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La crisis política y social en Cataluña tiene en vilo al mundo económico y empresarial desde hace semanas. A estas alturas de la deriva secesionista de la Generalitat, la escalada de tensión es imparable y cada pico de incertidumbre tiene un efecto directo sobre el nivel de confianza de los empresarios españoles, y también de los catalanes. Oryzon abandona Cataluña para instalarse en Madrid.

Temen que el separatismo se desborde, que Carles Puigdemont pierda el escaso control que le queda de la situación y que la reacción del Gobierno central, más que tardía, abandone del todo la proporcionalidad de la que ha hecho gala desde que el Ejecutivo catalán se descarriló de la vía de la legalidad.

Hay temor por las consecuencias y muchas dudas en torno al día después de una eventual declaración unilateral de independencia de Cataluña, y los directivos y patronales no ocultan su preocupación, ahora que los beneficios empresariales acumulan tres años de mejoras ininterrumpidas, después de atravesar la peor recesión de la historia.

Todo ello se desprende del encuentro en Toledo de 500 empresarios familiares que se reunieron hasta ayer en Toledo en su XX Congreso Nacional de la Empresa Familiar, donde la cuestión catalana planeó sobre todas las conferencias y conversaciones en los pasillos.