La vergonzante autoliquidación de la Lliga durante el directorio de Primo de Rivera


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La Lliga, y con ella el catalanismo institucional, cedió sin resistencia ante Primo de Rivera. A modo de confesión, y entonando un mea culpa, Joan Esterlich relata, en Catalunya Endins, el ambiente del catalanismo por aquél entonces: “Pocas semanas después del golpe de estado, un simple escrito destruyó toda la organización del catalanismo. La disolución de las organizaciones no fue un simulacro, sino una realidad. Ningún acto de protesta decidida, ninguna resistencia. Meses después vino el golpe a las instituciones de la cultura, sobre todo a las de la enseñanza, creadas por el catalanismo. Ningún acto contundente, ninguna resistencia tampoco. Se aceptó la violencia que nos hacían. Sólo vimos, sólo nos preocupamos –y aún- de los problemas personales que eso planteaba (…) ¿En qué pensaban los políticos entonces responsables?”.

samaruc.jpgOtro testigo de la época, Joaquín Samaruc, constata el acatamiento del catalanismo, especialmente el conservador burgués, a la Dictadura: “”¿Protesta?, ¿resistencia? ¿rebeldía? … No; obediencia, sumisión, disciplina; apagáronse las exaltaciones vocingleras, raspáronse los escudos, se borran los letreros, guardáronse las banderas, se ocultaron las insignias. Dura lex, sed lex, y la ley odiada fue servilmente cumplida. ¿Por qué? … porque el regionalismo en Cataluña no es idealidad; porque lo ha adoptado, empleado, monopolizado una clase acomodada, como espantajo para dominar a los gobiernos débiles de España, en provecho de una desmedida ambición; porque se ha desarrollado vacío de principios”.

Francesc Cambó, en Per la Concòrdia, reconoce implícitamente el decaimiento del catalanismo, aunque lo justifica estratégicamente como un periodo de reflexión: “La dictadura ha servido para que Cataluña se haya tomado necesario reposo, y al mismo tiempo ha depurado las filas del nacionalismo”. Sin embargo, la perspectiva de Esterlich era más realista: “¿qué posiciones han tomado los patriotas? Todos, posiciones de facilidad. Los unos, la de la locura y la revuelta (en alusión a la intentona de Macià), fácil, pues no requiere mucha inteligencia ni reflexión; los otros, el aire de perdonavidas y la ironía, facilísima también, aunque exija una cierta inteligencia; los otros la resignación absoluta, no tan fácil como parece a primera vista, pero la más vergonzosa”.

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