“El pospujolismo deja a Cataluña en el guerracivilismo y el Gobierno central nos deja en orfandad” por JB.


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Volvemos al tema recurrente de Cataluña. Los sentimos, pero esta tierra es parte de España y toca apechugar con lo que nos concierne a todos. Ver las imágenes de este fin de semana en la Convención del PP en Sevilla con el personal aplaudiendo a Cifuentes y Rajoy como si viniera del planeta Venus, a uno le entran arcadas. Hoy no toca hablar de la Universidad Juan Carlos I ni de másteres sin maestros ni de presupuestos generales sin votos para ser aprobados. No, señores. Toca hablar de algo que se está cociendo sutilmente en Cataluña, algo que viene de muy lejos. Lo que antes era un leve tufillo, ahora ya apesta a muerto. Pero claro, el hedor siempre tarda un cierto tiempo en recorrer el camino que llega hasta a Madrid para que se enteren algunos.

Tras esta Cuaresma, y pasada la Semana Santa, algo ha cambiado en Cataluña. Será por el descoloque en el que nos ha dejado Alemania respecto a Puigdemont, será porque la Pascua lo ilumina todo y ahora se ve más claro, el caso es que estamos vislumbrando una catarsis que de seguir así, el tancredismo de Rajoy será arrollado por los acontecimientos con consecuencias impredecibles. Nos referimos a un ambiente en Cataluña que nos atrevemos a llamar de “guerracivilismo”; aún latente, aún recóndito en las conciencias y oculto tras los labios que no desean pronunciar la palabra; aún con el temor de ser reconocido púbicamente, pero es real.

Pero claro, el hedor siempre tarda un cierto tiempo en recorrer el camino que llega hasta a Madrid para que se enteren algunos.

Estamos en la era del pospujolismo y la cosa no podía acabar de otra forma. Duele ver cómo Pujol y la Madre Superiora se pasean por Barcelona, y de vez en cuando se dejan caer en actos públicos como la presentación del último y patético libro de igualmente patético Xavier Trias. No pasa nada hay tragaderas para todo. El silencio reina y la prensa calla. Ninguna noticia judicial sobre el Patriarca, su consorte o sus descendientes. Pujol fue muy poderoso y muchos de los que ahora defienden al Estado español (que no a España) le alimentaron con intercambio de favores hasta que el “enano” (en expresión de Tarradellas) creció en demasía.

Pujol fue mucho Pujol y tras de sí no ha podido dejar pujolismo sino pospujolismo. Ni tripartitos ni Mases ni Puigdemones han podido gobernar (por suerte) sino sólo gestionar el derrumbe del imperio pujolista. Los que debían haber intervenido para que el desastre del hundimiento político y moral de Cataluña se vitara al menos parcialmente, siempre se lo miraron desde la barrera. La Moncloa, la habitara quien la habitara, persistentemente pensó que del saco de la Constitución siempre quedaría una nueva competencia que transferir para aquilatar el edificio de la corruptela en el que todos estaban metidos, empezando por la Corona. SEGUIR LEYENDO ….

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