CATALANADAS- ELECCIONES MUNICIPALES 1: ¿De izquierdas y nacionalistas? La cuadratura del círculo


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Contra la profecía de Oriol Junqueras estas elecciones no han sido “constituyentes”, ni de lejos, como las municipales que trajeron –ilegalmente- la Segunda República. Tampoco pueden ser unas “primarias” de unas posibles, también mal llamadas “plebiscitarias” que teóricamente se celebrarán en septiembre.

El ruido mediático de Cataluña ha quedado ahogado entre tantas autonómicas y tantas trashumancias de votos en toda España. Para que funcione el discurso nacionalista, éste debe ser el centro de atención, sino no funciona. De ahí el terror existencial de Artur Mas a unas –también hipotéticas- elecciones Generales convocadas por Rajoy coincidiendo con las autonómicas catalanas.

De momento, en Cataluña el resultado electoral puede cifrarse en estos términos. Siguen existiendo dos Cataluñas y dos grandes ejes: conservadurismo-progresismo, nacionalismo constitucionalismo.

¿Cuál es el papel del nacionalismo en la Historia de Cataluña?

Sólo uno y fundamental: arrastrar a una sociedad profundamente tradicional, principalmente en sus pueblos y villas, en una sociedad secularizada, atomizada y profundamente revolucionaria.

No podemos olvidarlo. No podemos dejar de repetirlo. El nacionalismo es una ideología esencialmente burguesa-liberal, disfrazada de sano amor a la tierra, que consiguió –en pocas generaciones- transformar el alma de Cataluña. Los abuelos y bisabuelos de los Abadal, los Carrasco y Formiguera, los Cambó y Prat de la Riba, Los Roca y los Junyent, o de los mismísimos Millet, se hubieran horrorizado de un programa político como el de CiUdescarga (1)

Si para aquellos hombres hubiera sido inimaginable siquiera la legalización del divorcio, ¿qué pensarían del aborto, de la ideología de género, de la deriva del progresismo eclesiástico-clerical? El catalanismo fue tan conservador, que la inmensa mayoría de catalanistas miraron con estupor el nacimiento de una Esquerra Republicana de Catalunya que la vieron como un aborto del catalanismo. Sin embargo muchos catalanistas, se dejaron seducir y fueron deslizando su conservadurismo hacia un progresismo que ganara las simpatías de una sociedad cada vez más de izquierdas.

Y así nacieron partidillos como Acció catalana o Unió Democrática de Catalunya, fundado por ex militantes de la Lliga que se acomplejaban de su conservadurismo.

La Guerra Civil fue implacable y los hombres de la Lliga, en su inmensa mayoría se tuvieron que posicionar con Franco. Su conservadurismo venció sobre su catalanismo. Hasta ERC llegó a parecer un pelele conservado al lado de sus socios: primero los anarquistas y luego –tras su purga- los estalinistas.

Tras la Guerra, el franquismo no tuvo que buscar alcaldes fuera de Cataluña para Cataluña. Halló de sobras entre viejos militantes de la Lliga que se había pasado a la recién inaugurada FET y de las JONS. Todos ellos catalanes, de esos de ocho apellidos. Sus hijos y nietos, se tuvieron que hacer perdonar su franquismo familiar en el mejor de los casos haciéndose pasar por progres catalanistas, aunque aún muy vinculados a un clero catalanista sumido en el mismo complejo; y en el peor, universitarios marxistas. Universitarios porque sus padres, burgueses benestants durante el franquismo, tenían dinero suficiente para la buena crianza de la saga; y marxistas para fastidiar a sus padres. Los Ribó, sería un buen ejemplo de este paradigma. Los Trías, un ejemplo del primero.

Barcelona ciudad abierta: ¿nacionalista, progresista o síntesis de contrarios?

Trías, Javier Trías, ¿Qué cara le pondrás a tu tío mártir?Asesinado en el Castillo de Montjuïc, mientras que tú como alcalde celebrabas homenajes a sus asesinos. Trías, Javier Trías, burgués de la burguesía, de buena familia naciste y así lo ocultarías. ¿Acaso no te acuerdas, a buen seguro fue así, de las historias familiares en la que se contaba cómo al llegar la República, las calles de Barcelona se llenaron de revolucionarios?

“Mori Cambó, Visca Macià” se gritaba por toda Cataluña. El que había alimentado el catalanismo” debía ser “asesinado” (como quien mata al Padre) por una turba de desarraigados. Trías, acaso los votos de la Colau no te recuerdan ese fluir de masas pidiendo la cabeza del líder de la Lliga. images (1)

Una vez contados los votos, se tendrán que contar las intenciones. Cualquier pacto que surja para gobernar Barcelona será contranatura. Sí o sí. Y CiU acabará perdiendo, sí o sí. Y ello por dos motivos: porque yendo de progresistas, los de la Colau les llevan mucha delantera y queriendo ser catalanistas, los de Esquerra y las CUP, les adelantan por donde quieren.

Ya avanzábamos que la “Batalla por Barcelona”, sería el Stalingrado del catalanismo burgués. Si se pierde, toda la política de alianzas por el “prucés” cambiará. Los ejes se han desequilibrado, el péndulo se ha movido. No queremos ser ingenuos –como muchos- pensando que un triunfo parcial de los “antisistema” o los Podemos a la catalana, frenarán el proceso. No, el análisis es otro.

Barcelona en Comú y cientos de pactos locales semejantes, lo que manifiestan es un grieta en un dique de contención. CiU creó un dique, mientras que, a la vez, acumulaba agua. Creía que podía dosificar las aguas que manaban de él para demostrar su primacía política. El agua está apunto de abandonar lo canales y atravesar las grietas. Y eso, ni Mas, y si se nos permite, ni siquiera Junqueras (como ya le pasó a Companys) lo podrán controlar.images (4)

Las aguas se desbordarán, pero no sabemos el camino que seguirán: el nacionalismo o la revolución. Lo único que sabemos es que uno se transformará en instrumento del otro y el nacionalismo tiene las de perder. La historia nos enseña que cuando se agota un proceso radical revolucionario e internacionalista, el nacionalismo es el oasis donde la revolución reposa para cobrar nuevas energías. Sino, mírese la Rusia actual.

Ni las CUP, ni ERC, ni las Barcelona en Común tienen Patria. Y si no tienen Patria es que la Nación es un mero mito para alcanzar una revolución social, en mayor o menor grado.

Hace bien en dudar nuevamente Artur Mas. Estas elecciones municipales llevarán a sacar la calculadora, otra vez, para ver si le conviene una vez más cambiar la fecha de las elecciones que nos deben llevar a Ítaca.



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