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Sinceramente, no sabemos que pensar. O Puigdemont es el más listo de Amer, o el más tonto de Cataluña. Cuando se pregunta a Puigdemont sobre cómo serán las cuentas de una Cataluña independiente, simplemente sonríe. Sospechamos que es un mecanicismo nervioso del idiota que no sabe qué contestar cuando le preguntan.

Si se hurga un poco con los allegados, ya salen algunas ideas más o menos abstractas. Puigdemont parece estar convencido que después de proclamar la independencia será invitado a la Moncloa (pagando Rajoy) y negociará con qué se queda del patrimonio del estado español en Cataluña.

Algunos (pertenecientes a la Fundación Irla de ERC) han investigado y calculan que los activos físicos del Estado ubicados tendrían un valor de unos 100.000 millones. Los supremacistas secesionistas están convencidos que el Estado los regalará a la reluciente República Independiente de Puigdemont.