Disidencias ególatras y disidencias ideológicas



José Alsina Calvés

En cualquier partido, asociación o sindicato es común el fenómeno de la disidencia. Un grupo, más o menos grande, de miembros o afiliados empieza a discrepar de la dirección por motivos diversos. Sus argumentos son siempre muy parecidos: que si falta de democracia interna, que si autoritarismo de su líder, que si corruptelas.

Las causas de esta disidencia pueden ser de dos tipos: cuando los disidentes se sienten ofendidos por que la organización no les ha considerado como ellos creían merecer, cuando no se les ha dado los cargos y prebendas que pretendían, cuando consideran, en fin, que se les ha tratado mal estamos en un caso de disidencia ególatra. Cuando se produce una discrepancia real con la línea ideológica, con los objetivos o con las estrategias podemos hablar de una disidencia ideológica. La realidad, y la experiencia, muestran que la mayoría de las disidencias son de tipo ególatra, y pocas veces son realmente ideológicas.

En el partido Vox, como en cualquier asociación de seres humanos, se han dado y se dan crisis de este tipo. Hasta el momento se habían tratado de disidencias de tipo ególatra. Creo que el caso de Macarena Olona fue paradigmático: esta señora se sintió frustrada al no poder entrar en la cúpula dirigente, se marcho del partido y se dedico a criticarlo con unos argumentos que parecían sacados del repertorio progre. Conozco otros casos parecidos, a nivel de Cataluña, que no voy a nombrar.

La crisis actual es más compleja. Hay un componente ególatra (Ortega Smith), pero
también hay un componente ideológico (Espinosa de los Monteros). Comencemos por el primero; conocí a este señor hace años, en pleno “pruces”, cuando Vox era todavía extraparlamentario. A instancias del presidente de la gestora de Vox Barcelona, Carlos Garcés, nos reunimos diversas asociaciones patrióticas que luchábamos contra el separatismo en Cataluña. Se nos dijo que vendría Ortega Smith, entonces secretario general de Vox. En mi ingenuidad pensé que este señor quería conocer de primera mano el problema, de la boca de los que combatíamos día a día, sin medios y sin apoyo de nadie. ¡Craso error ¡No vino a aprender, vino a enseñarnos! Vino a decirnos lo que teníamos que hacer. El señorito madrileño venia a aleccionar a los palurdos de “provincias”. Cuando alguien es tan prepotente cuando todavía no es nadie ¡que será cuando empieza a ser alguien!

El caso de Espinosa creo que es diferente. Tiene razón cuando dice que el Vox actual no es el inicial. La fundación de Vox, de la mano de Alejo Vidal Quadras, era el proyecto de crear un partido “a la derecha del PP” que actuara como muleta del mismo, que fuera al PP lo que Sumar ha sido al PSOE. Sus fundamentos ideológicos eran liberales. Su “elección del enemigo” (tal como diría Carl Smith) era meridiana: “la izquierda y los separatismos”.

Es evidente que, de entonces a ahora, Vox ha sufrido una evolución. Ha cambiado su lección del enemigo: ya no es “la izquierda y los separatismos” sino “el bipartidismo”.

Figuras emergentes, gente muy joven, como Hernández Quero o Rocio de Meer, han orotagonizado una aproximación hacia una posición identitaria y tercerista. Se habla de “patriotas contra globalistas”. Es evidente que, en la disidencia de Espinosa, dejando aparte cuestiones personales, hay un importante fundamento ideológico y de modelo de partido.

Sin embargo, la evolución de Vox no se ha completado. En sus alineamientos
internacionales sigue atrapado en planteamientos liberales y atlantistas. En mi opinión Vox debería mirar más a Meloni y a Le Pen y menos a Trump, Millei y Netanyahu. Pero este sería otro tema.



Categorías:OPINIÓN

1 respuesta

  1. Sr. Alsina, le doy la razón en este artículo, pero detrás de Espinosa no hay ideología sino negocios, despachos, intereses, pelotazos, el «quiero-ser-ministro-como-sea» de toda la vida. Lo he dicho varias veces, con Trump se puede coincidir en algunas cosas de política interior que nos gustan, pero Trump es un incordio para el voto identitario, tercerista, nacional-popular o como lo queramos llamar…

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