¿Cómo acabó la viuda de Companys? ¿Hicieron los catalanistas algo por ella?


Mucho se ha escrito sobre los últimos momentos de Lluís Companys tras ser ejecutado en el castillo de Montjuïc. Pero poco se ha escrito sobre Carme Ballester, su última esposa.

La pareja se conoció en los años 30. Ballester se había casado por primera vez en junio de 1917 con un empresario dedicado a las estilográficas llamado Joan Duran. Pero aquel matrimonio no fue bien y Ballester mantuvo otras relaciones siendo una de las más sonadas la mantenida con Miquel Badia, el jefe de la Policía de la Generalitat. La que tuvo con Companys no salió a la luz hasta los llamados “Fets d’Octubre”, cuando se supo que ella quiso estar al lado del presidente de la Generalitat acompañándolo al final, en el momento en el que era detenido acusado de haber organizado un golpe de Estado. Companys y Ballester se casaron el 5 de octubre de 1936, con la Guerra Civil en pleno funcionamiento. Se llevaban veinte años, algo que parece ser que le gustaba al político.

Gracias al libro de Enric Vila, “Lluís Companys. La veritat no necesita màrtirs”, sabemos que tras la ejecución del político, sucedida hace 80 años, las cosas no fueron nada bien para Ballester, entre otras cosas porque la propia familia Companys le dio la espalda.

Según el testamento que escribe poco antes de morir en su celda, a su esposa Carme le lega “els efectes, mobles, robes, etc., que tinc a França, per a que n’usi lliurement, segons les seves necessitats i voluntat. I els meus records personals, escrits, etc. perquè els guardi i que quan ella falti puguin ésser conservats per la meva filla i en defecte, altres successors directes”. Igualmente pudo escribir dos cartas: una a su hija María, fruto del primer matrimonio y que había podido refugiarse en México, y la otra a su esposa. Companys se mostraba esperanzado en que hubiera un buen entendimiento entre su hermana Ramona y Carme Ballester, pero no se cumplió esa ultima voluntad.

Sola y sin ningún tipo de ayuda, Carme se quedó en Francia con Lluís, el otro hijo de Companys, conocido popularmente como Lluïset. Víctima de una grave enfermedad mental fue Carme la encargada de localizarlo en Francia a través de algunos anuncios que puso en la prensa. Ella se ocuparía de él hasta que Lluïset murió en 1956 en París. Nadie del mundo nacionalista la apoyó. Carme intentó probar suerte escribiendo a María sin recibir ningún tipo de respuesta por su parte. La pobre Ballester no logró la simpatía de la familia de su difunto esposo.

Hay un triste epílogo que demuestra que para muchos Lluís Companys fue una leyenda, solamente eso y que a la hora de la verdad, pese a las banderas y los carteles, nadie se preocupó por la viuda de quien había sido presidente de la Generalitat. Sin recursos, acabó limpiando los suelos de las casas de las familias acomodadas de la capital francesa, además de dedicarse a zurcir en un salón de costura. La ayuda económica de la Generalitat en el exilio apenas cubría sus gastos, ni los de mantenimiento de la residencia en la que estaba Lluïset. Carme Ballester murió en París el 7 de marzo de 1972 en París, dejando su esquela pagada en “Le Figaro” y “Le Monde”. Prácticamente nadie se enteró de su muerte y apenas tuvo visitas su capilla ardiente.



Categorías:Memoria histórica

5 respuestas

  1. Homenajean a las más de 8 mil personas asesinados durante el Gobierno de Lluís Companys

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  2. La biografía de Companys es la de un tipejo (su aspecto era tal) abyecto, miserable y criminal por pura casualidad. A diferencia de otros genocidas como Lenin, Hitler, Stalin, Mao, Castro, los Kim y otros muchos más; Companys es la pura esencia de la mediocridad más absoluta; la que encumbró la II República a tanta chusma. Si Alfonso XIII hubiera conservado el trono y la vergüenza, tipos como Companys no hubieran pasado de simples abogaduchos desconocidos, que hubieran acabado en la cárcel por desfalcar a sus clientes. La prueba es que su biografía es una mezcla de fantasías animadas y de caspa catalanista. Su viuda vivió como se mereció. Las víctimas de su esposo no tuvieron esa suerte.

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  3. Muy interesante.
    O sea, si no he entendido mal Carme, sin ser su madre, fue la que se encargó del hijo enfermo, Lluiset, en unas condiciones económicas muy precarias.
    Eso habla muy bien de ella y no tan bien del resto de la familia.
    Que Dios se lo haya premiado.

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