presos-politicos.jpg

Va en serio. El secesionismo está de parto, pariendo, valga la redundancia, su “nación”. Estamos expectantes de si nacerá un aborto deforme o el bebito sano, rubio, multicultural, rico y feliz como han prometido los médicos del abortorio. Pero los dolores de parto que se está padeciendo no auguran final feliz.

De la nada ha surgido, en boca de Puigdemont, una “Nueva legalidad”, a la que los catalanes por obra y gracia de unas urnas con forma de cubo de basura hemos de acatar. Es el año cero que toda revolución, desde época de los jacobinos, tiene la manía de proclamar. Se creen dioses capaces de crear de la nada naciones y legalidades; moralidad y ciudadanía ¡Qué feliz sería Robespierre cenando con el tonto de Puigdemont!

Tuve la fortuna de participar, a las afueras del Parlament de Catalunya, el 27 de octubre de 2015, en una protesta contra la resolución de la Mesa del Congreso en la que se daba por iniciado el proceso independentista. Redacté un escrito al parlamento llamando a la desobediencia civil contra la Generalitat si ella rompía la legalidad vigente y avisando de sus consecuencias para Cataluña.

Si el gobierno regional y la Mesa del Congreso se han inventado una “legalidad”, no tienen ninguna fuerza moral para imponerla a los demás catalanes, concluía el manifiesto. Ese acto no fue un postureo, sino una advertencia sobre de lo que sentimos muchos catalanes. Avisábamos que habría una Cataluña resistente y que nadie podría gobernar un país fracturado.

He de reconocer que me va la marcha. Por ello, en el más que improbable caso de que naciera una nueva República Catalana, me iría directamente a la primera comisaría de Mossos y pediría mi detención … SEGUIR LEYENDO