A mí Jordi Sánchez y Jordi Cuixart me recuerdan a Paco Morán y Joan Pera, aquellos actores de una obra de teatro que rompió récords en el Paralelo barcelonés. Siempre creí que el éxito de la fórmula era porque eran como una síntesis de Catalunya. Paco Morán hablaba castellano. Y creo que no pronunció una palabra en lengua catalana pese a haber vivido más de cuarenta años en Barcelona. Joan Pera ejercía de catalán. Diría que incluso marcaba el acento. La gente se identificaba con uno, con el otro o con los dos.

El presidente de l’ANC y el de Òmnium van siempre también juntos. En los discursos primero habla uno. Luego el otro. Por lo general por orden de representación parlamentaria. En primer lugar el de la ANC. A continuación el de Òmnium Cultural. Así van dándonos la tabarra por TV3. Sólo falta que presenten el tiempo. Con el mapa de los Països Catalans por supuesto.

Yo, la verdad, no sé porque les dan tanta cancha. Bueno, sí que lo sé. Cómo la mayoría en el Parlamento catalán a favor de la independencia anda justita -72 a 63- hacen ver que toda la sociedad catalana está detrás. La propia ANC tiene nombre de parlamento: Assemblea Nacional Catalana. El parlamento francés se llama Assemblée Nationale. Pero no es lo mismo.

Por mí que se inspiraron en la Assembla de Catalunya, el primero órgano unitario de la oposición a finales del franquismo, pero le añadieron el Nacional en medio. Ahora el adjetivo está de moda. El Punt-Avui se declaró a principios del proceso Diari Nacional (Diario Nacional). Lo lleva escrito en su cabecera. Parece que el resto de la prensa no somos suficiente nacionales.

Y José Antich también fundó un digital llamado El Nacional cuando lo defenestraron de La Vanguardia. Supongo que para mostrar lealtad a la causa. Mejor no cuento ahora quién lo nombró director en su día. Una pista: fue una semana después de perder el PSOE las elecciones generales.

 Pero, como decía, les han dado una representavidad al tàndem que no tiene. Jordi Sánchez renovó su cargo en mayo del 2016 gracias a cinco votos. Porque no se lo pierdan: tanto hablar de democracia pero al final deciden los de arriba. El president de la ANC lo elige el secretariado, un sanedrín de setenta y pico miembros.

Por él votaron 40 mientras que por su rival 35. Y eso que, en las primarias, el primero obtuvo 4.005 frente a los 4.071 de su competidora, Liz Castro, una norteamericana de origen gallego creo que afincada en Barcelona. En cierta manera ya la utilizaron de tonto útil -con perdón de la expresión- en las anteriores elecciones cuando también ganó pero la descabalgaron a última hora.

Liz Castro denunció en su día en twitter las presiones recibidas pero hace tiempo que ha desaparecido del mapa mediático. Un día alguien deberá hacer una recopilación de todas aquellas personalidades devoradas por el proceso. Lo último que supe de ella fue en twitter. Su marido amenazó con romperme la cara o batirse en duelo. Ahora no recuerdo con detalle.

Pero a lo que iba, al que parece tercer cargo institucional de Catalunya según TV3 -tras Carles Puigdemont y Carme Forcadell, que ha vuelto a las andadas- lo votaron 4.000 personas. Para ser diputado del Parlament -por Barcelona, que es más sencillo- necesitas una horquilla de entre 80.000 y 100.000 votos más o menos. Ciudanos entró en el 2006 con tres diputados gracias a 89.000 votos -por los pelos: un 3,03%- y en cambio Unió se quedó fuera en el 2015 con 102.000.

Sobre otros entresijos de cómo han aupado a Jordi Sánchez a referente mundial del soberanismo catalán me ahorró los detalles porque hace años ya los explicó Salvador Sostres. Sigue vigente. Lo que no he entendido nunca es que renunciase a ser el número dos del Síndic de Greuges, Rafael Ribó, otro que tal. Dudo que gane en la universidad lo que ganaba entonces: 106.000 euros al año.

Por lo que respecta a Jordi Cuixart, quiero decir ante todo que yo respeto mucho un empresario que factura, más o menos, siete millones al año. Lo que es increíble es que nohaya hundido todavía la empresa con tanto activismo. Porque cuando no está en un plató de TV3 está en el Parlament.

En este caso la representatividad es todavía menor: a éste le votaron 5.450 personas. En una entidad que se precia de tener más de 50.000 socios. Apenas un 10%. Y eso que era la única candidatura en liza.

En Catalunya, antaño tierra de sentido común, se nos ha ido un poco la olla. Ahora pronuncias la palabra seny y te consideran un traidor o un cobarde. El otro día informaban en TV3 de las protestas internacionales contra las acciones del Estado español. En la de París eran una veintena de personas. Lo decía el propio presentador. Supongo que todos catalanes. El món ens mira.

Fuente: e-notícies