La artificial y falsa “Wiphala” de Bolivia contra la “Cruz de San Andrés”


wi

Se desvela en este artículo las invenciones del indigenismo boliviano contra la tradición hispana, como la artificialidad de la bandera indigenista, la Wiphala, contra la Cruz de San Andrés

 

“Es momento de hacer un deslinde y rectificar, porque está tomando cuerpo una cosa que no es histórica. Y la Historia hay que defenderla”. (María Rostworowski, historiadora peruana)

En su obra ‘Breve historia real de la wiphala’, el militante indigenista boliviano Franco Limber reconoce que las referencias históricas de la misma “son contadas, incluso muchas de ellas son de imposible comprobación” y que por ello “los intelectuales indios recurrieron a la imaginación para llenar un vacío”. De hecho, el primer vacío que se vieron obligados a rellenar fue la misma inexistencia del concepto de ‘bandera’ en la América precolombina.

Según declaró la Academia Nacional de Historia del Perú sobre otra supuesta bandera ancestral indígena, llamada ‘bandera del Tahuantinsuyo’ y convertida oficialmente en bandera de Cuzco hace 40 años, “su uso es equívoco e indebido, en el mundo prehispánico andino no se vivió el concepto de bandera, que no corresponde a su contexto histórico”.

Lo que sí existía, según explica Bernabé Cobo en ‘Historia del Nuevo Mundo’ (1609) era el unancha, el estandarte real en el que cada gobernante inca exhibía en batalla sus propios símbolos distintivos (de modo que se trataba de una enseña personal, y no nacional).

Dado el supuesto origen aymara de la wiphala, parece poco posible que los incas (que conquistaron los reinos aymaras 90 años antes de la llegada de Pizarro) asumieran como propio el símbolo de un pueblo sometido. Pero ¿por qué hablamos del ‘supuesto origen aymara’ de la bandera? Fundamentalmente porque su existencia fue meramente deducida a partir de una palabra de significado incierto.

OIP.UfasjIBah256cjWXuj-OVAHaEM

En 1945 el especialista en cultura aymara Hugo Lanza señaló al resto de asistentes al I Congreso Indigenista Boliviano que se celebraba en La Paz la existencia del término ‘wiphala’. Recurriendo a una conjetura tras otra, Lanza dedujo que la palabra se componía de la unión de ‘wiphai’ (‘triunfo) y de ‘lapks-lapks’ (una onomatopeya del viento); que por ello podría ser traducida como ‘triunfo ondeante’; y que de ahí cabía concluir que los aymaras habían contando con un símbolo nacional en forma de bandera.

Pero, claro, una vez ‘establecida’ su existencia, faltaba ‘deducir’ su aspecto. Ahí fue cuando Germán Monroy, cofundador del Movimiento Nacionalista Revolucionario, propuso recurrir a un patrón de diseño que ya había aparecido en algunas prendas y complementos (como las chuspas, o bolsas para portar las hojas de coca y cacao) de culturas preincaicas y que gozaba de cierta popularidad en esos años… por asemejarse al usado en la etiqueta de un refresco con alcohol de producción boliviana, la ‘Champancola’.

Aun dejando de lado el deficiente uso del método científico de Hugo Lanza y el cuestionable criterio gráfico de Germán Monroy, y aunque se alegue que la aparición del patrón de la wiphala en las chuspas evidenciaría su vinculación ancestral con los pueblos andinos, aún cabe señalar que el ‘patrón’ tenía únicamente unos fines decorativos no muy diferentes de nuestros cuadros de mantel (y, como éstos, diferían enormemente entre sí en el número de cuadros y en la disposición y selección de colores).

Como comparación, podríamos decir que elegir un diseño totalmente aleatorio de tartán como bandera de Escocia hubiera constituido un sinsentido no menor que el de decantarse por un diseño ajedrezado concreto para dar forma a la wiphala. Pero eso no supuso impedimento alguno para que los indigenistas siguieran ‘reconstruyendo’ en años sucesivos los ‘símbolos ancestrales’ de la ‘patria indígena’.

El Sabino Arana indígena (y ‘new age’)

La estandarización y difusión de la forma final de la wiphala, la misma que ha terminado ondeando en la Junta de Distrito de Centro, tuvo que esperar a la irrupción en los años 70 de Germán Choque Condori, intelectual y diputado indigenista más conocido por su nombre de guerra, Inka Waskar Chukiwanka.

En un artículo publicado en la web del Real Instituto Elcano, titulado ‘¿Justicia indígena o barbarie?’, se explica que Chukiwanka clama ser el “‘redescubridor’ de la wiphala y restaurador del ‘año nuevo indio’, además de atribuirse la recuperación de la escritura del milenario idioma tawa, de inventar el calendario marawata –o calendario indio– y recuperar muchos nombres indígenas que ahora han vuelto a utilizarse para bautizar niños aimaras”. El mismo artículo también señala un paralelismo obvio de este personaje: “podría considerarse el Sabino Arana del neonacionalismo étnico andino”.

OIP.jAY0Ai0eJTTtZoFm8dJ4dwHaEK

Chukiwanka ha escrito ya dos libros con su labor de ‘recuperación’ de la wiphala como tema principal: ‘Origen y constitución de la wiphala’ y ‘Enemigos de la wiphala’. En ellos relata cómo se decidió unificar el diseño de esta bandera con el fin de dotar de un emblema representativo al Movimiento Indio Tupac Katari (MITKA) en el que él militaba y después tratar de difundir su adopción como símbolo nacional, en un proceso que no hace más que recordar a la historia de la ikurriña.

El propio Chukiwanka relata que “en un primer momento, incluso nuestros propios hermanos indios lo rechazaban, porque la escuela les había hecho olvidar nuestros propios símbolos. Pero gracias a la Pachamama y a la perseverancia de los kataristas fue cobrando vigencia y hoy es conocido a nivel del país y a nivel del mundo”.

La referencia a la Pachamama no es casual. Según recogía hace unos meses el diario boliviano Página Siete, el proceso de invención de la patria ancestral indígena se ha basado en “el pachamamismo, entendido como la construcción ideológica que instrumentaliza elementos indígenas, resaltando exotismos y fabricando otredades ficticias, con finalidades políticas y sociales ajenas a estos pueblos”.

Así, su libro recurre constantemente a mezclar religiosidad indígena y palabrería cercana a lo ‘new age’ para explicar el ‘verdadero significado’ de las formas y colores elegidos por él mismo para diseñar la wiphala. Tan ajeno resulta esto a la realidad de los indígenas bolivianos que el ya citado Franco Limber, también katarista como Chukiwanka, llega a denunciar en su obra el abuso del ‘esoterismo folclórico’ por parte del nacionalismo indigenista.

Tal como explica el antropólogo peruano Ramón Pajuelo en su obra ‘Reinventando comunidades imaginadas’, “el testimonio de Waskar Chukiwanka acerca del redescubrimiento de la wiphala resulta sumamente esclarecedor. Permite comprender que la actual wiphala usada en Bolivia responde sobre todo al tipo de ‘tradiciones inventadas’ sobre las cuales llaman la atención Eric Hobsbawn y Terence Ranger en un libro clásico sobre el tema”.

Recordemos que Hobsbawn fue un destacado historiador marxista, fallecido hace cuatro años, que sostuvo que muchas ‘tradiciones’ son realmente invenciones de las élites nacionalistas como justificación de la supuesta existencia e importancia de sus naciones (así, se entiende que tenga poco predicamento entre los intelectuales de izquierdas de nuestro país).

La bandera cooficial y excluyente

Años después, Chukiwanka llegó a ser miembro de la mesa de la Cámara de Diputados de Bolivia, formando parte de la mayoría oficialista que respalda a Evo Morales. Y, cuando éste reformó en 2008 la constitución de su país para reconvertirlo en el ‘Estado Plurinacional de Bolivia’, introdujo la wiphala como uno de los nuevos símbolos nacionales, a la misma altura que la bandera tradicional de la república.

Ha habido, claro, críticas a esta adopción constitucional de la wiphala, al no ser un símbolo que pueda ser adoptado por el conjunto del país: de hecho, su intención original era completamente opuesta, pues simbolizaba el rechazo a lo español… pero también resulta ajena a los grupos indígenas no andinos, como los amazónicos guarayos y moxeños, cuya historia y símbolos poco tienen que ver con la de los aymaras, etnia a la que pertenece el presidente Morales y sobre cuyo imaginario excluyente se desea dar forma, paradójicamente, a la nueva “república plurinacional”.

Como diría Íñigo Errejón, para dar forma a una “nueva voluntad colectiva […] necesitamos una nueva cultura, nuevos símbolos, canciones, representaciones e historias”. Ojo, nuevos, que no recuperados. Y de eso se trata, a un lado y a otro del Atlántico.

Fuente: https://medium.com/@mmerino/el-fraude-historico-de-la-bandera-indigena-1e1bee064f3b

wi

4 comentarios

  1. Parece que la última moda de los “progresistas” del enchufe y la corrupción para pillar poder y dólar es sembrar cizaña y dividir a la nación .

    ¡Mucho van a progresar los damnificados!

    Justo castigo por haber picado el anzuelo progresista de la envidia y el resentimiento.

    Y ahora me pregunto:

    “Si el progreso lo trae la industria; y la industria necesita estabilidad económica y social, ¿cómo van a ayudar estas políticas identitarias progresistas del enfrentamiento?”

    ¡ no ayudan!. Nunca. Es imposible. Salvo la ganancia de pescadores en las aguas revueltas que artificialmente han creado.

    Marketing electoral bueno, bonito y barato y absolutamente inmoral y Zapatero.

    Y, ¡agárrate!

    A esta farsa le llaman “democracia”

    ¡A que es la monda lironda!

    Me gusta

  2. En realidad, lo que está pasando en Bolivia, en el resto de Hispanoamérica y en otras partes como España, Francia, Gran Bretaña…es que se está intentando destruir las naciones actuales, que son muy grandes y muy peligrosas, para fabricar otros Estados más pequeños enfrentados entre sí: la técnica Soros.

    Como el elemento diferenciador más importantes es la lengua, una de las maneras más fáciles de despiezar un país es promocionando e imponiendo otras lenguas y dialectos (aquí tenemos el caso del leonés y del asturiano).

    Pero resulta que no existe una lengua maya, azteca, quechua, aymara… Son lenguas y dialectos agrupados en familias lingüísticas pero con tanta diferencia entre ellas como las que puede haber entre las lenguas románicas europeas.

    Es decir, que o se impone una sobre las demás o de inventa una nueva o una mezcla de las dos (euskera batua)

    Además nunca ha habido “nación indígena”, sino que cada tribu era soberana. Si ha habido “imperios” ha sido una etnia esclavizado a las demás .

    El siguiente paso para fabricar la nueva identidad es lo que dice Errejon; sí.

    No existen los Estados plurinacionales: toda nación tiende a ser un solo Estado.

    De aquí sale la razón de ser de una nueva clase política que no importa que sea corrupta o incompetente, sino que “defienda” la nueva nación de los ” demás (en Bolivia contra los de Santa Cruz, los habitantes de ciudad y los que hablan español y otras lenguas y dialectos indígenas)

    Sí; esto es mi más ni menos que marketing político identitario nacido en Estados Unidos (dividir la población en grupos homogéneos -negros, mujeres, homosexuales, musulmanes, inmigrantes por su nación de origen…- y aplicarles la praxis marxista de la revolución: hacerles creer que son explotados. De aquí sale el odio y resentimiento que va a votar a los “progresistas” al poder )

    De aquí lo único que sale, a parte de escaños en el Parlamento y poder para los manipuladores, es un conflicto permanente dentro de esa sociedad.

    Conflicto que no interesa que desaparezca nunca para no perder votos sin esfuerzo.

    Ahora bien, a parte de la inmoralidad manifiesta del método y los objetivos, ni la Democracia ni el Parlamento se han creado para eso:

    La razón de ser de la democracia y del Parlamento es la de votar los impuestos que los ciudadanos han de pagar y fiscalizar que los impuestos votados antes se han gastado para lo que se han votado.

    Es para que el Gobierno no robe ni se alce con el poder contra los ciudadanos (tiranía y corrupción)

    El triste caso de España debería de servir de advertencia a los chilenos, argentinos, mexicanos, bolivarianos, peruanos…, porque les están llevando por el mismo camino.

    ¿Van a vivir mejor?

    Los que van a vivir mejor son los políticos y las logias secretas que les manejan.

    No entiendo las razones reales de marxistas como Errejon, Pablo Iglesias, Monedero y sus amigos, salvo crear odio y resentimiento fomentar conflictos armados entre hermanos y crear miseria.

    Todos queremos vivir mejor. Hasta ahora, lo único que ha funcionado ha sido crear industrias, que la economía funcione y la paz social, como China, Corea, Japón, Vietnam, Indonesia, Maladia, Singapur y la España con Franco…han demostrado.

    El conflicto no es bueno para nadie, excepto para el que siembra la cizaña.

    Por cierto que, cuando casi toda América estaba administrada por virreinatos, estas cosas no pasaban porque había una unidad en la diversidad.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s