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Francisco de Asís Liesa Morote tenía 56 años y era natural de Barcelona. Estaba casado con Claudia Mestre y tenía un hijo de 25 años. Ingeniero industrial, se inició profesionalmente como marino mercante, de donde pasó a la Marina Militar por oposición. Capitán de corbeta de la reserva naval activa, hacía ocho años que estaba destinado en la Comandancia de Marina de Bilbao, donde desempeñaba el cargo de segundo comandante.

Hacia las 20:30 horas del 3 de octubre de 1978 una persona hizo señas al portero del inmueble donde vivía Francisco de Asís para que le abriese la puerta. Una vez dentro le preguntó si el señor Liesa se encontraba en casa y, ante la respuesta afirmativa, sacó un arma y le encañonó con ella. Al mismo tiempo, otros tres terroristas que cubrían la mitad de su cara con pañuelos entraron en el portal. Los autores del atentado obligaron al portero a que les condujese hasta el domicilio del militar después de decirle que no le iba a pasar nada si seguía sus instrucciones. El terrorista que había entrado con la cara descubierta se colocó también una capucha sobre la cabeza y, acompañados del portero, llamaron a la puerta del domicilio de Francisco Liesa, siendo la propia víctima la que abrió la puerta. En ese momento se encontraban en el interior del domicilio, además de Francisco, su mujer, Claudia Mestre, y dos alumnos de náutica a los que Francisco estaba dando clases para que pudieran obtener el título de patrón de yate. Un tercer alumno llegó después de que se cometiese el atentado.

Una vez dentro, al menos tres de los cuatro miembros del grupo empuñaron sus armas, al mismo tiempo que uno de ellos preguntaba quién de los presentes era Francisco. Su mujer comenzó a gritar “¡asesinos!”, mientras que el militar trataba de calmarla diciéndole que no se preocupase, porque no iba a oponer resistencia. Acto seguido, el autor material del asesinato se encerró en una habitación contigua con Francisco, con el que mantuvo una conversación de unos cinco minutos. Al término, abrió la puerta de la habitación al tiempo que decía: “Ya hemos terminado”. Sin mediar palabra efectuó un sólo disparo a bocajarro sobre la sien de Francisco de Asís (El País, 4/10/1978).

Los asesinos huyeron a pie a través de descampados y calles poco iluminadas por las que descendieron hasta el casco viejo de la ciudad. Francisco había quedado, todavía con vida, recostado en un sofá, con un impacto de bala en la cabeza y sujetando unas gafas entre sus manos. Un médico de la vecina clínica de la Virgen Blanca le practicó los primeros auxilios, aunque apenas pudo hacer otra cosa que tratar de contener la hemorragia e introducirlo en una ambulancia que lo trasladó al Hospital Civil de Basurto. Desde el domicilio de la víctima hasta el lugar en el que lo recogió la ambulancia podía verse un reguero de sangre de unos treinta metros.

En el comunicado de la banda terrorista ETA, tras negar que la intención fuese el secuestro, como se había especulado al principio por algunos medios de comunicación, ETA justificaba el atentado por ser la víctima el “responsable de evitar toda ayuda material que ETA puede recibir del extranjero por vía marítima”.

Y es que el capitán de Corbeta ejercía de juez instructor en el llamado caso Allul. El Allul fue interceptado en septiembre de 1978 cerca de Rochester por la autoridades británicas cuando navegaba entre el puerto belga de Brujas y el de Bilbao. En su interior transportaba, según las primeras versiones, 2.800 fusiles automáticos Armalite de fabricación americana que no estaban consignados, por lo que el barco fue enviado de nuevo al puerto de origen para descargarlos. La explicación que la empresa consignataria del barco dio es que se había tratado de un error, que no eran fusiles automáticos Armalite sino FN FAL belgas, utilizadas por los ejércitos regulares de muchos países, que se habían embarcado en el navío equivocado. Cuando saltó el escándalo, se sospechaba que el destino final podía ser Sudáfrica, en aquellas fechas sometida a embargo, o cualquier otro país africano o sudamericano, pero también se especuló con que fueran armas destinadas al IRA o a ETA. El barco llegó a Santurce, ya sin las armas, la noche del 29 de septiembre de 1978 escoltado por el dragaminas Turia de la Armada Española, y se inició una investigación por parte de las autoridades en la Comandancia de Marina de Bilbao, siendo Francisco de Asís Liesa el encargado de la instrucción de la misma. El comunicado de ETA fue lo que hizo que los medios de comunicación especulasen sobre la posible relación del asesinato del capitán de corbeta y el caso Allul. Así, el diario El País, en su edición del 06 de octubre de 1978 señalaba que “el comunicado de ETA pudiera aludir a la participación del capitán de corbeta Francisco Liesa, cuyos restos fueron enterrados ayer, en Barcelona, en las investigaciones sobre el transporte de armas realizado por el buque Allul, propiedad de la naviera García Miñaur, con destino a Bilbao para Barreiros Hermanos Internacional, SA., si bien las autoridades de la Comandancia de Marina de Bilbao aseguraron que el señor Liesa no había estado en ningún momento encargado de llevar a cabo las investigaciones. No obstante, en medios informativos bilbaínos se sabe que el capitán de corbeta asesinado había concedido a un redactor de un semanario con difusión nacional unas declaraciones en las que dio detalles precisos sobre el affaire Allul. Afirmó, entre otras cosas, que las armas venían destinadas a Bilbao. El informador había sido remitido, al parecer, al señor Liesa por el primer jefe de la Comandancia de Marina de Bilbao, quien consideró que ‘era el más enterado sobre el tema’”.

Según crónica de El País de 6 de octubre de 1978 pese a la prohibición de la autoridad gubernativa unas quinientas personas se congregaron frente al Gobierno Civil de Bilbao ondeando banderas de España y protestando contra las autoridades políticas de Vizcaya por su dejación ante el terrorismo.

La capilla ardiente se instaló en el Sector Naval de Cataluña en Barcelona. A la una del mediodía tuvo lugar una misa por el eterno descanso del militar asesinado. El traslado del féretro al cementerio de Les Corts estuvo acompañado por una multitud de vecinos de Barcelona que ondeaban banderas de España y despedían al asesinado.

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