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El separatismo catalán ha construido una leyenda según la cual tras el mítico 1714 Cataluña quedó arruinada, vencida y humillada durante siglos hasta que el nacionalismo vino a rescatarla de su postración a finales del XIX y sobretodo a partir del XX, Presumen del desarrollo industrial catalán durante el siglo XIX aunque sin admitir el papel que tuvo la política del Estado en ello ni el españolismo de aquellos industriales.

Pero es llamativo que los autores nacionalistas suelen ocultar o disimular el enorme progreso industrial y económico catalán durante el siglo XVIII y la influencia decisiva que aquella burguesía catalana tuvo en la configuración de la política imperial y colonial española, sobretodo a partir del reinado de Carlos III.

Y es que admitir eso no encajaría con el mito de 1714. Por eso incluyen al siglo XVIII en lo que llaman “els segles de la decadencia de Catalunya”, lo cual es una flagrante mentira, (como de hecho casi todos los argumentos del separatismo.)

Esto es lo que dice al respecto uno de los más prestigiosos hispanistas británicos, John Lynch cuyos gruesos tomos sobre la España de los Austrias y sobre la borbónica del siglo XVIII están considerados obras de referencia.

Tras 1714 Madrid gobernaba todas las provincias pero no lo hacía con mano de hierro. La política catalana estaba en manos de los nuevos burócratas como Rodrigo Caballero y Patiño que no eran de talante represor ni agentes de un régimen represor. La política del gobierno central fue favorable a los intereses catalanes. La protección de los productos nacionales frente a los extranjeros tenía que ser bien recibida por los catalanes. 

[…] La integración de la economía catalana en la peninsular comenzó hacia 1720[…]. Supresión de las aduanas internas, incremento de la relación comercial entre Barcelona y Cádiz, impulso del intercambio de productos catalanes frente al trigo castellano. Gradualmente la economía catalana se vio compensada en la nueva España del siglo XVIII de las pérdidas sufridas en 1714.

En 1750 el crecimiento económico catalán era una realidad, expansión agrícola, nuevo impulso de las manufacturas, aparición de nuevas industrias… 

[…] La industria catalana conoció un segundo periodo de crecimiento entre 1760 y 1780, durante el cual se aseguró la protección gubernamental frente a la competencia extranjera.

Un factor clave de la industrialización catalana del XVIII fue la exportación y el comercio con el mercado español y sobretodo con el del imperio colonial americano de España, facilitado todo ello por la política proteccionista borbónica que hacía casi imposible importar manufacturas inglesas u holandesas. Todo ello será motivo para otro artículo.

Todo ello ha sido resaltado también por los historiadores económicos más prestigiosos como Vicens Vives o Pierre Vilar y es algo que suelen ocultar los autores nacionalistas 

Rafael María Molina. Historiador

Fuente: Los Primeros Borbones, 1700-1759. John Lynch. El PAIS 2007