8 de marzo, día de la mujer trabajadora y madre


Entendemos por  civilización la cultura basada en el entendimiento, la empatía y no en la violencia. Por eso la posición de la mujer en la sociedad depende de la función que desempeña en la familia, que es el núcleo básico de la misma.

La presencia de la prostitución es el más claro indicio del fracaso de nuestra civilización. El blanqueamiento del mercantilismo que rige las relaciones más íntimas entre las personas es el reflejo de una sociedad hipócrita, con una absoluta ausencia de  responsabilidad social. Reduce al ser humano, mujeres y también hombres,  a mercancía para los clientes. Se rige bajo los parámetros económicos del máximo beneficio al mínimo coste. Reduce el amor a sexo y el sexo a negocio.

Se trata de la depredación sexual más feroz, en la sociedad del “poliamor”,  es decir polisexo, que defiende la progresista y deconstructiva extrema izquierda.

Es por ello que mostramos nuestra rechazo al espectáculo “Acuéstate con una prostituta” del distrito de Trinidad Vieja en Barcelona, para celebrar el 8 de marzo de 2025 y las “Rutas de la prostitución que sirven teóricamente para promover la empatía con con ellas y ellos. Creemos que sería más honroso luchar contra la trata de blancas, en su derivación masculina también, ya que la normalización de esa lacra social es de todo menos feminista.

Y el segundo gran fracaso son los que pretenden ser derechos reproductivos de las mujeres, cuando en realidad son derechos para que una mujer interrumpa voluntariamente su embarazo o como quieran llamarlo.

 Los derechos reproductivos son todos aquellos que favorecen la maternidad y la paternidad, como su nombre indica.

El primero de ellos es perseguir cualquier mensaje o discurso, civil o religioso, que promueva o justifique la violencia contra la mujer o su desprotección.

Controles ginecológicos gratuitos a las parejas para prever cualquier anomalía que perjudique la fecundación o la impida.

Acceso a una vivienda digna para parejas jóvenes.

Motivar a las empresas a que admitan nuevas madres. Incentivos fiscales a nuevas formas de conciliación personal, familiar y laboral.

Evitar el uso de medicamentos sin prescripción médica para favorecer la fertilidad. Estos han de ser gratuitos y controlados por la sanidad pública

Parvularios gratuitos.

Seguimiento psicológico prematernal, del embarazo y posparto que garantice el acompañamiento y las depresiones postparto y la protección social adecuada, sobre todo dirigida a madres jóvenes solteras o en alto riesgo de vulnerabilidad económica, que son fiscalizadas por los servicios sociales, que acaban secuestrando a sus hijos por ser pobres  o tener graves problemas de salud.

En  muchos casos  se las induce en la adolescencia, incluso en los centros educativos, a no llevar a fin sus embarazos.

Es básica una formación obligatoria y gratuita de escuelas de padres.

Muy necesario un debate político legítimo sobre el aborto y las consecuencias que ello puede acarrear en el seno de la mujer o de la pareja.

 La protección de la maternidad no es negociable. Es imprescindible un sistema de protección maternal,  ayuda, recursos y apoyo social  para prevenir las circunstancias que pueden llevar a una mujer a renunciar a ser madre.

El 15 de la Constitución habla del derecho a la vida y es inadmisible que actualmente que se quiera reformar el apartado 4 de su artículo 43 para introducir el aborto como un procedimiento exclusivamente clínico, intrascendente desde el punto de vista sociológico psicológico y ético. Todo con el apoyo del Consejo de Estado. Es una estrategia política que atenta directamente contra la maternidad y la vida.

Asimismo también se deben considerar derechos reproductivos aquellos que hacen referencia a la formación  en los institutos de enseñanza secundaria y bachillerato sobre temas de fertilidad y forman parte sobre salud reproductiva y sexual de la mujer.

El contexto social y económico actual de la mujer ha dado lugar al creciente retraso de la maternidad que no depende sólo  de sus decisiones individuales.

España presenta  las tasas de natalidad más bajas de Europa. Actualmente nacen más niños de mujeres mayores de 42 años que de menores de 25 y en el 12% de estos nacimientos intervienen técnicas de reproducción asistida.

Es muy positivo que en los institutos se forme sobre la responsabilidad en las relaciones íntimas, pero debería también educarse sobre fertilidad en sus aspectos fundamentales.

Es importante que las jóvenes conozcan que la fertilidad se ve afectada por la edad  elevada en la que actualmente se plantean tener un primer hijo por los cambios de la alimentación y por el estilo de vida moderno. Es muy necesario transmitir correctamente el concepto de salud reproductiva, ya que el invierno demográfico que estamos padeciendo se debe a múltiples factores como el uso generalizado de anticonceptivos, limitaciones biológicas y los cambios sociales que hacen referencia a la precariedad laboral la falta de vivienda y de ayudas sociales para las mujeres trabajadoras españolas, ya que la inclusividad de los sucesivos  Gobierno de España no pasa por acordarse de los jóvenes.

Debe formarse en los institutos de que el paso del tiempo provoca una pérdida tanto cuantitativa como cualitativa de los óvulos, que es un factor biológico imposible de modificar y que los nuevos estilos de vida como por ejemplo sedentarismo, influyen negativamente en la fertilidad, así como  los tratamientos agresivos de quimioterapia o radioterapia. En esta casuística de violencia, incluimos también los abortos como factores que pueden comprometerla.

El reloj biológico afecta a toda la población y, aunque los avances técnicos ayudan a mitigar sus efectos, es muy importante comunicar con claridad la edad óptima para poder quedarse embarazada. 

También se ha de intentar educar en la maternidad que esté siempre ligada con una conciliación real para no desembocar en una dependencia cada vez mayor de la natalidad ligada a la inmigración.

La educación sigue ignorando este aspecto clave y no se ha sometido a autocrítica esta hipotética conciliación que pueda ofrecer un apoyo real a las mujeres. Para que quienes deseen tener hijos jóvenes puedan hacerlo, son necesarias campañas informativas bien diseñadas, ya que las actuales no están llegando a la población de forma efectiva. De hecho la población inmigrante tampoco podrá mantener esas tasas de natalidad necesarias, ya que al instalarse en este país también retrasarán y reducirán esa natalidad.

Las consecuencias de la baja natalidad en España tiene profundas repercusiones socioeconómicas, además del envejecimiento de la población.

Los factores que nos han llevado a esta situación son de tipo económico ya que se busca el primer hijo cuando se alcanza una cierta estabilidad que es tarde y a veces nunca. También existen los motivos culturales ya que se prioriza a la formación y el desarrollo profesional. Otro factor a tener en cuenta es que se confía demasiado en los avances en medicina reproductiva y por tanto estas expectativas chocan con los límites biológicos.

Es necesario que los criterios médicos lleguen a la juventud y estén basados en campañas con criterios médicos para contrastar el riesgo de los tutoriales difundidos en redes sociales por “influencers” sin información.

Los avances en reproducción asistida no garantizan la posibilidad de posponer un embarazo porque, incluso cuando se hayan congelado óvulos antes de los 30, la edad de la gestante sigue siendo un factor decisivo y un 12% de los embarazos  en España se realizan con  esta técnica.

La edad media para tener el primer hijo supera los 32 años durante los que se reduce significativamente la probabilidad de embarazo natural ya que hay una disminución de la cantidad de calidad ovárica.

Es por tanto imprescindible aumentar la educación sobre el ciclo fértil de la mujer desde la adolescencia desde una perspectiva médica, psicológica,  social y ética y   que cada mujer elija de manera crítica sobre su salud reproductiva.

El aborto, la prostitución y la desprotección maternal por parte de las instituciones, hacen que la situación de las jóvenes sea cada vez más difícil, debido a la desprotección y vértigo que provoca. Y la de los chicos, no digamos.

Ser padres y formar una familia es un derecho social, igual que poseer un trabajo y una vivienda digna. El amor a la vida nos hace humanos.

María José Ibáñez Rodríguez



Categorías:OPINIÓN

1 respuesta

  1. Felicito a la autora del artículo.

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