La accidentada elección de Carlos I como emperador del Sacro Imperio (1519)


Ahora que están tan de actualidad las elecciones en la mayor potencia del mundo, los Estados Unidos, quizá sea interesante recordar otros momentos históricos donde un proceso electoral, aunque sea de características muy distintas, ha otorgado el mayor poder político global a una figura concreta o a un soberano. Un momento quizá especialmente interesante y que concierne a España ya que se trataba de un rey de España o de las Españas, como también se decía entonces, fue la elección de Carlos I como soberano del Sacro Imperio Romano Germánico, en julio de 1519, convirtiéndose así, también en Carlos V de Alemania.

Carlos I, nacido y criado en Bélgica, era nieto de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando y del emperador Maximiliano de Habsburgo. Era hijo del príncipe Felipe, llamado el Hermoso, duque de Flandes e hijo de Maximiliano, y de Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos. Nacido en 1500, llegó a España para asumir la corona de Castilla y de Aragón, en 1517, poco después de la muerte de su abuelo Fernando, rey de Aragón y gobernador de Castilla. Su madre, Juana, estaba recluida, por su enfermedad mental.

Pero casi inmediatamente su atención se centró también en el objetivo de lograr ser nombrado al mismo tiempo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, la corona europea más prestigiosa, al menos en teoría, desde el punto de vista político. Su abuelo, Maximiliano era el emperador, y dado que su hijo, Felipe el Hermoso, había muerto años antes, en teoría podría parecer que Carlos, su nieto mayor, era el sucesor natural.

Pero no era así . Se daba la circunstancia de que Maximiliano era emperador de hecho pero no de derecho, ya que no había sido coronado por el Papa. Esto significaba que en teoría Maximiliano, no tenía el derecho a escoger su sucesor. En estos casos el Imperio escogía su soberano, de nuevo de forma electiva.  El Sacro Imperio Romano Germánico era una monarquía muy “federal” y en él, los príncipes de numerosos estados alemanes eran casi soberanos. El emperador debía de tener una fuerte personalidad, si quería imponerse a ellos y gobernar con eficacia.

Los príncipes electores ( Kurfursten) eran siete: los arzobispos de Maguncia ( Mainz), Treveris (Trier), Colonia, el elector del Palatinado, el margrave de Brandeburgo , el duque de Sajonia y el rey de Bohemia. El proceso de elección de emperador duró casi tres años y no se decidió literalmente hasta el último día. Se presentaron como candidatos los reyes más poderosos de Europa entonces, Francisco I de Francia, Carlos I de España y Enrique VIII de Inglaterra, aunque éste se retiró pronto al ver que no tenía opciones.

El historiador británico Geoffrey Parker, en su reciente libro exhaustivo, Carlos V, la biografía definitiva ha calificado este proceso electoral como “un feroz y prolongado juego de póquer, con apuestas extraordinariamente altas. Un juego de tronos cuyo resultado permaneció en la incertidumbre hasta la votación final”. Al principio, Francisco I de Francia, tomó una gran ventaja, hasta tal punto que su elección parecía casi segura.

En marzo de 1518, cuatro príncipes electores, los de Maguncia, Brandeburgo, Palatinado y Treveris, le prometieron su voto, con lo que en principio, tenía ya la mayoría necesaria. El rey francés presumía de querer gastar 3 millones de florines de oro en sobornar a los electores. Pero cometió el error de creer que ya tenía seguros esos votos sin darse cuenta de que los electores estaban dispuestos todavía a escuchar las ofertas de Carlos.

El emperador Maximiliano, que murió en enero de 1519, y Carlos, su nieto, se lanzaron a una carrera para ofrecer más dinero a los electores pero en febrero de 1519, la propia familia de Carlos, le presionaba para renunciar, al ver su candidatura perdida, pero Carlos se negó a tirar la toalla y poco después logró el crucial apoyo de los Fugger y los Welser, las familias de banqueros más importantes de Alemania, que le ofrecieron crédito ilimitado a cambio de poder participar en el comercio con la América española.

En la primavera de 1519 empezó la Dieta o Asamblea Imperial en la ciudad de Frankfurt, aunque Carlos estaba en España. Finalmente Carlos se gastó 1 millón y medio de florines en sobornar a los electores y entre eso y el miedo al autoritarismo del rey francés logró que los electores dejaran de apoyar a Francisco. Pero aún no estaba ni mucho menos ganada la elección ya que emergió una nueva candidatura, la del conde Federico del Palatinado, la favorita de los electores, ya que éstos preferían a un príncipe alemán, antes que a los reyes de España (aunque fuese un Habsburgo) o de Francia.

Al final, justo el día antes de la elección, los delegados de Carlos consiguieron con pagos y promesas de enlaces familiares, que Federico retirara su candidatura. Por fin, el 28 de junio de 1519 Carlos I de España fue elegido heredero del Imperio y se convirtió en Carlos V de Alemania. El resultado del despecho del rey francés, cuyos territorios quedaban ahora rodeados por los de Carlos V,  fueron 30 años de guerras casi constantes entre él  y Carlos V.

Carlos estaba precisamente en Barcelona cuando recibió la noticia de su elección imperial, cuando estaba en negociaciones con las Cortes catalanas, después de haber pasado por las Cortes de Castilla y las de Aragón. En Barcelona tuvieron lugar grandes fiestas para celebrar su elección.

Pero un año más tarde tuvieron lugar importantes revueltas en España, como la revuelta de las Comunidades o de los comuneros, en Castilla, como protesta sobretodo de los excesivos gastos e impuestos para sufragar la elección imperial. Y en Valencia, la revuelta antiaristocratica de las Germanías. Pero se sofocaron pronto.

Entonces empezó el proceso de “hispanización” de Carlos, que tan bien ha descrito el historiador Manuel Fernández Álvarez; Carlos permaneció en España los siguientes 7 años. Aprendió español, y se rodeó de ministros y colaboradores españoles. Al final casi 100.000 soldados españoles, sobre todo castellanos, lucharían por toda Europa en los ejércitos de Carlos V, durante su reinado, como señala Fernández Álvarez. De hecho, a finales de la década de 1540, los príncipes alemanes se quejaban de que el emperador casi solo se rodeaba de ministros y colaboradores españoles.

RAFAEL MARÍA MOLINA



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