El presidente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, tras la canallada de Colau de quitar la plaza Hispanidad reclamó la “despolitización del nomenclátor de las calles dado que los criterios del Ayuntamiento son partidistas a la hora de nombrar espacios de la ciudad”. Fernández Díaz recordó que en los últimos años ha habido diferentes polémicas como la de conceder una calle a Vicenç Ballester i Canals, el creador de la “estelada”, la retirada del nombre de Juan Carlos I a una plaza o el cambio de nombre de la plaza Llucmajor por plaza de la República.

Por fin la bonancible, hippie y flower-power Ada Colau saca su verdadera cara, la versión que siempre amagaba tener, pero que no se animaba a sacar a flote. Resulta que se cambia una Plaza, la de la Hispanidad, que representa la unión de dos mundos, por la del escritor comunista Pablo Neruda.

Aquí lo que se aprecia es un ejercicio de sectarismo importante, dado que el motivo que esgrime la alcaldesa antidesahucios es que el descubrimiento de América, supuso un genocidio de las razas autóctonas. Indudablemente la feliz alcaldesa desconoce que tanto los Reyes Católicos, como su nieto, el Emperador Carlos I, promulgaron sendas Leyes de Indias, en función de las cuales, era imperativo respetar a todos los niveles a los habitantes del Nuevo Mundo, además de difundir la Fe Católica por todo el continente.

Este hecho tan bonito, se sustituye por homenajear a un escritor, ciertamente de calidad, como es Pablo Neruda, pero de tendencias comunistas, las cuales están trasnochadas en el tiempo y que tantos millones de muertos han dejado en la humanidad.