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En el independentismo catalán hay nerviosismo porque temen que este atentado yihadista pase una importante factura social y política. Social, porque los catalanes a pesar del simbólico y circunstancial grito de “No tenim por”, tenemos recelo. El 11 de septiembre y el 1 de octubre están muy cerca como para pensar que los atentados no influirán.

Ni Puigdemont ni Junquerasn puede reivindicar las virtudes de la democracia y el Estado de Derecho en Cataluña, mientras por otro lado urde estrategias para violar esa legalidad y fomentar la secesión. No se puede condenar la violencia y una hora después saltarte la ley a la torera.

Los próximos días seguiremos viendo y oyendo escenificaciones en favor de la independencia, pero el nerviosismo ya está muy presente en los dos principales partidos, ERC y PDeCAT. Este último ya ha anunciado que romperá con sus socios radicales de la CUP, tras el 1 de octubre porque están hartos de ellos y de sus estrafalarias locuras.

Este hele a autonómicas.