La familia del independentista Xavier Trias (II): un tío mártir


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Ignacio Trias Bertrán, tío de Xavier Trias

Mientras Xavier Trías se ha dedicado a homenajear a los fusilados por Franco en Montjuic, ha ocultado la suerte de su tío Ignacio, que murió fusilado en el mismo Castillo por orden de la Generalitat.

He aquí su hagiografía resumida (en este enlace la tienen completa):

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Esquela

Ignacio Trías Bertrán nace en Barcelona el 24 de junio de 1919, el día de la fiesta de San Juan Bautista y el padrino escoge para él el nombre de Ignacio. Ya le habían precedido otros once hermanos y él ocupa el lugar duodécimo. Le seguirán dos hermanos más, que conformarán una familia numerosa de catorce hijos. Sus padres son cristianos fervorosos y en el ambiente familiar se transmite la vida cristiana. Desde los cinco años a los catroce vive con toda su familia en Canarias.

Congregante emprendedor

Se presenta ante el padre jesuita de las Congregaciones Marianas con estas credenciales: “Soy Ignacio Trías Beltrán, primo del padre Trías, jesuita. En Canarias fui de la Congregación de la Inmaculada y San Juan de La Salle. He pedido permiso a mamá para ser congregante y me lo ha concedido, pero como somos diez hermanos, yo no podría serlo si la cuota fuera muy crecida”.

En estos primeros días de la Revolución del 18 de julio de 1936, crece su actividad apostólica, que sólo la muerte logrará hacer parar. En el nuevo local, teníamos objetos religiosas que ocultar, así como fichas y listados que debemos destruir.

El 22-julio-1936,  las turbas asaltan el local. Quedan cosas que pueden comprometer y es preciso sacarlas. Ignacio se las ingenia para que dos congregantes vigilen la calle, uno de ellos abra la puerta y luego entren los tres al local. En una cesta de compra cubierta de verduras sacan lo último de alto compromiso y se lo llevan. Ignacio no quiere abandonar este local y logra que se incauten de él el “Bloque Escolar Nacionalista”. Se hacen socios de esta entidad y tienen acceso directo al local.

Detenido dos veces

Acepta el cargo de Subsecretario en el Patronato Pro-Mutilados, para gozar de gran libertad de movimiento. Lo detienen el entrar al local, registran su escritorio y es conducido a la Delegación de la Ronda de San Pedro donde le piden declarar. Aquí le visita su hermano y le lleva comida. Se niega y es incomunicado en el calabozo sin comer. Declara al fin, pero no firma. Llevado al Palacio de Justicia, se encuentra con presos de la FAI por los sucesos de mayo de 1937. Hace amistad con algunos y es conducido al Preventorio “A”, Cárcel Modelo. Se le acusa de: socorrer a personas perseguidas, ayudar a pasar la frontera, dar cartas de trabajo a enemigos del régimen…

En la Modelo: “¡Sufro al ver la miseria que hay dentro! ¿Creéis que se puede comer, teniendo al lado otro que ayuna? No sabéis la pena que se siente cuando a uno le piden pan y no hay para darle”. “Traedme pan y ropa”.

Hizo entrar medicinas para los enfermos, formas y vino para la Misa, ya que había muchos sacerdotes en la cárcel Modelo que la celebraban a diario.

El 14-agosto-1937, Ignacio sale de la Cárcel Modelo, pero el 13-enero-1938, es detenido por segunda vez al llegar al domicilio familiar. Llevado a la Modelo, tercera galería. Comparten la misma celda de la quita galería su hermano Alejandro, su padre e Ignacio hasta que el día 20 de abril de 1938 han sentenciado al padre y a su hijo Alejandro a pena de muerte. Alejandro es absuelto y llevado al Campo de Trabajo y su padre condenado a treinta años.

Tras pasar por un campo de trabajo, 25-mayo-1938, Ignacio es juzgado en el Palacio de Justicia y el fiscal pide para él y sus compañeros quince años de prisión. “

Escribe a su madre: A mí me condenarán a muerte y me fusilarán”. “Madre, no desespere, suceda lo que suceda. Si me ejecutan es que Dios lo permitirá así. He obrado siempre con la mayor rectitud de intención. No me he dedicado al espionaje: lo único que he hecho ha sido ayudar a quien me ha sido posible, he salvado la vida de muchas personas. Estoy satisfecho. De ser ahora, haría lo mismo”.

El 11-agosto-1938 a las 7.30 de la mañana, suben treinta y un condenados al un camión. En Montjuïc se juntarán con los treinta y dos que ya están en el Cuerpo de Guardia esperando su fusilamiento. Serán sesenta y tres los ejecutados, treinta y uno que procedían de la Cárcel Modelo y treinta y dos que ya estaban en el Castillo de Montjuïc.

Al arrancar el camión entonan el canto del Credo. Al Castillo llegan cantando. Se encuentran con los demás, entre ellos una mujer en avanzado estado de gestación. Se inicia el fusilamiento en grupos de seis. Se forman diez grupos de seis y uno de tres. Sale cada grupo de seis, del Cuerpo de Guardia y llega al Foso de Santa Elena. Está lloviendo. Ignacio se encuentra entre los grupos centrales. Cada condenado lleva en el bolsillo un papelito con su nombre para posterior identificación. Desde el Cuerpo de Guardia se oyen las descargas e Ignacio sigue animando sin desfallecer a todos, mientras les llega el turno. Llaman a su grupo y no se inmuta. Bajan los seis hacia el foso recibiendo ánimo y fortaleza por parte de Ignacio. Como canta el Oficio de Vísperas de los Mártires: “A la manera de corderos ofrecen su garganta a la espada sin quejarse ni murmurar. Un corazón sin miedo y una conciencia serena le sostienen en sus sufrimientos”. Por el suelo se encuentran los treinta fusilados anteriores que chorrean sangre. Se colocan los seis frente al pelotón de ejecución. Ignacio toma el Rosario y grita: “¡Gloria a Cristo Rey!”

Xavier Trías, no oblidis al teu oncle quan pactis amb ERC!

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