Puigdemont monta un circo y le crecen los enanos. Tras el paripé con el cacahuetero (no alcahuete) Carter, congresistas juerguistas y gastos de luxe atravesando el atlántico, se impone la realidad.

La embajada norteamericana emite un comunicado y pone las cosas en si sitio: Cataluña es un problema interno de España y desea que España sea un país unido y fuerte.

Mientras, la CUP ha reunido 150 apoyos de partidos de ultraizquierda en favor del referendum; toda una garantía para la subsistencia de la decadente oligarquía catalanista.

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