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A mediados y finales de 1918, el catalanismo político inició un proceso de radicalización y lanzó su primer gran desafío contra el Estado que terminó en un rotundo fracaso: el Estatuto de 1919. La fuerza principal del catalanismo era entonces, la Lliga Regionalista dirigida por Francesc Cambó, tras la muerte de Prat de la Riba, su primer líder. La Lliga era una fuerza conservadora muy conectada con la burguesía industrial catalana. A pesar de su nombre era una fuerza nacionalista y aunque no era en principio separatista también tenía considerables tendencias independentistas en su interior.

En 1914 había conseguido que el Gobierno aprobase la Mancomunidad catalana, un órgano común de las Diputaciones catalanas que tenía autonomía administrativa y capacidad de impulsar obras públicas, institutos técnicos o equipamientos culturales pero no tenía autonomía política, es decir no había un parlamento catalán que pudiera hacer leyes propias y sus competencias eran pocas. Por ello a finales de 1918, la Lliga dio un salto cualitativo y empezó a exigir al Gobierno de Madrid un régimen de amplia autonomía política para Cataluña.

Fue muy importante en ello la influencia de los acontecimientos exteriores. A finales de 1918 terminaba la I Guerra Mundial con el derrumbamiento de los imperios centrales .El Imperio Austro Húngaro se desmembró y aparecieron muchos estados nuevos, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, la renacida Polonia entre otros como los bálticos al hundirse el imperio zarista.

El 16 de Noviembre, con toda la ridícula solemnidad característica del nacionalismo catalán, se hizo un acto oficial de entrega de los tomos que contenían los votos de los ayuntamientos catalanes a favor de la autonomía “integral” de Cataluña y a partir de ese momento la Lliga trasladó la batalla política a Madrid. El 19 Cambó (que solo un año antes había sido ministro de Fomento) exigió en el Congreso de los Diputados un amplio Estatuto para Cataluña, incluyendo probablemente la recaudación de los impuestos así como la autonomía integral, es decir que el Gobierno no pudiera legislar sobre la competencias catalanas (lo que los nacionalistas llamaban en 2005 “el blindaje de las competencias”). De hecho el fracaso del Estatuto de 1919 tiene notables parecidos con el similar fracaso del de 2005.

La reacción en el resto de España fue muy adversa pues los españoles se daban cuenta de que si ya la burguesía catalana era la gran beneficiada de la política económica proteccionista del Gobierno, ahora esa burguesía quería además cobrar los impuestos en Cataluña y una gran autonomía política. Las asociaciones empresariales y los municipios de Castilla y León, Andalucía, Aragón y Extremadura se unieron para expresar su rechazo ruidosamente con actos y manifestaciones.

Viendo que en las Cortes la reacción de los diputados del resto de España era totalmente adversa, los diputados de la Lliga se retiraron de las Cortes y se refugiaron en una actitud victimista en Barcelona. Incluso parte de la propia alta burguesía catalana hasta entonces representada en la Lliga se opuso al Estatuto y surgió un nuevo partido, la Unión Monárquica Nacional, dirigida por el empresario textil de Terrasa, Alfonso Sala. La UMN llegó a tener una influencia predominante, desplazando a la Lliga, en la patronal Fomento del Trabajo o en el Círculo Ecuestre.

La Lliga redactó un Estatuto de Cataluña tan amplio que apenas dejaba al Estado la Corona, la Defensa, y los asuntos Exteriores. Era totalmente inconstitucional. Lo presentó en Barcelona el 24 de Enero de 1919, en medio de una fuerte crispación social y política en Cataluña y en España. En Barcelona empezaron a registrarse graves enfrentamientos entre jóvenes con banderas españolas y catalanas .El día 26 de Enero hubo uno muy grave en las Ramblas que acabó con 55 detenidos y numerosos heridos.

El presidente del Gobierno el liberal conde de Romanones propuso a la Lliga crear una “Comisión de conciliación” en las Cortes para que los diputados de diversos partidos y el Gobierno redactaran un Estatuto que fuese constitucional ya que el de la Lliga era inaceptable pero los catalanistas se negaron a cambiar nada de su texto.

Cambó y la Lliga creyeron que presionando fuertemente con la redacción de un Estatuto lograrían que el Gobierno, asustado, lo aceptara pero se equivocaron totalmente. Tras una última y también adversa sesión de las Cortes el 29 de Enero de 1919 en la que Cambó intentó desesperadamente y sin éxito que fuera aprobado su Estatuto, La Lliga comprendió que su derrota era irreversible. Así fracasó el primer Estatuto catalán.

Rafael María Molina Sánchez. Historiador.

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