LIBRO: “El Himalaya de mentiras de la memoria histórica” por Laureano Benítez Grande-Caballero


 

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EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA,

último libro publicado

por Laureano Benítez Grande-Caballero

 

Laureano Benítez era activista de izquierdas hasta que descubrió el gran engaño de las ideologías revolucionarias. Hoy en día es un fiel militante de la causa patriótica y religiosa. Prolífico escritor, autor de más de 30 libros y uno de los articulistas más activos. En su último libro, El Himalaya de mentiras de la memoria histórica, con la precisión y rigor que le caracteriza, refuta brillantemente las miríadas de mentiras vertidas por la inicua ley de la memoria histórica. El sábado 8 de septiembre fue uno de los oradores en la manifestación de Movimiento por España ante el Congreso de los Diputados, en donde presentó su libro y arengó a los presentes a defender la causa patriótica con valentía. En esta entrevista analiza de manera pormenorizada algunos de los principales aspectos de su libro.

 

¿Por qué un libro sobre la inicua memoria histórica?

La «Memoria Histórica» que los gobiernos de España quieren imponer como ideología oficial sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo es una gigantesca operación de lavado de cerebro, basada en un «Himalaya de mentiras» transmitidas a través de la enseñanza, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, cuyo objetivo es crear un antifranquismo que permita ilegalizar a los partidos identitarios y patriotas, y asegurar la hegemonía del pensamiento neomarxista de los partidos de izquierda que contribuya a la destrucción de España, siguiendo los dictados del Nuevo Orden Mundial.

Debido a que las nuevas generaciones no vivieron la España de Franco, y debido a que han sido adoctrinados alevosamente en una visión deformada y falsa de esa época por ese gigantesco lavado de cerebro, es muy posible que jamás puedan hacerse una idea correcta de lo que supuso para nuestra historia la enorme contribución de la España franquista. De ahí que la pretensión de esta obra es la de configurar algo así como un «testamento» de la España de antes; de la España que vivió con Franco su era de mayor paz, orden y progreso, antes de que su recuerdo se pierda para siempre, y antes de que la pretendida reforma de la inicua y totalitaria ley de Zapatero haga imposible la publicación de las obras que, como la mía, pretenden proclamar la verdad de los hechos.

En previsión de que ese totalitarismo censor se haga tenebrosa realidad en España, pretendo dejar constancia para la posteridad en este libro de cómo fue la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de la España anterior a la Transición.

Ya en la introducción habla del Ministerio de la Verdad, de Ingeniería Social, del Nuevo Orden  Mundial, las claves sin las que es imposible entender nada…

En efecto, ya que este alevoso lavado de cerebro en que consiste la «memoria histórica» es fruto de una ingeniería social que pretende arrasar nuestro pensamiento y nuestra conciencia injertando unos paradigmas culturales elaborados por el neomarxismo —multiculturalismo, feminismo, LGTBI, antipatriotismo, etc.—ingeniería que tiene su origen en el pensamiento globalista, mediante el cual el Nuevo Orden Mundial quiere desorganizar las sociedades, incubando una situación de caos y conflictos múltiples donde los Estados nacionales puedan ser destruidos sin piedad, para disolverlos en el futuro Gobierno Mundial. El antifranquismo que destila la «memoria histórica» es un hecho diferencial de la ideología globalista del NOM en nuestro país.

Esta ingeniería social puede explicarse mediante una frase acuñada por el siniestro Instituto Tavistock: «La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea».

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Usted pormenoriza todas las irregularidades y barbaridades de la Segunda República desde el 31 al 36, algo que silencian los supuestos defensores de una República democrática y pacífica….

Sí, ya que el eje fundamental de la «memoria histórica» es la gran mentira de afirmar que la República era un régimen legítimo y democrático. Porque la República no fue legítima, pues se instauró mediante el alevoso pucherazo electoral de las elecciones de 1931 —en las que ganó la monarquía de manera abrumadora—, pucherazo que puede considerarse un auténtico golpe de Estado. También careció de toda legitimidad el triunfo del Frente Popular en 1936, merced a otra alevosa manipulación del resultado de las urnas. Junto a estas ilegalidades, la izquierda revolucionaria desencadenó varios golpes de Estado —contra la Monarquía y contra la República— en 1917, 1930, 1933, y 1934.

Junto a su ilegitimidad, en esta obra se explica que la Segunda República gobernó mediante una legislación y una práctica antidemocráticas que recortaron gravemente los derechos ciudadanos, especialmente por lo que se refiere a sus constantes ataques a las derechas y a los católicos.

También detalla en su obra el holocausto católico, de los mayores que ha habido en la historia: violaciones, asesinatos, torturas, destrucción de edificios y patrimonio religiosos. En la memoria histórica se silencian todas estas aberraciones.

La persecución a la Iglesia no es un efecto colateral del régimen republicano, sino que estaba perfectamente diseñada de antemano, puesto que desde el triunfo republicano, a los pocos días de proclamarse, empezaron a dictarse las primeras medidas contra la Iglesia Católica: voluntariedad de la enseñanza religiosa, retirada de crucifijo de las escuelas, libertad de culto, disolución de los cuerpos eclesiásticos del ejército, declaración como laborables del Jueves y Viernes Santo, etc. Estas medidas se recogieron en la Constitución laicista de 1931

Pero, aparte de esta persecución de los derechos, en los días 11, 12 y 13 de mayo de 1931 ya se produjo un estallido anticatólico en Madrid y otras zonas del sur y del Levante, con asesinatos y actos vandálicos de quema de conventos e iglesias.

El holocausto se consumó a partir del 18 julio 1936.. En su obra «La persecución religiosa en España», Antonio Montero habla de 4.184 sacerdotes diocesanos ―incluidos 12 obispos y muchos seminaristas―, 2.365 religiosos y 283 monjas ―muchas de ellas previamente violadas―. El horror de estas matanzas puede comprenderse con un simple dato: en agosto de 1936 se mataba una media de 70 curas al día.

A estas cifras hay que añadir las víctimas laicas, con lo cual el resultado final se acerca a las 10.000. 3.911 seglares fueron masacrados por motivos como asistir a Misa, llevar un escapulario, o estar afiliado a la revista católica «El debate»; también fueron martirizados casi 1.000 seminaristas.

Fue tal la magnitud del desastre, que el historiador de nuestra guerra Hugh Thomas afirmaba que en ningún momento de la historia de Europa, y quizás incluso del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y todas sus obras.

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Ante tales circunstancias, ¿Se puede decir que el Alzamiento fue perfectamente legítimo?

Por supuesto. En mi libro afirmo taxativamente que el Alzamiento Nacional que acaudilló Franco no fue un golpe de Estado fascista contra un gobierno legítimo y democrático, sino contra un régimen frentepopulista que pretendía desarrollar en España una revolución comunista que convertiría a España en un país satélite de la Rusia soviética.

Al Alzamiento Nacional le amparaba el derecho de legítima defensa frente a una agresión dirigida por potencias extranjeras contra nuestro país, que además pretendía el exterminio de la España católica y conservadora.

Esta España, viendo gravemente amenazada su supervivencia ante las persecuciones y asesinatos de católicos y conservadores, se levantó en armas porque, de no haberlo hecho, habría desaparecido bajo el aluvión rojo.

Tras terminar la Guerra el Valle  de los Caídos fue un monumento de reconciliación, y no un mausoleo fascista a la memoria de un dictador, como la propaganda neomarxista nos quiere hacer creer.

Efectivamente, El Valle de los Caídos fue concebido por Francisco Franco como un mausoleo donde fueran enterrados cristianamente los fallecidos en la Guerra Civil española, pertenecientes a los dos bandos en lucha, por lo cual su verdadero espíritu es el de ser un monumento a la reconciliación nacional, siendo una completa falsedad afirmar que es un mausoleo franquista, un monumento al fascismo, porque Franco no levantó la Basílica con la intención de que fuese su sepultura. Si fue enterrado allí, fue porque el rey Juan Carlos I, de acuerdo con el Gobierno y el Ayuntamiento de Madrid, así lo decidió a los tres días de su fallecimiento.

Aparte de ser un Centro de reconciliación nacional, Franco quiso erigir en el Valle de los Caídos un monumento a la fe católica, que consta de una basílica y de un monasterio benedictino, edificaciones donde no existe absolutamente ninguna alusión a la victoria franquista, ni a la derrota de la España republicana, y que carece por completo de cualquier símbolo que pudiera ser calificado de franquista o de fascista, pues Franco no levantó el Valle para que fuera un centro de adoctrinamiento de su régimen, ni de celebración de la victoria. En su lugar, el complejo monumental contiene todos los principales símbolos, dogmas y principios de la fe católica, simbolizado por la enorme cruz de 150 metros que preside el conjunto monumental, considerada como la mayor del mundo.

También es falso el mito de que en la construcción del Valle participaron 20.000 presos republicanos, que trabajaron allí en condiciones de semiesclavitud…

Sí, otra mentira del «Himalaya», ya que solamente trabajaron allí unos 3.000 presos, durante solamente 7 años de los 19 que duraron las obras, y de manera totalmente voluntaria. Estos condenados redimían sus penas a razón de 6 días de condena por cada día de trabajo, cobrando el mismo sueldo que los obreros libres, con escuela gratuita y todos los seguros sociales, con poblados para que pudieran estar con sus familias. Un grupo no pequeño de presos continuaron trabajando allí después de recobrar su libertad.

¿Es académico y correcto decir que Franco trajo una dictadura?

El régimen franquista eliminó las libertades políticas, pero estas limitaciones afectaron especialmente a los que, bajo el disfraz de demócratas, eran puro totalitarismo: socialistas, comunistas, anarquistas y separatistas. Además, la democracia partitocrática que padecemos en la actualidad no es la única forma de sistema democrático, ya que también existe la «democracia orgánica», fundamentada en que todo individuo pertenece a una familia, un municipio y un sindicato, que son las tres instancias que verdaderamente representan a los ciudadanos, y no los corruptos y traidores partidos políticos, que anteponen sus intereses a los de la Patria y el Bien Común. Esa democracia fue la que tuvimos con Franco, durante la cual se sometieron a referéndum todas las Leyes Orgánicas fundamentales, cosa que no se hizo, por cierto, con la Constitución republicana de 1931.

Por otra parte, ¿qué se esperaba de Franco después de su victoria en la Guerra Civil? ¿Qué convocara elecciones para una nueva República, a las que pudieran presentarse los golpistas rojos de siempre, como si no hubiera pasado nada? ¿Volver a las andadas, en un país sumido en una espiral de odio y rencores, con las heridas abiertas? Ése no era el momento para más arriesgadas aventuras democráticas, por la sencilla razón de que entre los vencidos no había ningún demócrata.

Más bien, lo que necesitaba España era un largo período de orden, de disciplina, de autoridad, que nos procurara la estabilidad necesaria para que nuestro país —sumido en el desorden, la destrucción y la ruina postbélica— cicatrizara sus heridas y pudiera progresar en paz, abandonando su inveterado atraso. Y Franco lo consiguió, sin ninguna duda.

Reprimir el mal es un bien, y la gente vivía con libertad…

Las libertades del ser humano no se limitan solo al ámbito político, ya que éstas son solo una dimensión de la libertad humana, que opera a muchos niveles, se desarrolla en muchos planos y dimensiones, de las cuales la esfera  política es la menos importante. Por ejemplo, ¿qué libertad es más relevante: la de poder elegir la educación que deseamos para nuestros hijos, o la de votar a gente desconocida para que, una vez en el poder, gobiernen con arreglo a los intereses de su partido, muchas veces en contra del programa que ofrecieron en su candidatura, en oposición a los ciudadanos a los que dicen representar?

Durante el régimen de Franco disfrutamos de todas las libertades inherentes a la dignidad humana, excepto en lo que se refiere a las libertades políticas: cualquier persona que haya vivido bajo Franco, como es mi caso, puede atestiguar que la inmensa mayoría de los que vivimos en la España de Franco jamás tuvimos la sensación oprobiosa de vivir bajo una sanguinaria tiranía, ni mucho menos, ya que disfrutábamos de una inmensa panoplia de libertades. De ahí la abrumadora adhesión al Caudillo, y la nula oposición democrática que tuvo durante 40 años. A su fallecimiento, el 82% de los españoles mostraba adhesión al Caudillo, clara señal de que su mandato no había sido ejercido desde la tiranía y el totalitarismo.

Al morir Franco qué legado nos dejó …

Junto con el orden, la estabilidad y la paz, Franco llevó a España por las sendas del progreso más extraordinario, único en nuestra historia y en la historia del mundo.

Después de casi 40 años de gobierno, en el año 1975 España era un país prácticamente sin deuda pública —el 7% del PIB, frente al 113% actual—, con una presión fiscal muy leve —no había ni IRPF ni IVA—, con una renta per cápita que equivalía al 85% de la media europea; con una clase media poderosa, creada prácticamente de la nada; un país que era la octava potencia industrial del mundo, mientras que al comienzo de la era franquista éramos un país subdesarrollado, agrícola, atrasado; un país que en la década de los 60 había protagonizado el mayor milagro económico de la posguerra, sólo superado por Japón; un país que se modernizó con la construcción de escuelas, Universidades, pantanos, carreteras, viviendas sociales, hospitales…

Durante la época de Franco, la población española adquirió las coberturas del Estado de Bienestar y la Seguridad Social de que hoy disfrutamos: Seguridad Social, seguro de invalidez, pensión de jubilación, pagas extra, vacaciones pagadas, descanso dominical, sueldo mínimo interprofesional, subsidio de paro…

¿Quiere añadir algo más?

Para concluir, quiero hacer un llamamiento a todos los españoles de bien para que se movilicen con el fin de impedir la aprobación de la inicua nueva Ley de Memoria Histórica que las izquierdas y los separatistas están preparando, que supondrá penas de multa y cárcel a quien se le ocurra decir, por ejemplo, que Franco creó muchos pantanos. Será una ley totalitaria, antidemocrática y anticonstitucional, que nos privará de derechos fundamentales amparados constitucionalmente: libertad de opinión, de expresión, de cátedra, de investigación. Y luego tienen la desfachatez de llamar dictador a Franco.

Ante este gravísimo atentado a nuestras libertades, es necesario que el pueblo español se levante para evitar este atropello. También hago un llamamiento a que las nuevas generaciones pongan en duda críticamente las mentiras del «Himalaya» con el que quieren adoctrinarlas, haciendo un esfuerzo por investigar para encontrar la verdad de nuestra Historia, que es muy distinta a como se la han contado.

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Javier Navascués Pérez

2 comments

  1. Mañana leo la entrevista porque que diera una conferencia a los Diputados no entiendo para qué, si ellos, ni oyen, ni escuchan a los mejores sino viven de automentiras y embustes que se repiten unos a otros y no tengo ni idea como se puede entender uno con mentirosos compulsivos.

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