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No deja de ser sorprendente que los protagonistas de las Olimpiadas de Barcelona 92, tuvieran hundidas sus raíces en el franquismo. Desde Pascual Maragall, delfín del alcalde franquista Porcioles a José María Samaranch. Sin embargo, otros personajes, protagonistas de la transición política, menesterosos antifranquistas, también tuvieron su lejano protagonismo. En 1965 se presentó desde el Ayuntamiento de Barcelona un plan urbanístico que afectaba a 400 hectáreas frente al litoral de la ciudad. El título del plan era: “Ciudad que no puede seguir viviendo de espaldas al mar”. Años más tarde, ya en plena democracia, el Ayuntamiento socialista presidido por Narcís Serra, enarboló un eslogan muy semejante presentándose como un proyecto moderno y democrático. Narcís Serra, mucho antes, fue uno de los protagonistas del asunto que ahora nos ocupa.

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Samaranch con Franco

El 18 de marzo de 1966 se constituyó la sociedad La Ribera SA, formada por las empresas que apoyaban el proyecto. Se deseaba transformar una zona industrial y de servicios, para convertirla en zona urbanizada y con viviendas. Los solares, una vez recalificados, adquirirían un precio desorbitante y supondrían un negocio formidable. El presidente de esta asociación era Duran i Farell, presidente también de La Maquinista Terrestre y Marítima SA. El gerente de dicha empresa era un viejo conocido nuestro: Miquel Roca i Junyent, que por aquél entonces compartía despacho con el que en la democracia llegaría a Alcalde de Barcelona: Narcís Serra.

Las plusvalías esperadas eran tan importantes que las asociaciones de vecinos y los colegios profesionales lograron más de 6.000 impugnaciones. Otro de los motivos de indignación de la gente era ver cómo dos antifranquistas declarados se aprovechaban del franquismo para hacer negocios. El escándalo adquirió tales proporciones que hubo de ser detenido. Veinte años después, con la concesión de las Olimpiadas, los mismos protagonistas consiguieron llevar a cabo el proyecto. Esta vez las asociaciones de vecinos, “ya democratizadas”, fueron incapaces de la más mínima protesta.