculado a escándalos como el del caso Casinos.

Lo que tienen en común Jordi Pujol Soley y Juan Carlos de Borbón, no son sólo oscuros negocios comunes, sino que nunca será juzgados por sus desmanes y corruptelas económicas. El expresident de la Generalitat asistió a una comparecencia ante el Parlament de Catalunya, el 26 de septiembre de 2014, advirtió amenazantes obre las consecuencias de investigar su fortuna: “Si vas segando la rama de un árbol, al final caen las demás”. Era clarividente, para los que quisieran ver, que si él hablaba los fundamentos del Régimen del 78. Demasiadas conexiones de podredumbre existieron entre los gestores de la transición. Por eso, alguien determinó que la instrucción del caso Pujol fuera una de las más largas de la reciente historia judicial. Abarcó unos 12 años, desde la confesión del expresident en julio de 2014 hasta que el juicio ha quedado visto para sentencia a mediados de mayo de 2026.
La esperanza de vida el español medio, incluyendo el secesionista, es de 83 años. Alguien debió de pensar que si se retrasaba la instrucción, el “molt honorable” no llegaría a ser juzgado por ley de la naturaleza y, así, las amenazas de que cayera el árbol entero y sus ramas, no se cumpliría. Pero la ley natural tiene excepciones y Pujol ha llegado vivo con 96 años al final de la instrucción. Por tanto, alguien nuevamente decretó que estaba incapacitado para ser juzgado, o algo así. Leyendo entrelíneas se puede interpretar que se está intentando salvar la honorabilidad del actual régimen, pero ya no cuela. Recientemente, Pablo Iglesias sugería al gobierno de Pedro Sánchez -también convulsionado por las corruptelas- que convoque un referéndum no vinculante sobre la posibilidad de convertir España en una “República de nacionalidades”.

El Régimen del 78 no se lo creen la mayoría de los que están viviendo de él, o lucrándose a lo grande como Zapatero y sus vástagos (o vástagas que diría la Montero). Ellos han usado el régimen de la transición para montar sus macrochiringuitos y consolidar cuotas de poder inimaginables. Ahora que todo parece desmantelarse y ante la imposibilidad de ocultar el hedor de un sistema caduco, la huida hacia adelante se vislumbra: la República con la que han soñado incluso los independentistas. Mientras tanto, la derecha seguirá intentando sostener el barco de la “intocable” transición, dando gracias a la izquierda por perdonarles la vida. Gracias a Dios, nosotros nunca nos creímos nada de nada y no nos sentimos con la obligación moral de sostener ningún árbol, ninguna rama, ninguna Constitución. El Régimen del 78 caerá, es pura ley de la historia, la clave reside en quién tomará la iniciativa para configurar el nuevo régimen.
Categorías:DECADENCIA OCCIDENTAL, MEMORIA HISTÓRICA, OPINIÓN
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