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La CUP, mientras marca la hoja de ruta del butifarrendum desacreditando las pautas de Juntos por el Sí y desquiciándolos con una estrategia feroz (reclaman una ley específica, más movilización y desobediencia), a la sazón van de corderitos con relación al Estado.

Han denunciado ante la Mesa del Parlament que son objeto de “increpaciones, acusaciones, descalificaciones e insultos” continuados y sistemáticos por parte de diputados de Cs y el PP. Además, el diputado de la CUP Benet Salellas ha denunciado la existencia de una estrategia muy clara del PP y el aparato del Estado para intentar desfigurar la imagen de la CUP y vincularla con violencia y desorden”.

A su juicio, el objetivo es “construir un escenario que en un futuro permita establecer acciones incluso legales o judiciales contra la CUP”. “Nos hace sospechar que hay una voluntad del gobierno de Madrid de criminalizar la CUP por vía estas cloacas del Estado y borrarla del mapa por vías no democráticas “, advirtió.

Pero que malvados son el Estado y los partidos unionistas creando injustamente fama de violentos a estos pobres chicos. Es una gran “calumnia”. ¿Quién puede dudar de su pacifismo tras su homenaje y sintonía con el “hombre de Paz” Otegui? ¿Quién osa llamarlos violentos tras su “exquisito civismo” en el barrio de Gracia y las sobradas “muestras de cariño” a la Policía? ¿Acusar de violencia a los que queman las fotos del Jefe del Estado y piden escarches a todos los cuarteles de la Guardia Civil?