La tauromaquia existe hoy en España … gracias a un catalán


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Antonio de Capmany

Si existe el toreo en España es gracias a un catalán. Entre finales de siglo XVIII y principios del XIX, los llamados «ilustrados» tenían el poder efectivo en España. Como ahora tantos políticos, estaban empeñados en «modernizar España», y eso pasaba por acabar con las fiestas de los toros. Así, en 1805, Manuel Godoy, favorito de Carlos IV, había prohibido el toreo en toda España en 1805. El argumento fue que la «fiesta nacional» (ya se llamaba así desde Jovellanos), iba a dejar España sin toros ni caballos.

Cuando el usurpador José de Bonaparte llegó a Madrid, para congraciarse con el pueblo, levantó la prohibición en algunas poblaciones. Pero por despecho la gente dejó de acudir. Entonces llegó la famosa batalla de Bailén. En ella participaron entre otros un batallón de 400 garrochistas andaluces (picadores) que al mando del capitán Miguel Cheriff acabaron con los dragones franceses. Estos garrochistas habían sido financiados por un gaditano, don Francisco de la Iglesia y Darrac.

31171_1.jpgEste gesto patriótico le supuso prácticamente la ruina. Entonces se le ocurrió una idea. Antiguamente las corridas de toros habían servido para sufragar gastos públicos y de caridad. Por ello, solicitó permiso para construir una plaza y cobrarse la deuda que le había causado la batalla de Bailén. Así se levantó la vieja prohibición de Godoy y el coso se llamó Plaza Nacional. Las corridas se iniciaron en febrero de 1813. Pero nuevamente los ilustrados de la época, seguidores de Godoy, lo denunciaron nada más y nada menos que a las Cortes.

Cuando todo parecía perdido para la fiesta nacional, ocurrió el milagro. Cuando ya se daba la prohibición por hecha, tomó la palabra el diputado catalán, don Antonio Capmany: militar, filósofo, historiador, economista y político, padre constitucional (uno de los redactores de la Constitución de 1812), promotor de la libertad de prensa y sobre todo denodado luchador contra los invasores.

Defendió con ardor ante los diputados la vigencia del toreo como fiesta de la nación española, lo que arrancó el aplauso general. Logró que continuara la autorización dada a Darrac por la Regencia y además que se revocara la prohibición del afrancesado Godoy. Capmany murió en Cádiz, poco después, en la epidemia de 1813. Ahí estuvo enterrado mucho tiempo hasta que sus restos fueron trasladados a su Barcelona natal.

 

Estas y muchas otras más historias, podrá encontrarlas en

“Eso no estaba en mi libro de historia de Cataluña” (Almuzara, 2018), de Javier Barraycoa.

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