“Falset 1936. El Terror bajo Companys” por José Vernet Mateu


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La columna de la muerte

 

A medida que pasan los años, cuesta más y más representarse las escenas dantescas de la Persecución Religiosa de los años 1936 al 1939. Y sobretodo esta de Falset, ambientada espectacularmente en una por una tempestad de grandes proporciones que iluminaba con trágicos resplandores de los relámpagos la ya por sí apocalíptica noche. Y uno se pregunta “Si a nosotros, testigos de la persecución, nos van pareciendo irreales aquellos hechos, ¿ qué les pasará a los que hoy, por edad, ignorancia o desidia, nunca han mostrado el mínimo interés por aquellos tan luctuosos sucesos?”.
  
 El drama de Falset puede reducirse a cuatro fechas fatídicas:
   
   1ª.- El 12 de Agosto de 1936: Persecución, captura y muerte del Arcipreste y de los dos coadjutores de Falset y el Párroco de Riudecanyes, que huidos, al monte y perseguidos en toda regla con jaurías de perros y milicianos armados fueron al final literalmente “cazados” y masacrados en la Coma Fonda, en las estribaciones de la Mola, magnífica montaña que no se merecía ser testigo de aquella bárbara cacería. Los cuerpos de los sacerdotes quedaron insepultos en las asperezas del monte, hasta que un alma caritativa, arrastrando todas las consecuencias, les dio provisional sepultura “in situ”, a la espera de ser trasladados los cadáveres a tierra sagrada cuando amanecieran los días de la paz.
 
   Los nombres de estos mártires són:
Rvdo. Antonio Nogués Martí, Arcipestre, coadjutores Rvdos. Ramón Martí  Amenós y José María Sancho, que abandonaron la villa y fueron a refugiarse en una cueva de la “Mola”. Rvdo. Juan Sancho Rofes, natural de la Torre de Fontaubella y párroco de Riudecanyes, que se había juntado a los otros tres sacerdotes y sufrió con ellos el martirio, después de muchas penalidades.
 
   2ª.- La segunda fecha, 15 de agosto de 1936, es el día de la Asunción – Virgen de Agosto – Patrona de esta villa: Ese día los rojos conminaron a los falsetenses “bajo pena de tremendos castigos”, a quemar todos los objetos piadosos que poseyeran, en una enorme pira levantada en la plaza pública, mientras la iglesia parroquial, magnífico templo de proporciones catedralicias, era saqueado y destruidos sus altares, retablos barrocos, el órgano, una maravillosa custodia del S. XV, un copón gótico del siglo XIV y otras preciosidades artísticas. Las campanas fueron derribadas y empleadas como chatarra de fundición. La cruz de la esbeltísima torre-campanario que se erguía a 50 metros de altura y pesaba una tonelada, fue desmontada sañudamente. El maderamen que no fue pasto de las llamas fue vendido a quintales como leña para el fuego. Mientras tanto las patrullas armadas deambulaban por las calles para que nadie pudiera evitar las horribles profanaciones.
   3ª.- La tercera fecha fatal es el 13 de Septiembre de 1936, domingo. Desde primeras horas de la mañana los falsetenses notaron asustados un gran movimiento de gente armada que había llegado de fuera y excitaban todavía más a los gerifaltes “antifascistas” de la villa. Se trataba de elementos de la tristemente célebre Columna de la Muerte que, alardeando de combatir al fascismo en el Frente de Aragón, habían sembrado el pánico en las comarcas de la Terra Alta y la Ribera del Ebro. Aquellos desalmados, en número de unos cincuenta, desfilaron ostentosamente por Falset, alarmado al pacífico vecindario que nada bueno esperaba de todo aquello. El día se pasó en continua zozobra. Y al caer de la tarde se dió un público pregón prohibiendo salir de sus casas a la población atemorizada, bajo severísimas sanciones. Al mismo tiempo quedaban cerrados todos los accesos al campo y se daba la consigna de no dejar salir a nadie absolutamente del recinto de la villa. Simultáneamente se reclutaba aviesamente a una brigada de gente campesina para que acudieran con azadones, palas y cuévanos “para levantar un camión que se había despeñado”, según rezaba el pregón, y en realidad era para cavar una enorme zanja en el cementerio de la localidad.
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 A medida que pasan los años, cuesta más y más representarse las escenas dantescas de la Persecución Religiosa de los años 1936 al 1939. Y sobretodo esta de Falset, ambientada espectacularmente en una por una tempestad de grandes proporciones que iluminaba con trágicos resplandores de los relámpagos la ya por sí apocalíptica noche. Y uno se pregunta ” Si a nosotros, testigos de la persecución, nos van pareciendo irreales aquellos hechos, ¿ qué les pasará a los que hoy, por edad, ignorancia o desidia, nunca han mostrado el mínimo interés por aquellos tan luctuosos sucesos?”.
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 El drama de Falset puede reducirse a cuatro fechas fatídicas:
   1ª.- El 12 de Agosto de 1936: Persecución, captura y muerte del Arcipreste y de los dos coadjutores de Falset y el Párroco de Riudecanyes, que huidos, al monte y perseguidos en toda regla con jaurías de perros y milicianos armados fueron al final literalmente “cazados” y masacrados en la Coma Fonda, en las estribaciones de la Mola, magnífica montaña que no se merecía ser testigo de aquella bárbara cacería. Los cuerpos de los sacerdotes quedaron insepultos en las asperezas del monte, hasta que un alma caritativa, arrastrando todas las consecuencias, les dio provisional sepultura “in situ”, a la espera de ser trasladados los cadáveres a tierra sagrada cuando amanecieran los días de la paz.
 
   Los nombres de estos mártires són:
Rvdo. Antonio Nogués Martí, Arcipestre, coadjutores Rvdos. Ramón Martí  Amenós y José María Sancho, que abandonaron la villa y fueron a refugiarse en una cueva de la “Mola”. Rvdo. Juan Sancho Rofes, natural de la Torre de Fontaubella y párroco de Riudecanyes, que se había juntado a los otros tres sacerdotes y sufrió con ellos el martirio, después de muchas penalidades.
 
   2ª.- La segunda fecha, 15 de agosto de 1936, es el día de la Asunción – Virgen de Agosto – Patrona de esta villa: Ese día los rojos conminaron a los falsetenses “bajo pena de tremendos castigos” , a quemar todos los objetos piadosos que poseyeran, en una enorme pira levantada en la plaza pública, mientras la iglesia parroquial, magnífico templo de proporciones catedralicias, era saqueado y destruidos sus altares, retablos barrocos, el órgano, una maravillosa custodia del S. XV, un copón gótico del siglo XIV y otras preciosidades artísticas. Las campanas fueron derribadas y empleadas como chatarra de fundición. La cruz de la esbeltísima torre-campanario que se erguía a 50 metros de altura y pesaba una tonelada, fue desmontada sañudamente. El maderamen que no fue pasto de las llamas fue vendido a quintales como leña para el fuego.
   Mientras tanto las patrullas armadas deambulaban por las calles para que nadie pudiera evitar las horribles profanaciones.
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   3ª.- La tercera fecha fatal es el 13 de Septiembre de 1936, domingo. Desde primeras horas de la mañana los falsetenses notaron asustados un gran movimiento de gente armada que había llegado de fuera y excitaban todavía más a los gerifaltes “antifascistas” de la villa. Se trataba de elementos de la tristemente célebre Columna de la Muerte que, alardeando de combatir al fascismo en el Frente de Aragón, habían sembrado el pánico en las comarcas de la Terra Alta y la Ribera del Ebro. Aquellos desalmados, en número de unos cincuenta, desfilaron ostentosamente por Falset, alarmado al pacífico vecindario que nada bueno esperaba de todo aquello. El día se pasó en continua zozobra. Y al caer de la tarde se dió un público pregón prohibiendo salir de sus casas a la población atemorizada, bajo severísimas sanciones. Al mismo tiempo quedaban cerrados todos los accesos al campo y se daba la consigna de no dejar salir a nadie absolutamente del recinto de la villa. Simultáneamente se reclutaba aviesamente a una brigada de gente campesina para que acudieran con azadones, palas y cuévanos “para levantar un camión que se había despeñado”, según rezaba el pregón, y en realidad era para cavar una enorme zanja en el cementerio de la localidad.
   Cuando la población fue presa del pánico y las sombras de la noche podían amparar ya todo crímen, ” los columneros de la muerte- dice el folleto editado de 1940 que narra estos sucesos- acompañados de revolucionarios locales, empezaron a actuar, haciendo registros y detenciones de gente honrada, según la lista previamente confeccionada. La cara, el léxico, las maneras, las blasfemias de aquellas siniestras comisiones, eran algo aterrador. Los detenidos ya tenían decretada su suerte: ser asesinados. Les robaban de sus casas con el engaño de hacerles unas preguntas y después libertarles. La congoja y el terror se apoderaron de todo el vecindario. Si alguna casa se resistía a abrir, sus puertas eran echadas abajo a hachazos y golpes de mallo, entre furiosas imprecaciones. Los “ayes” de los familiares empavorecidos se mezclaban a los gritos de los asesinos y los truenos que retumbaban a lo lejos. Fue una noche en verdad apocalíptica, que dejó huellas imborrables en el rostro de muchas personas, que envejecieron ostensiblemente en pocos días, como si aquellas lúgubres horas hubieran durado diez años…
 
   Cuando no encontraban una persona buscada, se llevaban como rehén al padre o a la esposa u a otro allegado. En varias casas prendieron a la mujeres y éstas, con temple varonil, se negaron a traicionar a sus maridos, con entereza verdaderamente cristianas. Los aprehendidos eran conducidos a una casa que la voz popular apodó prontamente con el mote de ” Casa de Pilatos “. Allí se representaba la parodia de un Tribunal Popular que integraban al mandamás de la fatídica Columna de la Muerte y varios adjuntos de los Comités antifascistas de la localidad. Dice le folleto ya citado:”La vista de la causa era rápida e inapelable”. El acusado tenía muchos fiscales y ningún defensor. Los crímenes que se les imputaban eran, en síntesis, el de ser personas honradas. La mayor parte fueron juzgados y ajusticiados por su condición de católicos prácticos: algunos por sus ideas tradicionalistas (carlistas) o derechistas y a un corto número les condenó la envidia y el odio personal de sus enemigos.
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Monumento a los Caídos en Falset
 
   En pocas horas fueron juzgados y condenados 27 hijos de Falset: la mayoría de ellos muchachos jovencísimos, pertenecientes a la “Federació de Joves Cristians de Catalunya”. Sus nombres son: Tomás Alaix Gassó, fejocista, que murió dando vivas a Cristo Rey, Pedro Amorós Amigó, católico y ejercitante. Eusebio Aragonés Sabaté: católico, cabeza de familia, muy honrado. José María Bartolomé Rovira, empleado de Correos, buena persona, víctima de la envidia de sus enemigos. Luís Campás Genéex-presidente de los fejocistas, ejercitante, católico valiente. Ramón Cortés Pujol, empleado de banca, ejercitante, de trato amable con todos. Jaime Doménech Bes, dirigente fejocista, ejercitante, católico valiente, confesó hasta la muerte su Fe en Cristo. Rafael Doménech Munté, católico y tradicionalista. Edmundo Divorra Solé, fejocista, de una familia honradísima de la que tres varones perdieron la vida a manos de los sin-Dios. Salvador Estrem y Fa, escritor y poeta, legítima gloria de Falset y de las letras catalanas, que había cantado su amor al terruño y además había proclamado la Verdad sin respetos humanos. Basilio Ferré Marcó, trabajador incansable, víctima de la fobia de sus enemigos. Francisco Gassó Domingo, que se hallaba accidentalmente en Falset y allí fue detenido y fusilado por sus convicciones religiosas y derechistas. José Gassó Munté, ex-presidente de la Unión Social, de matiz católica. Antonio Gombau Pascó, católico, ejercitante valiente. Ignacio Llebaría Pascó, formaba parte del consejo directivo de los fejocistas, muchacho muy amable y al parecer sin enemigos. José Mallafré Crusat, también direigente fejocista; obrero cumplidor, le acusaron de afección a los patronos. José Marqués Betllevell: se presentó para salvar a su hijo, pero acusado de llevar el Santo Cristo en las procesiones, fue fusilado en la segunda tanda. Angel Marqués Muntané, hijo del anterior, presidente de los fejocistas. Murió con Luís Campás, amigo entrañable, confesando a Cristo Rey. José Martí Baldira, hombre bondadoso, que cumplía como buen católico, de ideas tradicionalistas. Juan Munté Borrás, jóven ejemplar, ex-presidente del grupo Mens Sana, aspiraba al martirio: fue un Tarsicio defendiendo la Eucaristía- Bautista Pallejá Anguera, comerciante, de carácter atractivo, supo conquistarse unas simpatías que encendieron la envidia de sus contrarios. Algo indiferente en religión, al ver a sus compañeros,Angel Marqués y Luís Campás, les rogó que rezasen más despacio, por que también el quería morir como ellos. Juan Rofes Sancho, cabeza de familia católico y tradicionalista. Enrique Rull Cortés, se le fusiló por tener un hijo que cursaba entonces carrera eclesiástica. Eugenio Rull Sabaté, hombre de pocas palabras, pero de hechos rotundos, había practicado Ejercicios Espirituales. Enrique Secall Gombau, aprehendido en el infame mitín de la Quartera, buen trabajador, fiel a sus amos. Artemio Vilaseca Anguera, víctima del odio que los rojos tenían a cualquier propietario.
   Los campesinos que fueron requeridos para ir a “levantar a un camión despeñado” en realidad fueron obligados a ir al cementerio y cavar allí una zanja de considerable longitud. Aunque llovía torrencialmente, les incitaban a llevar adelante su tarea, para que la zanza estuviera lista para su macabro fin.Mientra tanto, de la “Casa de Pilatos”,en donde realizaba la parodia del juicio de los falsetenses detenidos, iban llegando al cementerio, detenidos de dos en dos, los condenados, en camionadas sucesivas, para ser ametrallados sin compasión entre el fragor de la tempestad que arreciaba. Cuadro ciertamente digno de un Goya o un Valdés Leal el que debía ofrecer el Camposanto de Falset aquella noche de sangre y tinieblas, con las hachas de viento que iluminaban la escena a una con los relámpagos, y el crepitar de la ametralladoras entre los alaridos de júbilo infernal y los vivas a Cristo Rey… Tengo para mí que aquel espectáculo inaudito parecerá fruto de la calenturienta imaginación a más de uno de nuestros contemporáneos. Y no obstante, fue patética realidad una noche exacta: la del 13 y 14 de septiembre de 1936, en la  pacífica y señorial villa de Falset.
   4ª.- Pero el horror no había terminado: faltabas la 4ª fecha fatídica. Y a la mañana del día 14 se hizo un pregón conminando a todo el vecindario a declarar todas las personas ajenas a las familias que estuvieran en Falset, bajo pena de muerte. Y además, convocaron a toda la población a asistir a un gran mitin que se celebraría en la “Quartera”, evocadora plaza fortificado de rancio sabor antaño. Faltaba el escupitajo final sobre el charco inmenso de sangre: allí un energúmeno trató de explicar que habían ido a Falset a “hacer justícia (!!!) contra aquella raza ensotanada”, y para vengar ” las atrocidades de los fascistas de Caspe”. Arengó a las mujeres a que bordaran una bandera de la FAI mayor que la que tenían, aprovecharon el vergonzoso acto para detener a algunos de entre el público obligados a asistir y cerraron su hazaña con una espléndida comilona, dejando a la villa de Falset con la mayor herida abierta en su secular historia. El castillo ruinoso que domina la población, cuna según algunos de Margarita de Prades, esposa del rey Martín el Humano, debía contemplar horrorizado aquellas crueldades.
   El follleto que vamos siguiendo dice al llegar aquí: “Que una llaga tan viva no la verán cicatrizada los niños de hoy que mueran de viejos”. Erró el cronista, y ya hemos visto el tristísimo fin que tuvo el símbolo material que evocaba aquella hecatombe, el diario ABC en el mes de febrero de 1991, recoge el siguiente titular: ” El alcalde de Falset (Tarragona) arroja el monumento a los Caídos al vertedero municipal”.
   Además de los 27 asesinatos relatados, hubo otros 15 hombres, naturales de la villa, que fueron inmolados por los sin-Dios. No podemos detallar los circunstancias de sus muertes, pero sí consignaremos sus nombres gloriosos. Son:
 
José Amorós Amigó, Ricardo Bes Aguiló, José Bes Llebaría, Máximo Divorra Aragonés, enrique Divorra Solé, José Escoda Cabré, Rafael Fusté Borja, Angel Garreta Zanuy, Rafael Llabería Llabería, Francisco Llabería Llorens, Dalmacio Llabería Torné, Pbro. José Munté March, Hermenegildo Pellejá Borja, Juan Bautista Piñol y Enrique Punyet Barceló.
 
   Murieron resignados a la voluntad de Dios, perdonando a sus enemigos y dando vivas a Cristo Rey. Que buena falta nos hace,digo yo, que Cristo reine entre nosotros…
José Vernet Mateu
   Cuando la población fue presa del pánico y las sombras de la noche podían amparar ya todo crímen, ” los columneros de la muerte- dice el folleto editado de 1940 que narra estos sucesos- acompañados de revolucionarios locales, empezaron a actuar, haciendo registros y detenciones de gente honrada, según la lista previamente confeccionada. La cara, el léxico, las maneras, las blasfemias de aquellas siniestras comisiones, eran algo aterrador. Los detenidos ya tenían decretada su suerte: ser asesinados. Les robaban de sus casas con el engaño de hacerles unas preguntas y después libertarles. La congoja y el terror se apoderaron de todo el vecindario. Si alguna casa se resistía a abrir, sus puertas eran echadas abajo a hachazos y golpes de mallo, entre furiosas imprecaciones. Los “ayes” de los familiares empavorecidos se mezclaban a los gritos de los asesinos y los truenos que retumbaban a lo lejos. Fue una noche en verdad apocalíptica, que dejó huellas imborrables en el rostro de muchas personas, que envejecieron ostensiblemente en pocos días, como si aquellas lúgubres horas hubieran durado diez años…
 
   Cuando no encontraban una persona buscada, se llevaban como rehén al padre o a la esposa u a otro allegado. En varias casas prendieron a la mujeres y éstas, con temple varonil, se negaron a traicionar a sus maridos, con entereza verdaderamente cristianas. Los aprehendidos eran conducidos a una casa que la voz popular apodó prontamente con el mote de ” Casa de Pilatos “. Allí se representaba la parodia de un Tribunal Popular que integraban al mandamás de la fatídica Columna de la Muerte y varios adjuntos de los Comités antifascistas de la localidad. Dice le folleto ya citado: “La vista de la causa era rápida e inapelable”. El acusado tenía muchos fiscales y ningún defensor. Los crímenes que se les imputaban eran, en síntesis, el de ser personas honradas. La mayor parte fueron juzgados y ajusticiados por su condición de católicos prácticos: algunos por sus ideas tradicionalistas (carlistas) o derechistas y a un corto número les condenó la envidia y el odio personal de sus enemigos.
 
   En pocas horas fueron juzgados y condenados 27 hijos de Falset: la mayoría de ellos muchachos jovencísimos, pertenecientes a la “Federació de Joves Cristians de Catalunya”. Sus nombres son: Tomás Alaix Gassó, fejocista, que murió dando vivas a Cristo Rey, Pedro Amorós Amigó, católico y ejercitante. Eusebio Aragonés Sabaté: católico, cabeza de familia, muy honrado. José María Bartolomé Rovira, empleado de Correos, buena persona, víctima de la envidia de sus enemigos. Luís Campás Genéex-presidente de los fejocistas, ejercitante, católico valiente. Ramón Cortés Pujol, empleado de banca, ejercitante, de trato amable con todos. Jaime Doménech Bes, dirigente fejocista, ejercitante, católico valiente, confesó hasta la muerte su Fe en Cristo. Rafael Doménech Munté, católico y tradicionalista. Edmundo Divorra Solé, fejocista, de una familia honradísima de la que tres varones perdieron la vida a manos de los sin-Dios. Salvador Estrem y Fa, escritor y poeta, legítima gloria de Falset y de las letras catalanas, que había cantado su amor al terruño y además había proclamado la Verdad sin respetos humanos. Basilio Ferré Marcó, trabajador incansable, víctima de la fobia de sus enemigos. Francisco Gassó Domingo, que se hallaba accidentalmente en Falset y allí fue detenido y fusilado por sus convicciones religiosas y derechistas. José Gassó Munté, ex-presidente de la Unión Social, de matiz católica. Antonio Gombau Pascó, católico, ejercitante valiente. Ignacio Llebaría Pascó, formaba parte del consejo directivo de los fejocistas, muchacho muy amable y al parecer sin enemigos. José Mallafré Crusat, también direigente fejocista; obrero cumplidor, le acusaron de afección a los patronos. José Marqués Betllevell: se presentó para salvar a su hijo, pero acusado de llevar el Santo Cristo en las procesiones, fue fusilado en la segunda tanda. Angel Marqués Muntané, hijo del anterior, presidente de los fejocistas. Murió con Luís Campás, amigo entrañable, confesando a Cristo Rey. José Martí Baldira, hombre bondadoso, que cumplía como buen católico, de ideas tradicionalistas. Juan Munté Borrás, jóven ejemplar, ex-presidente del grupo Mens Sana, aspiraba al martirio: fue un Tarsicio defendiendo la Eucaristía- Bautista Pallejá Anguera, comerciante, de carácter atractivo, supo conquistarse unas simpatías que encendieron la envidia de sus contrarios. Algo indiferente en religión, al ver a sus compañeros, Angel Marqués y Luís Campás, les rogó que rezasen más despacio, por que también el quería morir como ellos. Juan Rofes Sancho, cabeza de familia católico y tradicionalista. Enrique Rull Cortés, se le fusiló por tener un hijo que cursaba entonces carrera eclesiástica. Eugenio Rull Sabaté, hombre de pocas palabras, pero de hechos rotundos, había practicado Ejercicios Espirituales. Enrique Secall Gombau, aprehendido en el infame mitín de la Quartera, buen trabajador, fiel a sus amos. Artemio Vilaseca Anguera, víctima del odio que los rojos tenían a cualquier propietario.
   Los campesinos que fueron requeridos para ir a “levantar a un camión despeñado” en realidad fueron obligados a ir al cementerio y cavar allí una zanja de considerable longitud. Aunque llovía torrencialmente, les incitaban a llevar adelante su tarea, para que la zanza estuviera lista para su macabro fin.Mientra tanto, de la “Casa de Pilatos”,en donde realizaba la parodia del juicio de los falsetenses detenidos, iban llegando al cementerio, detenidos de dos en dos, los condenados, en camionadas sucesivas, para ser ametrallados sin compasión entre el fragor de la tempestad que arreciaba. Cuadro ciertamente digno de un Goya o un Valdés Leal el que debía ofrecer el Camposanto de Falset aquella noche de sangre y tinieblas, con las hachas de viento que iluminaban la escena a una con los relámpagos, y el crepitar de la ametralladoras entre los alaridos de júbilo infernal y los vivas a Cristo Rey… Tengo para mí que aquel espectáculo inaudito parecerá fruto de la calenturienta imaginación a más de uno de nuestros contemporáneos. Y no obstante, fue patética realidad una noche exacta: la del 13 y 14 de septiembre de 1936, en la  pacífica y señorial villa de Falset.
   4ª.- Pero el horror no había terminado: faltabas la 4ª fecha fatídica. Y a la mañana del día 14 se hizo un pregón conminando a todo el vecindario a declarar todas las personas ajenas a las familias que estuvieran en Falset, bajo pena de muerte. Y además, convocaron a toda la población a asistir a un gran mitin que se celebraría en la “Quartera”, evocadora plaza fortificado de rancio sabor antaño. Faltaba el escupitajo final sobre el charco inmenso de sangre: allí un energúmeno trató de explicar que habían ido a Falset a “hacer justícia (!!!) contra aquella raza ensotanada”, y para vengar ” las atrocidades de los fascistas de Caspe”. Arengó a las mujeres a que bordaran una bandera de la FAI mayor que la que tenían, aprovecharon el vergonzoso acto para detener a algunos de entre el público obligados a asistir y cerraron su hazaña con una espléndida comilona, dejando a la villa de Falset con la mayor herida abierta en su secular historia. El castillo ruinoso que domina la población, cuna según algunos de Margarita de Prades, esposa del rey Martín el Humano, debía contemplar horrorizado aquellas crueldades.
   El follleto que vamos siguiendo dice al llegar aquí: “Que una llaga tan viva no la verán cicatrizada los niños de hoy que mueran de viejos”. Erró el cronista, y ya hemos visto el tristísimo fin que tuvo el símbolo material que evocaba aquella hecatombe, el diario ABC en el mes de febrero de 1991, recoge el siguiente titular: ” El alcalde de Falset (Tarragona) arroja el monumento a los Caídos al vertedero municipal”.
   
   Además de los 27 asesinatos relatados, hubo otros 15 hombres, naturales de la villa, que fueron inmolados por los sin-Dios. No podemos detallar los circunstancias de sus muertes, pero sí consignaremos sus nombres gloriosos. Son:
 
José Amorós Amigó, Ricardo Bes Aguiló, José Bes Llebaría, Máximo Divorra Aragonés, enrique Divorra Solé, José Escoda Cabré, Rafael Fusté Borja, Angel Garreta Zanuy, Rafael Llabería Llabería, Francisco Llabería Llorens, Dalmacio Llabería Torné, Pbro. José Munté March, Hermenegildo Pellejá Borja, Juan Bautista Piñol y Enrique Punyet Barceló.
 
   Murieron resignados a la voluntad de Dios, perdonando a sus enemigos y dando vivas a Cristo Rey. Que buena falta nos hace,digo yo, que Cristo reine entre nosotros…
José Vernet Mateu

2 comments

  1. Y Catalunya levantando monumentos a este genocida! ( estoy aguardando los comentarios de Miquel)
    Tengo un “amigo”que dice que Companys “no lo pudo evitar”…los “incontrolados”? que cinismo!

  2. Esto aterroriza con sólo leerlo, pero tenemos que catartizar todo este infierno dirigido por el asesino Companys.Inocentes del todo, fueron asesinados en forma bestial, yo tuve un tío que luchó en el bando de Franco y es lo único que sé y creo recordar que iban cada mes a pagarle a su padre,mi abuelo marterno una paguita, supongo que eso no sucedió con los del bando antifranquista, si había dinero, que la cobraran también, yo no soy de no hablar de ciertos temas por ese miedo,que tenían allí donde yo pasé los primeros años de mi vida en el que el silencio por una especie de terror a todo, tuve que descubrir por mí mismo,que yo era distinto a ellos y no se puede dejar de hablar del terror, pero siguen de forma parecida, contándose a sí mismos, mentiras para esconder el terror y este nunca desaparece por esconderlo y automentirse,sino que se vive en la mentira y en vida falsificada y se vota a Podemos porque dicen que les eliminaría la hipoteca que nunca acabaran de pagar, no pueden aceptar los datos verdaderos, no pueden admitir que el comunismo ha matado a cien millones de muertos y siguen votando al comunismo, para mí es cómo una especie de misterio, el que sigan creyendo que el comunismo tenga algo de bueno, la persona más inteligente que había por allí lo decía de su manera particular “No me quepe en la cabeza”. En fin,el terror lo conozco,pero no me ha matado,creo que a mis 63 años y meses,algo comenzó a cambiar en mí y estoy todavía en fase de sentir que la resiliencia ha vivido en mí, sin yo saberlo y estas cosas, no es fácil creer que sucedan por azar, me he ido encontrando con personas muy distintas a las de mi infancia.

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