“Dostoyevski y los nacionalismos hispánicos”, por Francisco Canals Vidal


vasco

 

Artículo  aparecido en La Vanguardia, jueves 22 de septiembre de 1983.

Dostoyevski y los nacionalismos hispánicos

Quisiera reflexionar sobre los nacionalismos vasco y catalán; no sobre sus problemas urgentes, sino sobre su misterio profundo. Por qué les llamo nacionalismos hispánicos se verá a lo largo de estas líneas.

Mi reflexión parte de la manifiesta singularidad, extrañamente silenciada, de la historia de estos pueblos: secularmente aferrados a sus «leyes viejas» y a sus tradiciones y que vivieron más alejados que otros pueblos hispánicos de las corrientes culturales que han caracterizado a la Europa moderna: el Renacimiento, el racionalismo, la ilustración, el liberalismo de la Revolución francesa.

vascongadas.jpgEn Vasconia y en Cataluña tuvieron máxima fuerza y arraigo social los sentimientos tradicionales que impulsaron los alzamientos carlistas contra el liberalismo instaurado por la monarquía española. En Cataluña y en Vasconia, y muy especialmente en Guipúzcoa, tuvieron vigencia y amplia difusión las actitudes religioso-políticas del tradicionalismo integrista, que compartía con entusiasmo, con muchos núcleos seglares, una parte importante de su clero. Recordemos que fue un hombre de Iglesia catalán, Sardá y Salvany, el autor de El Liberalismo es pecado.

El historiador Rovira y Virgili describía la génesis del nacionalismo vasco diciendo que Sabino de Arana «lo llenó de un espíritu religioso reaccionario e intolerante. Reunidos en las alturas del Aralar proclamaron caudillo al Arcángel San Miguel». Para documentar su juicio, cita afirmaciones expresadas en el diario Euzkadi en septiembre de 1913: «el nacionalismo no lucha por un derecho terreno y humano, sino porque aquella libertad serviría a la patria para tender hacia Dios y facilitaría la salvación eterna de los vascos. Nuestra campaña por el idioma los usos y costumbres nacionales, y nuestra oposición al modo extranjero de ser, que aquí se presenta en rabiosa oposición al Evangelio, arrancan del carácter religioso de la Cruzada nacionalista».

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Prat de la Riba

Aunque todavía hoy la geografía electoral muestra continuidades sociológicas entre estos nacionalismos y la herencia carlista, es claro que, tanto el nacionalismo vasco desde sus orígenes, cuanto el catalanismo político en diversas etapas y direcciones, se han opuesto y enfrentado al patriotismo español que vivía en la tradición carlista. Prat de la Riba afirmaba que los catalanes no tenemos otra patria que Cataluña, mientras que «España es un Estado».

Las corrientes nacionalistas han propugnado además ideales políticos diversos y aun contrarios a los que caracterizaron el tradicionalismo carlista. En la democracia española actual tienen actitudes muy definidas. El PNV, que pertenece a la Internacional Democrático-Cristiana, tiene una actitud de reivindicación de las finalidades nacionalistas de autogobierno en las reglas de juego del marco constitucional. Pocas veces mantiene una posición significativa en la defensa de valores tradicionales. Más allá de este nacionalismo democrático tenemos en Vasconia dos líneas de abertzalismo marxista: eurocomunista una y leninista otra. En Cataluña, el nacionalismo de arraigo sociológico tradicional ha propugnado soluciones de centro-izquierda, la socialdemocracia de «modelo sueco», y representantes suyos han votado la despenalización del aborto.

Sabin_Arana_Goiria_(1865-1903)En la cuestión de la unidad política de España este nacionalismo no es ciertamente secesionista, aunque sí que tiene la aspiración, que remonta al propio Prat de la Riba, de que una Cataluña «reconstruida nacionalmente» pueda ejercer en España una influencia predominante, de signo europeizador y modernizante.

Si desde esta situación política meditamos sobre la historia real de Cataluña y de Vasconia, nos sentiremos inclinados a pensar que el dramatismo y la tensión del actual problema político planteado por estos nacionalismos responde a un carácter de afectación e inautenticidad. Fue Maragall quien dijo, de la Barcelona en que se generó el catalanismo político, y que a través de él ha tendido a absorber en sí a Cataluña: ets una menestrala pervinguda, que tot ho fas per punt. Tales nacionalismos responderían tal vez a un trauma psíquico colectivo, subsiguiente a la derrota de la Cataluña y de la Vasconia tradicional frente al Estado creado por el liberalismo. Como un complejo masoquista contra su propia tradición, vencida y reprimida, y a la vez un resentimiento hostil a la unidad centralizada y uniforme del Estado forjado por ideales ilustrados y jacobinos.

Comentaba Dostoyevski en su Diario de un escritor, en 1876, que las nueve décimas partes de los rusos europeístas se adherían a las corrientes más radicalmente hostiles a la civilización europea. Formula, sobre esto, la que llama su paradoja. El pensador ruso, sobre el presupuesto de la profunda oposición entre la Europa ilustrada y la tradicional Rusia ortodoxa, afirma que algunos rusos se europeizan auténticamente, pero dejan con ello de ser auténticamente rusos, y se convierten en conservadores europeos. Pero, en muchos otros, su radicalismo político de sedicentes europeístas de izquierda es impulsado por una subconsciente hostilidad, que brota de su misma autenticidad rusa. «¿No prueba este hecho, es decir, la adhesión de nuestros más fervorosos occidentalistas a los negadores de Europa, el espíritu de protesta de Rusia, y su rebeldía contra esa cultura que resulta extraña al alma rusa?».

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Dostoyevski

Dostoyevski sabe que ninguno de estos europeístas radicalmente enemigos de Europa admitirán este sentimiento suyo. «Esa protesta ha sido siempre inconsciente; el alma rusa protesta inconscientemente en nombre de su cultura auténtica, original, propia y reprimida.» El genial pensador ruso reconocía lo extraño y desconcertante de su reflexión; pero pretendía que se reconociese que había en ella «algo de verdad». Desde nuestra perspectiva histórica su paradoja tuvo de verdadero nada menos que el resultado trágico de la tarea secular de la europeización de Rusia, que condujo a la Revolución de octubre de 1917.

Me pregunto si no habría que reflexionar sobre nuestros nacionalismos hispánicos desde la audacia de la paradoja de Dostoyevski. Para los herederos de los atavismos tradicionales de Vasconia y Cataluña, el asumir los ideales de los actuales nacionalismos significa la entrega al servicio de aquello que sus antepasados combatieron con tenacidad durante muchas generaciones. Afirman conscientemente el liberalismo, la democracia, o el marxismo; pero hay tal vez, en el resentimiento contra un Estado, cuya unidad política uniforme y centralizada se formó al servicio de ideales ilustrados y liberales, asumidos por la monarquía borbónica, un impulso subconscientemente tradicional, de vinculación de la antigua España, en la que vivieron tan íntimamente integrados los pueblos catalán y vasco.

Muchas veces he leído, u oído en comentarios radiofónicos, la afirmación de que el terrorismo vasco actúa como si desease en el fondo combatir la democracia en España. Tengo por cierto que aquel terrorismo, antes y después de la transición política; sirve coherentemente a la revolución marxista, que propugnaban muchos como consumación de la ruptura.

Pero no puedo dejar de pensar que la misteriosa fuerza que el terror tiene allí, como entre los armenios –cristianos que fueron martirizados por el fanatismo islámico turco– o entre los irlandeses –católicos tiranizados durante siglos por el protestantismo británico– motivaciones históricas de arraigo secular. Motivaciones que la revolución marxista es capaz de deformar y de utilizar, pero que el liberalismo democrático es incapaz de comprender.

Francisco Canals Vidal
Catedrático de Metafísica.

Un comentario

  1. Yo veo el problema así:

    La estructura económica (de donde la gente saca el dinero para vivir) es la que da forma a la sociedad; y no al revés.

    En el Antiguo Régimen, la estructura económica es la agricultura; y por tanto la gente tiene los valores propios de este tipo de sociedades (valores que llamamos “tradicionales”, “reaccionarios” (?), ). (“valores”: conjunto de ideas y comportamientos en una sociedad dada que sirven para proteger al individuo y a la sociedad a la que pertenece) Como la religión de la tierra es la católica desde siempre, la religión católica es el alma del pueblo.

    Por un sentido de quedarse atrás en la Historia, hay una tendencia en algunos países europeos -España- de que hay que “modernizar” el país

    (desgraciadamente sin tocar la estructura económica -antes bien, reforzándola al cambiar los intereses burgueses de la incipiente industrialización a la tierra, como la aristocracia de sangre, gracias a las desamortizaciones, y parando con ello en seco la industrialización y la “modernidad” que dicen querer traer):

    copiar la “modernidad”, en España es copiar a la Francia que sale de la Revolución Francesa (masónica anticatólica).

    Estas ideas las van a imponer por la fuerza gente que tiene un interés personal en ellas: los masones, que quieren el poder político en nombre de la “nación” (?), la “libertad” (?), y el “progreso” (egoísta personal); y que como en Francia intentan enriquecerse con las tierras de la Iglesia.

    La imposición de estas “ideologías” contrarias a la religión y a los intereses del pueblo, más el ataque a la Iglesia y el robo de sus propiedades es lo que da lugar a varios golpes de Estado (el masónico de Riego) en nombre de la “libertad” (?), a las independencias de las colonias americanas y a 3 guerras civiles -las carlistas- en defensa de lo que ha habido siempre.

    Todo ésto viene por poner la carreta delante de los bueyes, por querer apoderarse de los resortes del Estado contra la legitimación tradicional para robar, y por querer destruir a la Iglesia Católica y querer enriquecerse con sus bienes.

    Insisto en todo ésto, por que seguimos con los mismos errores y con los mismos (falsos problemas), sin llegar nunca a “modernizarnos” o “europeizarnos”, porque la estructura económica no es la de los países europeos (ricos); ésto es, no tenemos industria.

    Pero hay alguien que sí que prospera a costa de los demás: los que se enriquecen robando bienes que no son suyos (en nombre del “progreso” y de la “libertad”), y los que medran en política a través de instituciones secretas, aunque haya que vender su alma al diablo..

    Es muy interesante y paradigmático el caso de Cataluña y el País Vasco, donde pasa algo que efectivamente no pasa en otros sitios: la industrialización.

    La industrialización de Vizcaya y Barcelona trae, como en el resto del mundo que pasa por la misma experiencia, unos fuertes problemas sociales: se rompen los vínculos familiares, religiosos y sociales de la sociedad tradicional para ser sustituidos por la sociedad burguesa, que no quiere trabas para enriquecerse a costa de los demás; y la creación y explotación del proletariado industrial. A ésto se le añade la entrada masiva de gente de fuera que no solo son extranjeros, sino que traen los problemas típicos del proletariado industrial, y que causan rechazo en la población local.

    La riqueza y las oportunidades de prosperar que traen consigo la industria, crea una burguesía de la tierra que descubre en los idiomas y las costumbres locales algo propio que les une y que hay que defender y divulgar. De aquí sale la burguesía nacionalista (en todos los países)

    Al mismo tiempo, la Iglesia intenta parar la descristianización proyectándose en el pueblo como algo del pueblo (“Cataluña será católica, o no será”). Los idiomas locales, que se utilizan en la predicación, se van a potenciar contra el idioma de los políticos liberales y del proletariado industrial. De aquí surge la “Renaixença”, en principio vinculada a sacerdotes (gente del pueblo, cuyo idioma es el catalán, que ha recibido una completa educación humanista en latín, y que, como ha pasado antes en Francia, por ejemplo (siglos XVI y XVII), intentan cultivar su idioma local)

    En un momento determinado, los extremos se unen: los burgueses y los localistas, que tienen intereses comunes en la cultura local -su cultura- colaboran (juegos florales).

    En un segundo momento, el idioma se convierte no solo en el elemento diferenciador, sino en el aglutinante para exigir privilegios (altos aranceles que protejan la industria local de la competencia de productos mejores y más baratos extranjeros).

    En un tercer momento, simplemente es un chantaje puro y simple que intenta crear un semi Estado independiente y unificar la población en contra del Estado nacional pero sin perder el mercado.

    Es muy curioso también lo que ha pasado en el carlismo (los grupos tradicionalistas).

    ¿Por qué los hijos y nietos de carlistas son ateos antiespañoles?

    Seguramente porque la religión católica se ha hundido en este país; y lo que queda para el que esté “concienciado” es justamente la lengua y el nacionalismo (el localismo que se presenta “atacado” por el Gobierno Central, que es de “fuera”).

    Ha bastado una serie casual de acontecimientos (democracia, Felipe González, Pujol, falta de políticos estrategas y patriotas) en que esta tendencia ha traído aparentes beneficios a la tierra (es un burdo chantaje)
    y a los individuos (a través de su participación en los partidos políticos locales antiespañoles, asociaciones, ONGs y fundaciones subvencionadas por gobiernos locales antiespañoles y las oportunidades que da el ser funcionario local, que ha de saber la lengua del país; y que lleva 40 años dirigido por políticos antiespañoles)

    Como al final son los intereses económicos los que mandan, en la medida en que Cataluña y el País Vasco necesiten del mercado español, no va a haber problema; aunque gracias a la Moncloa aumente el sentimiento antiespañol (sigue trayendo beneficios personales).

    El día en que Cataluña y el País Vasco ya no necesiten del mercado español, la lógica de la Historia dice que serán independientes.

    En medio quedarán, como pasa siempre, los que no son nacionalistas, los lealistas, unionistas, castellanoparlantes…que quedan entre dos aguas: los independentistas y los necios políticos del bipartidismo.

    (el caso más famoso “reciente” has sido Argelia con los colonos franceses y los nativos “colaboradores”, pero también con la población leal que pierde las guerras coloniales en la América Española)

    ¿Se puede hacer algo?

    Sí:

    – fomentar la industrialización en TODA España; y fomentar la cooperación dentro de España (nos beneficiamos todos) contra los intereses extranjeros (por que son de fuera)
    – dejar de crear un proletariado (que vote progresista). Sin excusas. Eso nos está lastrando; y está creando un grupo de enemigos que con el Estado del Bienestar vive de nosotros. Si cualquier extranjero puede prosperar, también los locales.
    – dejar de ceder al chantaje nacionalista (el que ataque a España no – puede sacar beneficios de ella)
    – dejar de perseguir a la Iglesia Católica y devolverle el carácter privilegiado que tiene que tener como ideología milenaria propia de este pueblo. Lo contrario es un suicidio para la nación que no nos beneficia en nada. Sólo beneficia a nuestros enemigos.
    – dejar de manipular a la población con consignas; y concentrarse en problemas reales y objetivos posibles.
    – respetar a cada uno; cada cual tiene los intereses personales, su modo de ser, la religión y el idioma que Dios le ha dado. Eso es como tiene que ser, y tiene que ser protegido. Nadie es mejor que los demás; ni nadie tiene que imponer nada a los demás.
    – Olvidarse de los cebos masónicos de “progreso”, “ilustración”, “librepensamiento”, “modernidad”, “ciencia”…y demás mitos vacíos que han llevado a este país a tantas guerras civiles.

    Ya habrá progreso, ilustración, librepensamiento, modernidad, ciencia y todo lo que se les ocurra cuando tengamos la estructura económica que lo promueva; y no antes (es imposible). Mientras sigamos con estos engañabobos estamos creando conflictos innecesarios con humo que, además retrasan la industrialización y la modernidad (por cierto, ambas cosas no son tan buenas como parecen)

    Como ven, no necesitamos a Dostoyevski, ni “filosofías prestigiosas”, ni papanatismo “progresista”.

    Basta un plan, acción y la ayuda de Dios.

    ¡mano de santo!

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