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García Morente

 

 

Manuel García Morente, en su libro Idea de la Hispanidad[1] desarrolla dos importantes ideas: una es la búsqueda de una filosofía de la historia de España; otra es el intento de entender la Hispanidad (el Ser de España) a partir del análisis existencial del tipo humano que la ha protagonizado, al que llama el caballero cristiano.

gm2.jpgEn Morente, discípulo de Ortega y Gasset, se dejan sentir las influencias de Heidegger, así como curiosos coincidencias con las aportaciones de Bueno. El Ser de España, que no hay que entenderlo como algo estático, sino dinámico, situado en el tiempo (es decir, en la historia) y en el mundo, sería el Dasein colectivo de la hispanidad, que a su vez se articularia en el Dasein personal del caballero cristiano.

Morente inicia su discurso con una interesante disquisición sobre la filosofía de la historia. Realiza una crítica exhaustiva al racionalismo de la Ilustración, fuente inagotable de todas las ideologías de la Modernidad. Los racionalistas, nutridos y envalentonados por las rigurosas demostraciones de la matemática, de la física e incluso de la metafísica, se habían empeñado en juzgar las formas de vida y las instituciones sociales desde el punto de vista de la pura racionalidad[2]. Ya así surgió el espíritu de la Revolución Francesa que, dejando aparte alguna aportación positiva, entronizó la razón pura e intentó arrasar toda tradición.

La reacción contra el racionalismo llevo a una revalorización de la historia. Pero surgió la figura de Hegel, que creo un sistema grandioso en el cual la razón intentaba tragarse a la historia. La razón, al ser dialéctica constituía un pensamiento sucesivo temporal, y la historia humana no sería otra cosa que la manifestación de esta razón dialéctica.

fin-historia-francis-fukuyama_1_967388Pero la historia de Hegel no es realmente historia, pues esta es la proyección temporal del Dasein como ser-en-el-tiempo, y el reino del Dasein es el reino de la libertad. Donde hay libertad no hay determinación, y la historia no puede predecirse. Todos los sistemas de pensamiento que hablan del “fin de la historia” beben de Hegel de forma directa o indirecta. Marx sustituyó el “espíritu” de Hegel por la materia, que se iba también a desarrollar de forma dialéctica, a través de la lucha de clases, y que iba a conducir al “socialismo mundial” con la desaparición del Estado y de todas las contradicciones sociales. Comte también anunció un “final de la historia”, en el que el “espíritu positivo o científico” triunfaría sobre el metafísico y el religioso. Más recientemente, Fukuyama, en su libro El fin de la Historia y el último hombre, volvía a anunciar por enésima vez “el fin de la historia” de mano de la globalización, el gobierno mundial y la generalización de la democracia liberal y la economía de mercado. Ni decir tiene que todas estas predicciones han fracasado, y que la historia ha regresado por sus fueros una y otra vez.

En su crítica a las ideologías del “fin de la historia”, Morente desarrolla dos ideas muy interesantes y de gran actualidad[3]: una es que no hay sistemas en la Historia; otra es una crítica al principio de la “realidad única”, es decir, al reduccionismo.

caballeroPara Morente la Historia es vida, es decir, tiempo. Esto coincide con nuestra idea de que el sujeto de la Historia es el Dasein, que este es ser-en-el-mundo y ser-en-el-tiempo, y que el dominio del Dasein es dominio de la libertad. El racionalismo ha aspirado a racionalizar el proceso histórico, a sistematizarlo, pero este empeño es contradictorio, porque un acontecer sistemático no es, ni puede ser, un acontecer histórico. Por debajo de este empeño racionalista, lo que hay es el proyecto de “reducir” la realidad histórica a otra realidad, es decir, “deshistorificar” la Historia. Así para Marx la historia se reduce a economía, para Comte a sociología, etc.

Morente advierte, con gran agudeza, que este empeño en reducir la realidad histórica a otra realidad no histórica está fundado en un prejuicio filosófico que encontramos en todos los sistemas de pensamiento que derivan del idealismo cartesiano[4], padre metafísico de la Modernidad: el principio de la realidad única. Consiste en suponer que todos los objetos que se ofrecen a la contemplación y estudio del ser humano son formas, en apariencia diferentes, pero en el fondo idénticas, de una misma realidad. Para Descartes la realidad es, en el fondo, matemática: extensión y movimiento. La Crítica de la Razón Pura de Kant, es el más profundo esfuerzo realizado por la inteligencia humana para presentar está concepción de la realidad.

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Gustavo Bueno

Así la física se reduce a matemática, la química a física, la biología a química, y la historia se pretende reducir a otra realidad, sea la económica, la sociológica, la psicológica etc. Morente opone a este principio el de la diversidad de la realidad[5]. Cada ciencia se ocuparía de un tipo de objetos que participarían de realidades irreductiblemente distintas. Este principio nos recuerda a la gnoseología del “cierre categorial” desarrollada por Gustavo Bueno[6], según la cual toda ciencia madura se “cierra” sobre los objetos que constituyen su campo categorial.

Frente a esta “realidad única” Morente reivindica distintos niveles de realidad. Cada nivel de realidad se caracteriza por una estructura propia, y las ciencias que se ocupan de cada nivel de realidad precisan una metodología propia. Así la Historia no es el modo histórico de conocer la realidad, sino el modo de conocer la realidad histórica.

¿Qué es lo que caracteriza a esta realidad histórica? Su peculiar relación con el tiempo. Un objeto inanimado (por ejemplo una roca) no cambia con el tiempo, y si lo hace es debido a factores externos. Los cambios de los que se ocupa la geología son siempre cambios debidos a causas exteriores (erosión, plegamientos). Un ser vivo, un organismo, si que cambia con el tiempo, independientemente de las causas exteriores: nace, crece, envejece y muere. Sus cambios son predecibles. En el propio ser humano, en cuanto organismo vivo, podemos predecir estos cambios.

history-books.jpgPero en el objeto histórico hay algo más que en el biológico, que impide reducir la Historia a la biología[7]. Las variaciones producidas por el tiempo son imprevisibles. Por eso decimos que el sujeto de la historia es el Dasein. Así como el Dasein individual no es una “cosa”, algo dado y concluso, tampoco lo es el Dasein colectivo, que “se va haciendo” en la Historia. Cada acontecimiento, cada acto histórico, determina un paso en el ser del Dasein que se está haciendo.

Así por ejemplo, si la invasión musulmana de la península Ibérica no se hubiera producido, la España actual seria el resultado de la evolución de monarquía visigótica, y probablemente no se parecería en nada a la España actual. Si un grupo de nobles y parte del pueblo hispano-visigótico no hubieran decidido luchar contra los musulmanes y no hubieran iniciado la Reconquista, en lugar de España existiría Al-Andalus.

NOTAS:

[1] García Morente, M. (1947) Idea de la Hispanidad. Madrid, Editorial Espasa Calpe.

[2] García Morente, obra citada, p. 156.

[3] Morente, obra citada, p. 160

[4] Idem, p. 161

[5] Ídem, p. 163.

[6] Bueno, G. (1995) ¿Qué es la ciencia? La respuesta de la teoría del cierre categorial. Ciencia y filosofía. Ed. Pentalfa. Oviedo.

[7] Morente, obra citada, p. 169.