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Ayer el trípode del Govern regional català (Puchi, Junqui y Romi) atracó en Madrid. Varios centenares de patriotas le recibieron con banderas españolas a la puerta del  local cedido por el Ayuntamiento de la capital. Una botella de agua (no sabemos si bendita) casi le da en el tarro de Tardà.

Jugando en campo ajeno, todo fueron discursos suaves, edulcorados, casi sonaban a españolistas. Todos querían salvar a España y su democracia, para ello era necesaria la independencia. En fin, en resumidas cuentas fueron a Madrid para decir esa sarta de sandeces.

La guinda la puso el consejero de Asuntos Exteriores, Raúl Romeva (ese que se cree que es Ministro de asuntos exteriores) cuando afirmó  que la independencia serviría para “construir puentes” con España.

Romeva va de menos a menos.