Rafael María Molina

Una interesante obra de bello y poético título manifestó con orgullo el hispanismo de los catalanes en tiempos difíciles.
A mediados del siglo XVII Cataluña había sido entregada a Francia por la traición de Pau Claris, cuyo resultado final fue la pérdida definitiva de la Cataluña transpirenaica (que había intentado heroicamente defender su condición hispánica)
Toda Cataluña estaba invadida por el ejército francés y muchos catalanes, negándose a aceptarlo, continuaban luchando por su identidad tradicional, catalana e hispánica en el ejército del monarca español Felipe IV. Numerosas villas y ciudades volvían a reconocer su autoridad contra el intento de anexión del Principado por el rey de Francia.
Pero la lucha también fue intelectual. Uno de los testimonios contemporáneos más interesantes de la defensa de una Cataluña tradicional, católica y por tanto, hispánica, fue el libro «Cristal de la Verdad, Espejo de Cataluña», publicado en 1646 en Zaragoza por el fraile y catedrático de Teología catalán, Gabriel Agustín Rius.

En este libro de 400 páginas, lleno de erudición histórica y jurídica, el autor lleva a cabo un recorrido por la historia catalana y analiza su legalidad foral. Sus conclusiones son claras, Cataluña es plenamente hispánica, los intentos franceses por apropiarse de ellas son totalmente ilegales y los actos de Claris y sus seguidores constituyen traición no solo al rey de España sino a la propia Cataluña.
Rius refuta en su obra diversos panfletos publicados por autores franceses y algunos catalanes que afirmaban que Cataluña es francesa ya que los antiguos condes de Barcelona en su tiempo supuestamente obraron ilegalmente al desconocer la autoridad de los soberanos carolingios y al acabar uniendo su condado al reino hispánico de Aragón.
Se trata de una interesante polémica que evidencia que los catalanes partidarios de la secesión seguidores de Claris negaban toda la historia de Cataluña de los últimos siglos.
Rius defiende la plena legalidad de la reincorporación de Cataluña al ambito hispánico gracias a los condes de Barcelona y a los reyes de Aragón, subrayando que Francia ya había intentado apoderarse ilegalmente de Cataluña en el siglo XIII.
Defiende Gabriel Agustín Rius la vuelta a la obediencia al rey de España, siendo éste como es, legítimo descendiente de los reyes de Aragón, como algo necesario para la propia salvación de los catalanes, y la preservación de la Religión. Niega además Rius que la presencia de las tropas hispánicas en el Principado fuese ilegal, lo que había sido la excusa de Claris para iniciar su sublevación.
«Es Cataluña provincia de España, gloria ilustre de España y puerta impenetrable, siempre pertrechada y cerrada para las herejías» señala Gabriel Agustín Rius.
En definitiva, es el «Cristal de la Verdad» (que bien merecería una reedición actual y de paso demuestra que todos los catalanes cultos de aquella época manejaban tanto el catalán como el castellano, y muchos también el latín) otro de los múltiples testimonios que en la historia acreditan la esencia católica, hispánica y tradicional de Cataluña.
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No se qué irá el libro, pero la historia es muy clara y se repite siempre:
En las interminables guerras entre Francia y España (Francia estaba obcecada en «reconstruir» el imperio de Carlomagno, de cuya monarquía se consideraba heredera; de ahí la guerras de conquista de la Borgoña y Flandes de la Casa de Austria (Sedán, Lille y Besanzon, por ejemplo eran plazas españolas) y de la Cataluña de España), Luis XIII, con muy buen acierto, prohíbe la entrada de mercancías catalanas a Francia.
Esto no le conviene nada a la oligarquía comercial de Barcelona, porque pierde dinero, y en ese momento entiende que sus intereses están en Francia.
Por eso los comerciantes ofrecen la Corona a Luis XIII y por eso hacen todo lo que pueden para que el ejército español, que iba a SALVAR CATALUÑA de una invasión extranjera, encuentre todas las dificultades posibles (por ej oponiéndose al servicio de dar alojamiento al ejército ) para que llegue tarde y se encuentre con hechos consumados.
Si hoy Cataluña es española, rica y habla catalán y no francesa, pobre y hablante de francés, es porque los Pirineos son una barrera natural demasiada alta y ancha como para que la frontera natural sea el Ebro. Por eso el Rosellón y la Cerdaña, que están al otro lado de la vertiente, sí que quedaron en manos francesas, pero no el resto de Cataluña.
Y por eso también otras veces que se intento la misma jugada, por ej con Napoleón, la realidad geográfica siempre se impuso. La frontera natural son los Pirineos.
El resultado de su traición fue la guerra, que hubo que sufrirla y pagarla, y la pérdida definitiva de la Cataluña norte, que además deshispanizan.
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Creo que las Cortes catalanas se niegan a votar un impuesto para ayudar en la guerra contra el invasor francés.
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