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Inmaculada Colau no se moja. Por un lado hace guiños a un Referendum, pero por otro lado afirma que no apoyará a la Generalitat en su proyecto de un Referendum inmediato.

Con otras palabras, no obligará a los funcionarios del Ayuntamiento a comprometerse con el referéndum, pero tampoco se opondrá. Así, como funambulista, Colau mantendrá un equilibrio entre el independentismo y el legalismo. Su objetivo es atraerse sectores revolucionarios e independentistas y mantener su semillero de votos de inmigrantes que aún no han asimilado las tesis nacionalistas.

De todas formas, la política catalana ya lleva mucho tiempo en difíciles equilibrios y tarde o temprano el castillo de naipes caerá. Y tocará pagar los platos rotos.