El separatismo se diluye, como los colores de las esteladas colgadas de los balcones. Muchos años esperando, desde el 2012, a que llegue la independencia. El resultado es estéticamente más reprobable que una escultura de Tàpies.

Por eso, el pasado Sant Jordi, con nuestro dinero vía subvención, la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), realizó una campaña de renovación de esteladas. Se regalaban en los puestos de ventas de rosas y se incitaba a colgarlas en los balcones.

Pero el efecto sant Jordi no se ha notado. Cada vez menos esteladas, y menos ganas. Alguien ha movido Ítaca de su lugar y no nos han pasado el mapa.

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