Días como el pasado domingo son fecundos en desinformación. Y una de las más llamativas y que mayor éxito cosechó fue la de la Generalidad fijando en 844 el número de heridos. Sorprende que un Gobierno que el pasado 17 de agosto sufrió uno de los ataques terroristas más graves que ha padecido España en su Historia diera entonces la información de los heridos, concentrados casi todos en una misma calle de Barcelona, con una lentitud exasperante. Y en cambio, este domingo, para recontar las supuestas heridas padecidas por quienes estaban violando la ley y agrediendo a la Policía a la que impedían hacer su trabajo, cogieron tal carrerilla que llegaron a 844 antes de que terminara el día. Y describo lo sucedido de esta manera porque yo estaba en el incidente más grave de todos, el del Instituto Ramón Llull, en el que se dispararon una veintena de pelotas de goma y yo vi la agresión a la Policía, que tuvo que defenderse. Después de ver esa estadística publicada por medios de comunicación del mundo entero, la Generalidad aclaró ayer que de los supuestos 844 habían pasado la noche en el hospital… 4. Tampoco aclararon que uno de ellos había sufrido un infarto de miocardio y había sido atendido por la Policía Nacional. Total, para qué. Todo es bueno para el convento. Y la violación de la ley ha dejado de ser causa que justifique el uso de la fuerza para garantizar que se cumpla.

Del recuento, para qué hablar. Los ejemplos de urnas en las que se votaba reiteradamente son infinitos. Así se explica que en la localidad gerundense de Palol de Rebardit, de 470 habitantes, el sí sumara 1.002 votos. Un detalle menor que no va a frenar la declaración unilateral. Conviene ahora que el Gobierno explique por qué se creyó que el cumplimiento de la Ley iba a servir para frenar a quien proclamaba que la iba a ignorar. Antes del fin de la semana nos vamos a encontrar (ojalá me equivoque) con una proclamación de independencia. ¿Espera el Gobierno que quien haga eso se amilane ante las iniciativas de los tribunales? Más probable será ver la próxima semana a todos los miembros del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña puestos en la linde de la comunidad por los Mozos de Escuadra, comandados por el propio Trapero. Que para eso sí van a ser capaces sus chicos de hacer algo más que «levantar acta».

Y después de que todos los españoles creyéramos entender al portavoz del Gobierno el pasado viernes que Puigdemont y Junqueras habían dejado de ser interlocutores válidos, el domingo, una vez consumado el delito, Rajoy vuelve a hablar de diálogo. ¿Con quién? ¿Va el Estado soberano a negociar con delincuentes traidores? Hay una mayoría de catalanes que era fácil ver en las calles de Barcelona el pasado domingo que está completamente al margen de esta patochada. Y si Puigdemont y su Gobierno no están en la cárcel antes de que se proclame la independencia esos catalanes se sentirán abandonados. Y tendrán que cambiar de bando. Para sobrevivir.

http://www.abc.es/opinion/abci-844-no-4-201710030406_noticia.html#ns_campaign=carrusel&ns_source=abc-